SONIA FALCONE, CAMPOS DE VIDA

Sonia Falcone: Campos de vida (exposición que se llevó a cabo durante 2017) fue, por su duración y dimensiones, la más importante exhibición de esta artista nacida en Bolivia en 1965, que obtuvo reconocimiento internacional con la instalación multisensorial Campo de color/Color Field adquirida por el Nevada Museum of Art. Con esta obra heredera del posminimalismo que despliega una cartografía del mundo con cientos de especias, sales y minerales que hablan de los colores, aromas, sabores y saberes de los Andes hasta Siberia o el Himalaya, Falcone participó en la Bienal de Montevideo, 2011, en la Bienal de Venecia 55 y en exhibiciones realizadas en ciudades diversas incluyendo el antiguo palacio de la realeza de Lisboa, donde inundó la lujosa Sala dos Archeiros, con olores de cocinas y confines de la tierra.

Por ADD, Miami (Florida).
Sonia Falcone, "Royal Love", 2017.

Sin duda, el contexto histórico de esta antigua residencia real acrecentó ese poder intrínseco de la obra de Sonia Falcone de crear diálogos entre culturas y fusionar tiempos diversos. Campos de vida renovó la visión del pasado que yace en las fuentes arqueológicas precolombinas desde un encuentro único con la historia lusitana, y a través de diversas estrategias artísticas trajo hasta el presente la vasta memoria de la relación de Latinoamérica con el paisaje, sus prácticas populares, el eco de las lenguas ancestrales y la riqueza de las artesanías de Bolivia y del continente entero.

Curada por el Colectivo Curatorial Aluna (Adriana Herrera y Willy Castellanos), la enorme intervención se desplegó como un movimiento de contra-conquista, una toma de posesión estética que alteró temporalmente la narrativa de la arquitectura y los objetos en muchas de las salas del palacio que albergó a la monarquía en Portugal hasta 1910. El modo en que transformó la experiencia y los recorridos de los visitantes se observaba desde la entrada donde una obra de arte relacional ―Passions of Life― construida con millares de globos inflados y reventados por niños de Cabo de San Lucas, México, se elevaba hacia el cielo raso del primer reciento casi culminando en la corona de uno de los triunfantes escudos de armas. En las ventanas, donde usualmente los visitantes observan el horizonte y la naturaleza de Lisboa, se instalaron fotografías iluminadas de paisajes míticos bolivianos como el Lago Titicaca, origen de la humanidad para las culturas preincaicas, o como los Nenúfares amazónicos que asombraron a Europa. Según los curadores, Falcone desafía “los estereotipos del exotismo de la naturaleza latinoamericana y la empodera con plena fuerza. La estrategia del montaje funde su esplendor y sus significados culturales con la naturaleza y la historia portuguesa”. Royal Love, con exóticas inflorescencias selváticas bolivianas recubiertas de hojilla de oro y convertidas en lujosas esculturas, incorporó la naturaleza americana a los salones palaciegos.

         

         

Al transportar e insertar en el Palacio las imágenes de espacios, prácticas y objetos bolivianos, todos rastros que Falcone captó en una larga travesía investigativa al país profundo —re- colectando materiales como el sonido inmemorial de la lengua aymara (Voces doradas, 2014)— crea un nuevo “topus”: un lugar superpuesto donde conviven diversos tiempos y culturas. En la Sala de Música instaló junto a instrumentos palaciegos otros de origen indígena como la quena, intervenidos con óleos, y una versión reducida del proyecto colectivo en el que ella participó en la Bienal de Venecia: Voces indígenas, curado por Alfons Hug. Este tipo de estrategia que altera visiones y narrativas socio-culturales se apreció en múltiples espacios: en la Habitación Verde, por ejemplo, junto al retrato de la Reina María Pía de Saboya, y del Rey don Luis I y sus hijos, Falcone instaló una caja luz de doble faz mostrando desde atrás y de frente a un grupo de aymaras vestidos con sus trajes ceremoniales. El resultado no sólo es un acercamiento entre dos culturas sino una reversión de las miradas hegemónicas de Falcone. Para esta versión, instaló 64 “gotas de sangre” evocando los años que vivió la Reina. En otra habitación las iniciales de los reyes se formaron en el suelo con bolas de lana de alpaca.

El Ministro de Cultura de Portugal, Luís Filipe de Castro Mendes, destacó tanto el singular diálogo logrado entre piezas y la propia historia de cada habitación como el conjunto de la obra. La intervención incluyó enormes vitrales iluminados y extendidos en el suelo con motivos naturales como el mar –ausente— de Bolivia y convertido así en una invocación histórica; imágenes de arquitecturas y pinturas arqueológicas de la prehistoria americana fusionadas con las obras de arte del palacio; y un numeroso grupo de artesanías intervenidas, como los “alebrijes” mexicanos insertados en las habitaciones. En conjunto, la obra de Sonia Falcone desborda las fronteras entre arte y artesanía, entre la cocina y el museo, y traspasa la escisión entre la naturaleza y la cultura tendiendo puentes entre lo ancestral y lo contemporáneo, entre lo local y lo universal, y sosteniendo, sobre todo, una forma de universalidad que “no es ingenua”. Como sostiene Castellanos, la artista “propone de muy diversas formas diálogos no hegemónicos entre culturas y pasajes de acercamiento a la naturaleza como la casa de todos…”.