El TIEMPO QUE NOS QUEDA: MUESTRA DE HERNÁN SORIANO EN LANZALLAMAS

El TIEMPO QUE NOS QUEDA: MUESTRA DE HERNÁN SORIANO EN LANZALLAMAS

Con la curaduría de Fiorella Di Biase, la muestra El Tiempo que nos queda, de Hernán Soriano, se lleva acabo en la galería Lanzallamas. Santiago López reflexiona en torno a la exposición.

Por Santiago López
El TIEMPO QUE NOS QUEDA: MUESTRA DE HERNÁN SORIANO EN LANZALLAMAS

Falible, perfecto: notas sobre El tiempo que nos queda 

Una manera en la que puede caracterizarse el espacio de la galería de arte es a través de la figura del híbrido; un espacio que presenta y visibiliza como ningún otro la relación simbiótica y necesaria entre arte y mercado, y dónde, bajo un ojo desatento, el primero puede caer presa del segundo. Esto para decir, a modo de introducción, que Lanzallamas no es uno de estos casos, ya que es claro en las exhibiciones albergadas en ella que existe una búsqueda clara por tensionar las relaciones entre las obras y el lugar que habitan.

 

Entra entonces El tiempo que nos queda, muestra que combina la obra del artista Hernán Soriano con la curaduría de Fiorella Di Biase, conformando un nuevo tipo de híbrido que genera no solamente una nueva relación entre la obra y el espacio, sino que reconfigura una a medida del otro, y viceversa, constituyendo lo que puede describirse como un sistema propio, en constante ejecución. En una amalgama entre espacio de exhibición y taller de trabajo, se plantea un recorrido en el cual ambos coexisten con una naturalidad a la vez orgánica y calculada. Estas características que definen la mise en scène de la exhibición replican y refuerzan los temas y motivos trabajados por el artista, ya que replicar el espacio del taller permite una ventana hacia su proceso de trabajo que el espectador puede tomar en consideración al apreciar las obras.

Soriano, en el trabajo realizado para esta muestra, aprovecha en su totalidad la presencia de este taller-galería. y no sólo se lo puede encontrar regularmente allí, sino que aún en su ausencia es posible entrar en contacto directo no sólo con sus materiales de trabajo, sino también de los objetos, lecturas -en definitiva los discursos, en un sentido amplio de la palabra, que informan e inspiran su producción-. Haciendo eco de la idea Warburgiana del atlas, se exhiben en vitrinas y estantes herramientas, juguetes, libros, papeles, telas, todos elementos que dan cuenta de un universo personal en toda su particularidad y amplitud. La materialidad de estos objetos permite, a su vez, alcanzar una comprensión más completa acerca del resultado, es decir, las obras en sí, que se encuentran también entre ellos. Es gracias a la presencia de estos elementos que el camino desde la concepción de la obra a su finalización puede apreciarse en su totalidad, y es en este recorrido que el trabajo de Soriano brilla; capa sobre capa de sentido, creadas a gracias a la curaduría de Di Biase, permiten una lectura de múltiple entrada de sus creaciones.

 

   

En este sentido, las obras propiamente dichas extienden las líneas conceptuales que los objetos cotidianos sugieren; esta noción de una naturalidad a la vez orgánica y calculada ya mencionada se evidencia a través del uso de patterns -los cuales son dibujados, pintados, cortados, copiados a mano por el artista-, que representan tanto su relación con aquellos patrones similares que podemos encontrar en la naturaleza, o los objetos industriales que forman parte del universo conceptual de Soriano, como el proceso de trabajo, meticuloso y detallista, que requieren.

Esto quizá podría dar la idea, errónea por cierto, de una intención de ejercer alguna especie de control sobre lo producido. Sin embargo, lejos de evitarlo, el error forma parte de los patterns de Soriano; una línea de otro color, una mancha, una sombra ligeramente fuera de lugar. Es en este carácter falible que presenta el trabajo que se encuentra a su vez la mejor defensa de su perfección; el gesto humano del artista, separado de cualquier gesto industrial o puramente natural, constituye su valor en cuanto único e irrepetible.

 

Así, pensar este proceso es quizás la mejor manera de acercarnos a la noción de tiempo, y específicamente el tiempo en cuanto elemento finito. El arduo y complejo trabajo que Soriano realiza requiere de un compromiso temporal particularmente exigente, el cual al ser visibilizado -tanto en su taller como en las activaciones performáticas en las que el público puede acompañarlo en la generación de acciones específicas-, le otorga una cualidad casi palpable a la noción de tiempo, a contramano de la percepción frenética que proponen la ciudad y la rutina diaria. Y al volverse palpable, el tiempo que nos queda solo puede ser el ahora.

 

 

INFORMACIÓN GENERAL

 

El tiempo que nos queda, de Hernán Soriano, con curaduría de Fiorella Di Biase.

*Activación de Tejido. Jueves 28/11 19hs Artista invitado: Iván Cáceres

*Cierre: Viernes 29/11 19hs Visita con la curadora y el artista

Hasta el 29/11 en Lanzallamas.

De jueves a viernes de 15 a 20hs

Sábados de 15 a 19hs

Carlos Calvo 673, Ciudad de Buenos Aires.