Hugo Lugo en el Centro de las Artes de Monterrey

Texto del catálogo de la exposición "Al borde del precipicio"

Por Ana Elena Maillet

Hugo Lugo presenta su primera exhibición individual en un espacio museústico. La superficie del precipicio, en el Centro de las Artes de Monterrey, reúne obras de los últimos años de este artista capaz de extraviar los límites entre la pintura y el dibujo, entre el boceto y el original, entre la representación y la realidad.

Hugo Lugo, Hombre Desaparesido/Disappeared Man

De niño, a Hugo Lugo le atraía siempre la idea de viajar. Quizá es por eso que ha cambiado tanto sus lugares de residencia: nació en Los Mochis, Sinaloa, pero estudió en Montemorelos, Nuevo León, para finalmente establecerse en Tijuana. Quizá sean esos extremos y vaivenes, lo que termina por reflejarse, deliberadamente o no, en su producción artística.

La memoria de la infancia parece ser importante en los procesos de este artista; rememora constantemente los recuerdos para que uno identifique cómo éstos se sitúan en su obra. Trata de asirlos en sus pinturas, delinearlos en sus dibujos y capturarlos en sus fotografías, y sin embargo, al terminar la obra, la imagen resultante poco tiene que ver con el recuerdo o la realidad. La representación de lo vivido genera una nueva situación, independiente, auténtica, única. En su obra Lugologra engrandecer la pequeña experiencia. De la anécdota a la representación.
II.
A Hugo Lugo le interesa experimentar el oficio del pintor, invertir tiempo en realizar una pieza; el grado de dificultad engrandece la obra, por eso se inclina por pintar aún al Óleo, lo toma como una suerte de homenaje a la tradición pictórica, la que busca si no reinventar, si al menos releer desde el presente. En sus piezas hay reminiscencias de los géneros pictóricos tradicionales como el paisaje y la naturaleza muerta. Hugo Lugo los revisa y los trabaja agregando el ingrediente lúdico. En sus obras, las escenas no son lo que parecen a simple vista, al mirarlas con detenimiento se descubren no sin desconcierto, situaciones absurdas. Pareciera que lo que el artista quiere transmitir son experiencias lúdicas con tintes catastrofistas, que sin embargo, al miraras no causan angustia alguna sino más bien extrañeza. En sus obras más tempranas, el artista buscaba continuamente representar la figura humana, estaba sí el paisaje, pero el hombre, casi siempre en masculino, era protagonista indudable. Estático, reflexivo y curioso. No podían distinguirse sus facciones, era un observador de la naturaleza, una referencia para que el espectador se sintiera identificado. Sin embargo en sus piezas más recientes, Lugo ha comenzado a dejar de lado -aunque siempre regresa a ella- la representación de la figura humana y únicamente la evoca.
III.
La superficie del precipicio es la primera exposición individual de Hugo Lugo en un espacio museístico. Si bien la producción aquí reunida data mayormente de los años 2009 y 2010, hay un buen número de piezas que hacen alusión a sus trabajos anteriores y que develan claramente la línea de trabajo y las narrativas que el artista ha procurado en los últimos años.

El artista se ha empeñado en mostrar sus procesos, tanto los formales como los teóricos. Por eso coloca lo que pudiera parecer un boceto en papel, al lado del óleo que pudiera parecer emanado del boceto. Sin embargo, al observar con detenimiento, cada una de estas piezas se revelan independientes; el manejo del lenguaje pictórico en el boceto termina por ser completamente distinto al del óleo, queda claro entonces cómo evoluciona y cómo el artista entiende cada uno de sus procesos y sus soportes, manejando cada uno con total autonomía.

En la obra de Lugo las fotografías son una derivación de lo pictórico, no son registros o ilustraciones, sino una extensión de los procesos de su pintura, una manera distinta de manejar –y representar- la imagen.
El proceso creativo de este artista se concentra en la observación de momentos fugaces que se convierten en escenas a representar. La obra surge de la experiencia cotidiana que pudiera parecer intrascendente y hasta falaz, y sin embargo, al plasmarla en la tela permanece. El artista buscar engrandecer una pequeña experiencia, inmortalizar el pequeño gesto en la tela, volviéndolo así, relevante.