Donna Huanca: Scar Cymbals. Zabludowicz Collection Londres

Scar Cymbals es el mundo de Huanca desarrollado a través de un fluido diálogo entre el entorno y la arquitectura, la escultura y la performance.

Por Álvaro de Benito Fernández
Donna Huanca: Scar Cymbals. Zabludowicz Collection Londres

La sede británica de la Zabludowicz Collection es un entorno fascinante: una capilla metodista del siglo XIX que combina espacios abiertos y diáfanos con distintos niveles estructurales y se adecúa a la perfección para cualquier acción que requiera de movimientos o combinación de elementos arquitectónicos o instalaciones. Por todo esto, que este antiguo templo acoja Scar Cymbals, la primera exposición en el Reino Unido de Donna Huanca (Chicago, EE.UU., 1980), no es tan solo un acierto, sino que es también la dimensión necesaria para que pueda desplegarse la sincronización y el diálogo estético y discursivo propuesto por la joven artista de origen boliviano.

En la propuesta de Donna Huanca convergen tres líneas que son inherentes a su historia y en la que el conflicto entre ellas, si es que hubiera como tal, ha generado una marca propia, relevante, rupturista. Si hablásemos de derecho, lo haríamos de ius soli y ius sanguini, dos áreas de influencia bien diferenciadas con las que Huanca ha convivido siempre. Esta aparece marcada por los grandes contrastes que ofrecían su vida cotidiana en Chicago y las escapadas familiares a la Bolivia natal de sus padres, donde entró en contacto con diversos folclores, como los celebrados alrededor de la Virgen de Urkupiña. El impacto de lo radicalmente distinto alimentó cierta fantasía e irrealidad que se recoge en su producción artística. Además, a estas dos líneas habría que sumar su formación en Alemania, clave para entender el uso de ciertas líneas expresivas y cromáticas.

Scar Cymbals es todo eso. Es el mundo de Huanca desarrollado a través de un fluido diálogo entre el entorno y la arquitectura, la escultura y la performance. La fuerza del gesto, del cuerpo humano, de la identidad y de cómo nos relacionamos son los ejes conductores de esa conversación canalizada a través de distintos performers desnudos, recubiertos de pintura y maquillaje –la piel como instrumento sensorial-, que interactúan con las estructuras dispuestas en la sala principal. Éstas pueden ser de carácter arquitectónico, como Melanocytes/Etheric Template, la composición que preside el frontal –transparente tornándose en opaca tras cada performance gracias a las marcas cromáticas del cuerpo- o instalaciones que, como la espiral de arena de Sensory Neuron/Celestial Layer, con su morfología, marcan los rituales de los actores.

 

Un pasillo conduce, casi por inercia, al espacio en el que se el sonido se convierte en coprotagonista. Sensorial, poderoso, el conjunto resultante de su envolvente presencia con la de la acción del cuerpo es otra reafirmación de la identidad de su obra. La artista propone un entorno en el que el espectador sigue sometido a impactos constantes, bien por la naturaleza del sonido empleado en un contexto cercano a la fantasía, bien por los colores y formas resultantes del empleo de los materiales que se desvelan como fuente de las pigmentaciones empleadas sobre los performers. La presencia de estas instalaciones esculturales, su doble idiosincrasia -como proceso y resultado- y la importancia que cobra en ellas el arte sonoro –con el que Huanca viene trabajando desde hace años- cierra un viaje del que no se puede escapar tan fácilmente. Es un recorrido sin descanso para los sentidos, cercano a lo quimérico, y que, sin embargo, es tan real como los cuerpos y las superficies que lo componen y tan verdadero como lo son las distintas realidades de Donna Huanca.