ERNESTO NETO EN LA PINACOTECA DE SAN PABLO

Inaugura en la Pinacoteca de São Paulo la exposición Ernesto Neto: Sopro (Ernesto Neto: Soplo). Bajo la curaduría del director y la curadora del museo brasileño, Jochen Volz y Valéria Piccoli, la retrospectiva reúne 60 trabajos de uno de los artistas más destacados de la escena contemporánea latinoamericana. Maestro del espacio y escultor por naturaleza, Ernesto Neto interviene con su obra en la Pina Luz, ubicada en el Jardim da Luz.

ERNESTO NETO EN LA PINACOTECA DE SAN PABLO

La carrera de Ernesto Neto (1964, Río de Janeiro), el prolífico artista brasileño que exhibe en uno de los museos y edificios más emblemáticos de San Pablo, puede ser concebida en dos partes. Una primera etapa que comienza en la de cada del 80, donde Neto se introduce en el mundo del arte cuestionando, más bien dialogando, con los espacios de exposición y los juegos a los que este puede someterse. Desde esta experimentación para habitar los espacios expositivos las obras plantean un espacio de convivencia, pausa y toma de conciencia para con el espectador. Es en este periodo donde aparecen sus célebres esculturas producidas con materiales vulgares y cotidianos como calcetines esferas de corcho blanco y especias, luego transformadas en gigantescas instalaciones que habitan orgánicamente las salas de exposición. Desde estas producciones, Neto aborda la cuestión –aun lo sigue haciendo- del cuerpo en virtud de elemento indisociable con la mente y la espiritualidad.

El segundo momento comienza en el año 2013. Si bien las líneas de trabajo y los ejes temáticos de Neto son los mismos, es su sustento teórico y el que asume una nueva posición. No como algo que muta, sino como un organismo que asume un nuevo cuerpo evolucionado. Desde ese año, el artista brasileño ha estado colaborando con pueblos de la Amazonia. Entre las comunidades, la que más ha influido en su pensamiento es la Huni Kuin o Kaxinawá. La relación que Neto estableció con estos pueblos del estado de Acre, en Brasil, ha reforzado la visión cuasi panteística de sus obras. “La palabra naturaleza, como algo que está fuera de los seres humanos, no existe en esta comunidad. No hay tal separación para ellos”, sostiene el artista. “La convivencia con ellos me ha proporcionado un profundo entendimiento de la espiritualidad, de esta fuerza de continuidad del ‘cuerpo-yo’ y del ‘cuerpo-medioambiente’, y también una base estructural ‘espíritu-filosófica’, además de la comprensión de la cual hay mucho que descubrir como humanidad: ¿quiénes somos? ¿dónde estamos? ¿hacia dónde vamos?”

Podemos decir, entonces, que la cosmovisión de Neto se carga de un esoterismo. En definitiva, de un conocimiento milenario que ha predominado en la geografía latinoamericana antes de la colonización europea. De esta forma, el artista refuerza la idea de la Tierra como un organismo interdependiente a todos los elementos que la habitan.

Ernesto Neto: Sopro abarca gran parte de las producciones del artista a lo largo de estos dos momentos. Incluso, trabajos jamás vistos y nuevos son exhibidos. Entre los más destacadas podemos mencionar Copulônia (1989), una de las obras que lo han posicionado como uno de los artistas más interesantes de la segunda mitad del siglo XX brasileño. “Copulônia marca el momento en el que Neto comienza a pensar que la escultura ya no es más un único volumen, sino un todo compuesto de partes”, recalcó Piccoli, curadora de la muestra.

Dicho todo esto, la exposición que se lleva a cabo en la Pinacoteca de São Paulo es una invitación a habitar y percibir el mundo de una manera más armónica. En los tiempos que corren, donde el pulso de las ciudades impone un muro de cristal entre los seres humanos y la naturaleza, Ernesto Neto nos obsequia un proyecto alternativo para transitar la vida.