Agustina Woodgate: Power-Line. Spinello Projects, Miami

Más allá de la descripción puntual lo que interesa en las obras de Agustina Woodgate (Argentina, 1981) es que son el resultado de un detenido proceso investigativo, tanto como objetos desencadenadores de una poética que “detiene” el incesante mecanismo del complejo sistema socioeconómico del capitalismo tardío y abre intersticios de fuga subjetiva.

Por Adriana Herrera
Agustina Woodgate: Power-Line. Spinello Projects,  Miami

La instalación National Times es un ejemplo perfecto del diseño de mecanismos que interrumpen o alteran el flujo incesante de modos de control sobre nuestras vidas introduciendo la extrañeza necesaria para que percibamos su funcionamiento. Woodgate concibió la obra en Washington, adonde acudió invitada por la  D.C. Commission on the Arts and Humanities con su proyecto de radio nómade, multilingüe, y de formato abierto, Radioee.net., que mantiene siempre un tópico de conversación: la movilidad (y por ende la inmigración) y que itinera de ciudad en ciudad para crear redes de “encuentro, debate, reflexión y crítica de carácter colectivo” con un fin: “descentralizar y desmonopolizar las redes de información”.

Durante 25 horas, el primer domingo de noviembre que tiene ese número de horas y se retrasa la hora en los Estados Unidos transmitieron desde una camioneta una conversación con el mismo número de invitados –entre éstos un astrónomo del Observatorio Naval de Washington- sobre las políticas que regulan el tiempo público. La pieza surgió como resultado de esa conversación nómada, sostenida mientras recorrían en la ciudad los lugares como la Calle 16, donde se localizó el Meridiano Washington que antes de Greenwich servía para marcar las latitudes y el tiempo. Woodgate puntualiza que “el control del tiempo es un control del poder”: el GPS, manejado desde el observatorio naval de esa ciudad, sólo se provee a determinados países. National Times tiene 41 relojes encontrados en una antigua escuela elemental que están configurados de modo que sólo uno –conectado al satélite- controla unidireccionalmente a los demás. Aunque los relojes que se activaron el 5 de septiembre -día del Trabajo en EEUU- deberían estar sincronizados, acaban teniendo diferencias horarias. Woodgate ha alterado los minuteros de tal modo que a medida que andan van borrando la superficie de los números lentamente. Fugándose del mismo tiempo, marcan finalmente un acto poético de liberación.

En otra instalación con relojes de arena fabricados en vidrio soplado Woodgate encerró el aire húmedo de la Florida junto con el valor del salario mínimo por hora en el estado: pulverizó $8.05 en cada reloj. La cantidad es el título de la pieza que dialoga con antecedentes de Duchamp a Meireles y Claire Fontaine y que está sujeta a la impredecible acción del tiempo. 8.05 refleja la volatilidad de esa mínima cantidad de pago, pero también constituye un ejercicio de resistencia, afirmando el valor del tiempo que es arte: la pieza no cuesta el equivalente al pago mínimo por las 10 horas que Woodgate tarda en pulverizar esos ocho billetes. Los $6,000 dólares de su precio validan lo que tarda en pensar e imaginar una pieza como esta, de innegable belleza formal y poder crítico.