Amadeo Azar & Jorge Miño: Los restos del Triunfo. Fundación Klemm, Buenos Aires

La exhibición de Azar y Miño no es un comentario literal sobre “los restos del triunfo”, su musicalidad la abre a otros horizontes.

Por Victoria Verlichak
Azar / Miño.  Pieza #03 (detail / detalle), 2015.

Las acuarelas de Amadeo Azar (Argentina, 1972) y las fotos digitales de Jorge Miño (Argentina, 1973) confluyen en el uso del lenguaje geométrico en Los Restos del Triunfo (Dos por Tres), una muestra desplegada en Fundación Jorge F. Klemm. En 2010, la curadora Valeria González ya los puso lado a lado en una exhibición en ocasión del Bicentenario de la Argentina. Ambos artistas, que suelen trabajar el concepto de serie, sin saberlo hace años coincidieron también en su interés por las máquinas. Entonces, Azar pintó enigmáticos aparatos y perspectivas inventadas mientras Miño fotografió mecanismos y dispositivos de trabajo.

Ahora los une la confluencia e inclinación por subrayar aspectos de la abstracción. La referencia del dos por tres no se relaciona con la inmediatez ni con la frecuencia de las imágenes. Viene a cuento de la refinada obra de estos dos artistas, en una muestra con tres pasos. Una senda la constituye la obra individual de cada uno como los 72 plegados en papel de Azar (pieza #1) y la fotografía en gran formato de Miño (pieza #2). En otro paso se presenta la obra intervenida de uno sobre otro (pieza #4, 9 partes). Tras meses de fructíferos encuentros semanales, tomaron otro camino y crearon un políptico conjunto de piezas intercaladas, donde 25 acuarelas de Azar conversan con 25 fotos de Miño (pieza #3, 50 partes).

“Trabajamos con unos parámetros impuestos por nosotros mismos, a fin de ser rigurosos con la cuestión del concepto; de ahí salió la idea de trabajar con los tres colores, rojo, blanco y negro. Los colores intermedios -los grises y rosados- que se presentaron fueron parte de la posibilidad que también manejamos; es que por cuestiones técnicas, en especial las acuarelas nunca alcanzarían la intensidad de los colores que yo le di a mis fotografías”, apunta Miño.

Es previsible que el visitante rápidamente asocie formas y colores con el constructivismo, el movimiento artístico y arquitectónico surgido en 1914 en Rusia, seguramente puesto en marcha por creadores cansados de los excesos de todo tipo (incluso visuales) que cometían los zares. Luego del impulso de los primeros años de la revolución de Octubre (1917), las vanguardias geométricas fueron empujadas fuera de cuadro por la preferencia oficial soviética hacia el “realismo socialista”, la propaganda. Pero la muestra de Azar y Miño no es un comentario literal sobre “los restos del triunfo”, su musicalidad la abre a otros horizontes.

Los ritmos de los ascensos y descensos, recortados y repetidos, que se perciben en las fotos de Miño tienen su contrapartida en las armonías de las pequeñas acuarelas sobre papel plegado de Azar. Es cierto que frente al maravilloso políptico de ambos artistas es posible encontrar conexiones con otros artistas (Roberto Aizenberg, por caso) y reflexionar sobre la historia del arte en general. Pero, quizá, mejor sea mirar los tonos, escuchar las melodías de las formas y los colores, sumergirse en las profundidades de las líneas y sus vericuetos, descansar la mente y dejar suelta a la imaginación.