JAILDO MARINHO: ME.TAMOR.FIS.MO
Cuando se franquea la puerta de entrada a la exposición, es imposible sospechar el dialogo visual que se establece entre el conjunto de obras, aparentemente inconexas entre sí, y la arquitectura histórica del museo. Bajo el título de Metamorfismo el Museo Estatal de Pernambuco alberga una de las mayores exposiciones del artista pernambucano, residente en Francia desde hace 32 años, Jaildo Marinho (Santa Maria da Boa Vista,1970). Se presentan frente al espectador 25 piezas cuyos materiales muestran una diversificación de sustancias como el mármol y granito, jabón, queratina, madera, cuero y cuernos de buey; esculturas y una instalación, obras representativas que plantean una síntesis de su lenguaje plástico. Un trabajo íntimamente ligado a sus orígenes, a su pasado, que nos sumerge en su compleja narrativa artística, poblada de sueños, memoria, historia e infancia.
En su adquirida calidad de escultor, Jaildo Marinho está investigando constantemente con escultura monumental y obras site specific en las que demuestra una especial sintonía con la arquitectura. Así pues, de la oposición entre el acto del artista —que busca trazos precisos— y la materia resistente, nace la obra, fruto del esfuerzo constructivo, pero también de la emoción. Metamorfismo materializa la añoranza de su infancia, donde hay un homenaje implícito a su familia —su madre y abuela— y a la cultura popular de su pernambuco natal: Santa Maria da Boa Vista. “Regresar a Recife con una exposición individual es muy especial para mí. Es como cerrar un ciclo y, al mismo tiempo, abrir nuevos caminos. Esta exposición es una celebración de mis raíces y mi trayectoria artística. Salí de Recife para conocer el mundo a los 22 años. Ahora, regreso y quiero mostrar mi tierra, el trabajo artesanal de mis orígenes” —explica el artista—.
Una obra de Marinho es en primer lugar un espacio de trabajo, donde deja aflorar en cada serie el film de una construcción abierta. Son objetos de diálogo que se entrelazan sin sacrificar ninguno, que expresan un deseo muy profundo de un frente a frente con el espectador, su pasado y presente en donde complejidad y multiplicidad de fuentes iconográficas participan en la obra. El artista se adueña de los recuerdos de su infancia, de la vida cotidiana, en el cual realidad y ficción se frecuentan libremente. La ropa lavada se convierte en tendederos colgados en granito y agujas gigantes en madera de pequí —un árbol común en la región de Cariri, en Ceará, en la frontera con Pernambuco— fluyen en el espacio creando una expresión táctil y extraordinariamente evocadora. El pequí es una fruta con un sabor peculiar, muy apreciada en esa región, pero también muy temida por sus espinas entrelazadas, al igual que las agujas de Jaildo. “Me cautiva admirar las agujas; son la escultura más perfecta, creada hace más de 60 mil años por el hombre”, nos dice el artista. En el peculiar metamorfismo al que Marinho somete los materiales, sus creaciones permiten interpretaciones infinitas, son espacios en los que participamos sensorialmente y emocionalmente, adentrándonos poco a poco en la remembranza del artista.
Metamorfismo constituye un acontecimiento de lo afectivo, lo perceptivo y reflexivo, es una extensión de la visión del artista que aquí llega a la síntesis de su propia experiencia creadora, nos enfrentamos a una exposición íntima, anclada en el tiempo a través de las formas y significados que la memoria recupera y las manos del artista reconstruyen; un juego en tensión y distensión de sus recuerdos del sertão. Marinho regresa a su infancia instalando una valla de mármol, madera y jabón que reviven a su abuela, quien elaboraba jabón casero con sebo de cordero y res, proporcionando el sustento para el hogar o los cueros y cuernos que evocan el ganado, fuente de alimento e ingresos en el sertão. Son fragmentos de historia recopilados y re interpretados por la mirada del artista, que se presentan como una expedición irreal que incitan a la meditación.
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Jaildo Marinho. Ebano Aberto, 2025. Mármol, ébano, acrílico y madera
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Jaildo Marinho. Sem titulo, 2025. Mármol, ébano, acrílico y madera
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Jaildo Marinho. Sem titulo 2025. Cuarzo, terracota y acrílico
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Jaildo Marinho. Sem titulo, 2025. Granito y acrílico
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Jaildo Marinho. Sem titulo, 2025. Granito y acrílico
Para Marinho, la obra de arte no es un objeto terminado. Su obra combina forma y construcción, materialidad y lirismo; donde la geometría es un mecanismo que le permite reflexionar, desde un acercamiento pictórico, sobre el color y pureza del mármol. Busca que la obra se explique por sí misma, que el resultado plástico de forma, color y luz sea el único que establezca comunicación con el visitante; y lo logra a través de un lirismo impropio de la dureza y la frialdad del material. Comprometido y disciplinado, es un artista dedicado a una búsqueda personal constante, intima e intensa, capaz de crear una obra con intereses y procedimientos distintivos que tiene en el mármol su materia primordial. Explora la estructura íntima de ese bloque y, como un niño, empieza a manipularla, a descomponerla; imagen poética que se explica cuando de pequeño en Santa Maria da Boa Vista mismo antes de aprender las primeras letras realizaba ya objetos en madera y yeso.
En Metamorfismo, continúa con su búsqueda auténtica y contrariamente a la creencia de Winckelmann, para quien la perfección de la estatuaria griega clásica residía en la ausencia de color, Jaildo Marinho no rechaza la brillantez cromática. Su obra aporta una nueva visión, un nuevo enfoque del color, y para ello funda su trabajo en la relación: color-espacio; color que se manifiesta como un rico adjetivo donde saltan a la vista sus rojos y amarillos intensos que le dan un toque personal. Simple variación cromática, pero meditada, que establece un ritmo en la superficie o volumen de su obra, sin obstruir la materia en toda su complejidad.
Si el espacio puede restaurar el tiempo, y para sellar tantos recuerdos, su ascendencia también se plasma en la exposición con la cerámica, representando el arte de los indígenas Coripó; culminando su narrativa con una instalación, hecha con postes de madera que exalta las cercas secas e inciertas de la región, una metáfora visual de las fronteras físicas y simbólicas de la vida en el sertão.
La intervención de Jaildo Marinho en los espacios del museo establecen un puente entre lo clásico y lo contemporáneo, entre el pasado y presente, creando un recorrido visual único. El poderoso contenido expuesto a un solo golpe de vista y la presencia, a la vez, de lo remoto y lo actual, nos lleva a la mudez ante sus obras y resulta embarazoso no cargarlas de interpretaciones. ¿No es mejor el respetuoso silencio al que invitan esas obras, para que las acompañemos y las internalicemos como se hace con el arte con mayúscula? Sus “estados de relación” nos vuelcan hacia adentro, nos hacen pensar. Nos revelan que hay algo más que lo visible y lo perecedero.
*Imagen de portada: Jaildo Marinho. Sin título, 2025. Granito y acrílico.

