Andrés Michelena: Elíptico. Sala Mendoza, Caracas

Elíptico expresa una polifonía particular de significados,  donde cada una de las obras conecta con la otra construyendo un relato específico de preguntas e intuiciones.

Por Gerardo Zavarce
Andrés Michelena: Elíptico. Sala Mendoza, Caracas

La muestra Elíptico que presentael artista Andrés Michelena (1963, Caracas, Venezuela), se lleva a cabo en la ciudad de Caracas, en los espacios de la Sala Mendoza, desde el 24 de enero hasta el 02 de abril de 2016. Esta exhibición, bajo la curaduría de Rafael Castillo Zapata, propone una mirada particular sobre la producción sensible del trabajo de A. Michelena, perspectiva que se orienta en la confluencia de un diálogo entre el lenguaje formal y la urgencia de un contexto caracterizado por la crisis política, cultural, económica y social propia de la historia reciente de la sociedad venezolana.

Elíptico está integrada por once trabajos desplegados en sala que tejen una polifonía particular de significados, articulados mediante una museografía donde cada una de las obras conecta con la otra construyendo un relato específico de preguntas e intuiciones sensibles que describen, a través de la experiencia del espectador, las contingencias individuales y colectivas propias de la intemperie y el desarraigo, la deriva existencial sometida a las fuerzas antagónicas de lo contingente.

Andrés Michelena mediante Elíptico inscribe su trabajo en el marco de una metafórica vuelta a la patria ejercicio propio de la tradición del arte venezolano forjado históricamente más allá de sus fronteras, pero permanentemente enraizado en lo local como preocupación e inefable destino épico y trágico, simultáneamente. No obstante, lo que opera en las circunstancias actuales, no es la duda por el retorno, sino la interrogante que se abre espacio ante la imposibilidad del mismo: una permanente vuelta a la patria como deriva agónica, sin un punto fijo de llegada. Se trata de una poética de la imposibilidad construida en un devenir elíptico, dialéctico, de encuentros y desencuentros.

Desde esta perspectiva se hace lejano el regreso a un contexto cuyo paisaje se concibe desintegrado, vaciado de sentido e inexistente. De allí, que la manera de articular una nueva noción del paisaje nación que alberga a la sociedad venezolana, dentro y fuera de los límites de su territorio, sea a través de la emergencia de frágiles formas para entender la república y sus abismos, entenderla desde lo espacial como lugar y desde el cuerpo como experiencia, nada más allá, son las voces de la diáspora. Se trata de una comunidad imaginada como metáfora efímera, que se funda en lo instalativo, lo conceptual, lo inestable, también en lo frágil y lo precario.