Diego Bianchi: Shutdown. Barro Galería. Buenos Aires

En su nueva exhibición, Diego Bianchi eleva la basura al plano de lo definible como arte.

Por Elena Tavelli
Shutdown, Exhibition view. Barro Gallery

1934, Hannover, Alemania. Los aliados bombardean la ciudad y entre personas y edificios, cae Merzbau, obra de Kurt Schwitters y primer ejemplo del arte de desperdicio. Indefinible como collage, escultura o arquitectura, la columna de desechos que nació en un rincón de la casa-taller del artista, de a poco se fue apoderando del cuarto entero. Para Schwitters, “La catedral de la miseria erótica” (como también se la apodó) era un monumento a lo que había sido y ya no era. Un caos ordenado que reconocía el paso del tiempo y redimía estéticamente el desgaste natural de las cosas. Un rito que pretendía nunca acabar.

2016, Buenos Aires, Argentina. Se escuchan sirenas. Una luz azul corta el aliento con vuelos rapaces intermitentes. Dos faroles traseros y varios caños de escape. Autopartes. Una única escapatoria: un muro de chapa. Es arrastrarse y pasar por debajo o pagar una coima y esquivarlo. Del otro lado se prende el reflector. Alarmas. Se encienden televisores. Se escuchan, no se ven. Hay fruta pasada y colillas de cigarrillo. Objetos en posiciones inestables, suciedad y desorden. Vanitas contemporaneus, una visión actual acerca de la inutilidad de los placeres mundanos y los objetos terrenales frente a la certeza de la decadencia y la muerte.
En los márgenes de la ciudad, a pocas cuadras del tercer río más contaminado del mundo y en Barro, galería cuya tipografía espesa chorrea, Diego Bianchi (Buenos Aires, 1969) eleva la basura al plano de lo definible como arte. A continuación de su larga lista de exhibiciones con títulos apocalípticos, que incluyen términos informáticos y críticas a la sociedad del presente como “Estado de Spam”, “La isla de los links” o “La crisis es estética”, el artista ahora agrega “Shutdown”.
Hay quienes piensan, que como Schwitters, Bianchi cree en el poder del arte para transformar el estado de las cosas y promover un cambio social a partir de estrategias como la transgresión de los valores estéticos tradicionales. Que tanto “Shutdown”, como “La catedral de la miseria erótica”, tienen la capacidad de purificar la basura y el alma.
Pero todos ellos parecen haber olvidado “Wikipedia, Supermercado de recursos, ideas y materiales para el arte contemporáneo” (Diego Bianchi, Premio Petrobrás 2007). Una parodia de las metodologías utilizadas con mayor frecuencia por el arte contemporáneo, bautizadas por el artista como “asquerosismo”, “utilitarismo poético”, “paisajismo trash” o “existencialismo básico”.
Si “La catedral de la miseria erótica” era el purgatorio donde se redimían los objetos y las almas del pasado, “Shutdown” es el infierno en el que arde la literalidad que el arte contemporáneo heredó de la vanguardia. Y si Schwitters decía “Si el mundo es una mierda, hagamos de la mierda un mundo”, Bianchi seguramente ande por ahí pensando que si el mundo del arte contemporáneo es una mierda, lo mejor sea darle más mierda.