Karina Peisajovich

Alejandra Von Hartzn Miami

La muestra reciente de Karina Peisajovich, titulada “The eyes, sometimes”, nos revela, a modo de quien entra en el proceso íntimo de creación, los tres escenarios posibles: el estudio, el encuentro con la naturaleza, y la experiencia misma como un espacio de reflexión.

Por Amalia Caputo
Karina Peisajovich

La primera sala de la galería muestra en dos paredes confrontadas, dos series radicalmente diferentes que sin embargo, se complementan de una extraña manera. La primera, Color Theory Series, 2011, presenta 15 dibujos geométricos, estudios meticulosos de alguien muy interesado en la historia de las diferentes teorías del color a través de la historia del arte − como las de Runge, Goethe, Newton, Ostwald y Hering, entre otros − que a través de la geometría de las formas que utiliza, rememora los círculos cromáticos y demás esquemas de estudio, en una suerte de juego lúdico entre teoría y práctica. En la serie Every Time I See a Rainbow, 2011, la artista toma en cambio, instantáneas de los arco iris encontrados fortuitamente en la calle, en una aproximación más poética que sin duda complementa en el espectador lo que en realidad podría ser la verdadera vivencia del color a partir de la poesía del hallazgo en la naturaleza, y lo invita a aprender la lección completa: la experiencia del color no puede sino vivirse.
En la siguiente sala hallamos la instalación RGB/CMY, 2011, donde los espectadores son invitados a hacer una pausa obligatoria, sentarse y contemplar la verdadera magia del color y la percepción: dos gamas de colores conviven sobre una pared, una pintada y otra proyectada con seis discos giratorios de colores con luz, RGB (siglas para rojo, verde y azul en inglés) − colores aditivos − y los colores sustractivos CMY (siglas para cian, magenta y amarillo). El resultado es una pieza siempre cambiante, una pintura hecha con luz y color cuyos tonos nunca son iguales; la obra se crea y se recrea a sí misma infinitamente, al modo del agua de un río que al mojar es siempre diferente, pero el río sigue siendo el mismo; es una evocación de la vida como cambio continuo.