ARTE EN EL PANTANO: UNA ESCENA EMERGENTE EN BUENOS AIRES

ARTE EN EL PANTANO: UNA ESCENA EMERGENTE EN BUENOS AIRES

La propuesta cultural del colectivo PANTANOSUMPF y su exhibición Anábasis, en Buenos Aires. Jóvenes artistas rioplatenses, entre el peso del pasado y la resignificación del presente.

Por Tomás Gonzalez Casartelli
ARTE EN EL PANTANO: UNA ESCENA EMERGENTE EN BUENOS AIRES

La exhibición Anábasis empieza con un recipiente vacío. Una jarrita gastada y transparente, esperando ser llenada. ¿Llenada con qué? Ese interrogante abstracto define el sentido de ser de PANTANOSUMPF. ¿Colectivo de artistas? ¿Plataforma emergente? ¿Movimiento cultural? Todo a la vez. La rehuida a encerrarse en una categoría definida es lo que, paradójicamente, define a la gente de Pantano (Sumpf, la misma palabra en alemán).

 

En la Galería Buenos Aires Sur (Bolívar 1268, San Telmo, Buenos Aires) montaron una muestra ecléctica, intrigante, joven, insurgente. Una sublevación contra nada en particular, difusa declaración de principios levantados desde la periferia contra un centro que no quieren ni pueden identificar. El término griego anábasis ilustra una expedición desde las costas hacia el interior de un país, y eso es lo que se proponen. PANTANOSUMPF se presenta como el estado de ánimo de una juventud en busca de nuevos símbolos y formas de relacionamiento, propone la reinvención autodenominada “poscontemporánea” del pantano rioplatense en el que habitan sus integrantes. Pantano es una actitud expresada en el arte, es la búsqueda de una nueva identidad que surge del barro fangoso sobre el que late la globalizada megalópolis de Buenos Aires. Es en esta ciudad, como en toda gran capital, en la que se funden la tradición y la posmodernidad en un crisol incierto, una constelación de identidades poco claras que, en el actual siglo de la atomización, no llegan a formar un mainstream definido, una unívoca cultura pop. PANTANOSUMPF reivindica esa huerfanidad, se propone como una plataforma artística y una oportunidad creativa de corte local, un bastión de la neoporteñidad con raíces rioplatenses que exprima con orgullo y buen ojo lo que aquí está sucediendo, como en cualquier otro lado. Sin titubear, manifiestan: “Se encuentra resquebrajado el imaginario rioplatense. Los símbolos tradicionales han caducado.” En ese ¿vacío?, o sobre ese pantano, es que surge la novedad, la original creatura de los tiempos corrientes y de las personas que hoy dan vida al arte de la región. “Todo lo que se acerca al pantano se adhiere a él. Representa el apelmazamiento y la acumulación.”

 

Anábasis, entonces, se presenta como una muestra multidisciplinaria y abierta, y es uno de los primeros eventos de PANTANOSUMPF. Fue montada por una variedad de artistas sub 30 que exploran distintos temas a través de plataformas y métodos disímiles; sin embargo, logran una coherencia narrativa que el observador logra aprehender, apoyándose en un esquema conceptual claramente establecido y muchas veces con la entusiasta guía de protagonistas como Jantus, quienes han hecho de la galería un hogar durante el mes de la exhibición. Comprometidos con el espíritu de cooperación colectivo que reina hoy día en la escena independiente, los organizadores lanzaron una convocatoria por redes sociales y seleccionaron a artistas junto a los que se completó la muestra (Eva Luna Maissa, Blas Altamira, Kris Suárez Páez, Micaela Comelli, Melanie Barbará, Uevofrito, Florencia Villafañe, Rosita Chicle, Cino, Johanna Ekonen y Fernán Cetrán).

 

Pinturas, videoinstalaciones, objetos, fotografías. Todo convive en armonía, a veces trash, como en la instalación “La Grela” (de Gatkat y Lucía Ortelli) a veces con delicado estilismo, como en los cuadros de Joaquín Longinotti. Por momentos cuidadosamente conceptual, en “Ernesto Romeo” (de Bruno Prin y M en Merfai), otras veces con una claridad cruda y para nada metafórica, como en las pinturas de Jantus que conforman la obra “Mutilaciones” -un conjunto de cuadros en acrílico y esmalte sintético sobre tela, exhibidos con desenfado, algunos desgarrados y rotos, dejando ver los bastidores de la pintura, exponiendo lo que su autor llama la “estructura ósea” de la obra-.

        

La que quizás sea el opus magnum de la exhibición es un cuadro colectivo llamado “Esquema de la masculinidad de pantanosumpf”, una suerte de diagrama conceptual del ideario PANTANOSUMPF. En él, Jantus, Maxi Bagnasco, Gatkat y Lucía Ortelli colaboran para metaforizar la gradual transición desde lo pantanesco y primitivo hacia nuestra era de lo digital, un camino mayormente antitético, de ideales contrapuestos, oscilaciones entre el caos y el orden. En “Esquema de la masculinidad de pantanosumpf” conviven la ironía, con un retrato angelical y casi kitsch de Goyo Degano -el vocalista de la popular banda Bandalos Chinos-, y la oda a la modernidad de las referencias a Ernesto Romeo, el talentosísimo productor musical -referencia internacional en el campo de los sintetizadores- y cofundador del estudio La Siesta del Fauno. Al lado de la obra colectiva hubo, durante dos días, vitrinas exponiendo un asado de achuras en descomposición. La carne colgaba detrás del vidrio, como un guiño irónico a la carnívora cultura rioplatense, pero su exposición debió ser cancelada cuando las tapas salieron expulsadas por los gases, como si hubieran querido acentuar el sarcasmo que a PANTANOSUMPF le gusta insinuar, a medio camino entre lo lúdico y lo rebelde.

 

Lo que mueve a PANTANOSUMPF es llenar esa jarra vacía del principio con el agua turbia del Rio de la Plata. Inundar de sentido un lugar que se acostumbra a mirar hacia fuera, a elogiar el cosmopolitismo ajeno y las escenas artísticas de otros lugares. Buenos Aires es una ciudad que vive de espaldas al rio, y sin embargo tiene la manía de dar vuelta la cabeza constantemente, mirando de reojo lo que sucede en rincones lejanos. Así, la porteñidad siempre nos exigió completar la significación de nuestro tiempo y espacio con elementos de otros tiempos y lugares. Somos esa ciudad magnética que es producto de mezclas y fusiones culturales y esa amalgama es la que se alza como corazón de lo rioplatense, un órgano que forcejea, un enredo constante, contradictorio y caótico, con el esteticismo foráneo. A la vez lo desdeña y lo hace propio. La estética en pretérito convive con un presente vibrante y diverso que quiere tomar forma, encontrar en estos pagos una identidad que existe en el trajín de una urbe vibrante y diversa. El Pantano, entonces, es ese confuso fango en el que se funden el barro macho de lo rioplatense y los delicados pétalos de la posmodernidad, y PANTANOSUMPF es su voz. Un clamor de los jóvenes en pos del rejuvenecimiento, una actitud desprejuiciada y asociativa que se presenta, valga la redundancia, como la encarnación del presente.