Miguel Rothschild: Cuarenta días y cuarenta noches. Ruth Benzacar

Por Laura Casanovas
Miguel Rothschild in his exhibition /Miguel Rothschild en su exhibición

Cuarenta días y cuarenta noches es el título de la exposición del artista argentino Miguel Rothschild (nació en Buenos Aires en 1963 y desde hace 25 años vive en Berlín) en la galería porteña Ruth Benzacar. El título remite al tiempo que, según la Biblia, duró el diluvio. En el centro de la muestra, la instalación El Diluvio consiste en una gran fotografía de un mar gris y revoltoso suspendida a 1,20 cm del suelo y sostenida por decenas de tanzas sujetas desde el techo, que simulan el agua cayendo. Castigo, pero también promesa de una alianza para los tiempos futuros como simboliza en el relato del Génesis el arco iris, el cual aparece en la obra Arcoiris o la ascensión del arte concreto, con coloridos hilos -que surgen de 370 carreteles- los cuales se elevan hasta el techo de la galería. En tanto, la obra Monochrome bleu de Rothschild es una cita a Yves Klein y juega con la variabilidad climática y cromática puesto que su color cambia –rosa, celeste o violeta- como esos souvenirs que varían según el estado del tiempo. Estos y otros trabajos con imágenes de mares componen un sector de la exposición. Por otro lado, encontramos la serie de fotografías Atrapasueños con imágenes de la villa 20 de la ciudad de Buenos Aires sobre cada una de las cuales hay un vidrio con rajaduras, que siguen y se superponen a las líneas del cableado que van de una casa a la otra. “La primera parte de la exposición nos sitúa en la ciudad en donde la fatalidad está próxima a desatarse”, expresa María Cecilia Barbetta en el texto curatorial. En esta parte aparece también el mito de las Parcas como en la fotografía Parcas sobre Buenos Aires las cuales, según Rothschild, deciden con sus hebras el destino de la ciudad y sus habitantes. Es la línea en sus múltiples formas –hilos, rajaduras, cables- el elemento formal que recorre la exposición. El artista propone, así, un conjunto que constituye una experiencia artística que oscila entre la realidad y la mitología, lo sagrado y lo profano, la tragedia y el humor, la riqueza y la pobreza, la seguridad y la violencia, el arte y la religión. Opuestos que suelen caracterizar sus propuestas y cuya resolución deja en suspenso o -también podemos pensar- en manos del espectador.  “Lo que me gusta es estar en el medio, a lo más simple y cotidiano darle una connotación divina como así también sacarle el peso a lo sagrado y convertirlo en profano“, señala Rothschild. La primera imagen al adentrarnos en esta muestra es la de un gran diamante en el piso con múltiples rajaduras. Preludio y posible síntesis de una exposición que condensa desde su aparente simpleza de imágenes temas complejos y muy humanos.