La vanguardia brasileña de la década de 1960

Roger Wright Collection. Pinacoteca de São Paulo Brasil

Esta colección nos permite a los visitantes ponderar los desplazamientos culturales que se produjeron en el país entre la inauguración de Brasilia.

Por José Augusto Ribeiro
Antonio Dias, No meu jardín [En mi jardín], 1967. Acrílico, espuma, laminado de melanina sobre aglomerado, lona, parafina, plástico y tejido. 44,7 x 99,8 x 200 cm. Colección Roger Wright, en comodato con la Pinacoteca do Estado de São Paulo. Foto: Isabella Matheus.

La formación de la colección de arte del emprendedor Roger Wright (Londres, 1952 – Sanão Pablo, 2009) se convirtió en un punto de referencia para el medio cultural brasileño, debido, en gran medida, al carácter sistemático de sus adquisiciones y a la calidad de las obras de arte que reunió a lo largo de casi veinte años, en un proceso que comenzó en 1990. Es una de las colecciones más importantes de arte producido en Brasil durante las décadas de 1960 y 1970, y abarca piezas modernas impactantes e instalaciones. Se trata, en total, de más de 300 obras de arte, de las cuales 140 están bajo custodia de la Pinacoteca desde marzo de 2015, en un préstamo a diez años.

En estos días, el museo inaugura nuevas salas de exhibición que llevan su nombre: La Galería Roger Wright. Esta colección nos permite a los visitantes ponderar los desplazamientos culturales que se produjeron en el país entre la inauguración de Brasilia, cuyo master plan se convirtió en un punto de referencia del proyecto constructivo brasileño en 1960, y el transcurso de la dictadura militar, entre 1964 y 1985. La exhibición reúne cincuenta obras de este período, en su mayoría pertenecientes a la Colección Roger Wright, intercaladas, aquí y allá, con obras que forman parte de la colección de la Pinacoteca.

El movimiento cultural brasileño se intensificó a partir de 1960 con el surgimiento de movimientos que manifestaron su inconformidad con las autoridades y el statu quo como una forma de resistencia contra el carácter represivo del régimen político y la distensión de las categorías artísticas, tanto en el teatro, como en el cine, la música o la literatura. En el ámbito de las artes visuales, se debatía la noción de vanguardia. La posición crítica del arte concreto y neoconcreto (1952-1961) con relación a la pintura y la escultura había abierto el camino a una mayor variedad de medios, materiales y procedimientos, que habrá de caracterizar las siguientes producciones.

En lo sucesivo, distintas expresiones de anti-arte y cuestionamientos de la institución del arte, el circuito artístico y los mecanismos de legitimación de las obras de arte no tardarían en generalizarse. En general, las obras reflejaban las distinciones entre lo popular y la alta cultura, entre el “buen” y el “mal” gusto. Tomaban elementos prestados de su entorno inmediato, reproducían o transfiguraban escenas cotidianas (de la calle, de momentos íntimos), como así también imágenes que circulaban en periódicos, revistas, en la televisión, en anuncios publicitarios y en revistas de historietas. Desde entonces y hasta nuestros días, suele hacerse referencia a estas producciones bajo la denominación genérica “pop brasileño”.

En aquel momento, tanto los artistas como los críticos de arte brasileños rechazaron esa denominación, como así también la definición del nouveau réalisme francés. Las obras realizadas en Brasil, país que en ese momento atravesaba un fuerte proceso de industrialización y expansión urbana, guardaban clara relación con las innovaciones de la cultura de masas, en buena medida con la intención de infiltrarse, de una manera rebelde e irreverente, en los sistemas de comunicación y en el comercio. En eso, se distinguía de la acumulación, reiteración y vaciamiento de símbolos de la sociedad de consumo que caracteriza al pop art estadounidense, por ejemplo.

En los últimos años, muchos de los artistas y obras presentes en esta exhibición fueron incluidos en exhibiciones internacionales que procuraban evaluar la resonancia del pop art fuera del eje Europeo-Norteamericano, en las décadas de 1960 y 1970. Por ende, al hablar de un pop brasileño el espectador debe tener en cuenta las circunstancias que agitaban el debate en el medio artístico brasileño cincuenta años atrás: la participación del espectador en la obra de arte, el estatus social de la cultura dentro del país, la posibilidad de intervención pública en un estado de emergencia, la posición de Brasil en la escena del arte internacional y la viabilidad de establecer una vanguardia estética en una situación de subdesarrollo característica del Tercer Mundo.