ENERG(ÉTICA)

Rodeado por grandes avenidas, en medio de un insoportable tráfico, de ruido ensordecedor, y aire difícil de respirar, se encuentra el Monumento a los Héroes. Una torre de piedra rectangular inaugurada en 1963 en homenaje a la memoria de los soldados que participaron en la independencia de los países bolivarianos. Es, sin duda, uno de los puntos de referencia más característicos de la capital colombiana. Sin embargo, durante unos 50 años, solo un puñado de valientes rebeldes en patines y patinetas habitó esta tierra de nadie custodiada por la estatua ecuestre de Simón Bolívar. El primer gran acierto de la exposición Energ(ética), curada por José Roca (director artístico, FLORA ars+natura) e Isaac Dyner (decano de Ciencias Naturales e Ingenierías, Universidad Jorge Tadeo Lozano). es que por pocas semanas revitaliza de manera radical este inhóspito lugar con una exhibición que cuestiona los usos de los recursos naturales en un sistema económico de consumo acelerado.

Por Nicolás Bonilla Maldonado (Bogotá, Colombia)
ENERG(ÉTICA)

Cerca de 30 artistas participan: Adrián Balseca, Alberto Baraya, Andreas Siekmann, Camilo Bojacá, Carolina Caycedo, Clemencia Echeverri, Eduardo Navarro, Elisa Balmaceda y Cristian Espinoza, Ernesto Benavides, Fernanda Viégas & Martin Wattenberg, Joaquín Fargas, Julián Henao, Harold Fisk, Lina Mazenett y David Quiroga, Marcela Magno, María Elvira Escallón, Mauro Vallejo, Michelle-Marie Letelier, Miler Lagos, Nicholas Mangan, Nomeda y Gediminas Urbonas, Olafur Eliasson, Pilar Santamaría, Rodrigo Toro, Santiago Leal, Sebastián Restrepo, Tangrama & Altiplano, Tania Candiani, Tomás Munita, Tomás Saraceno. Desprevenidos transeúntes y curiosos visitantes recorren con asombro las desconocidas entrañas de este edificio-monumento, situado en uno de los lugares más contaminados de Bogotá.

Los curadores desmenuzan una cuantiosa información asociada a la exposición y los recursos energéticos que se utilizaron en su producción

El interior de Los Héroes es sorprendentemente espacioso, oscuro pero agradable, está lleno de recovecos, escaleras que suben y bajan. Desde que el ojo se empieza a acostumbrar al cambio de luz, aparecen por todas partes obras de arte con diferentes formatos: videos, algunas fotografías, instalaciones sonoras y extrañas máquinas. La exposición funciona como una gran experiencia sensorial. La misteriosa oscuridad y las paredes en ruinas del edificio, se complementan muy bien con los ruidos que emergen de algunas de las obras y las luces de las pantallas y piezas lumínicas. Recorrer el espacio es toda una aventura. El primer objeto que se ve al entrar es un gran impreso de tinta negra sobre una superficie sintética blanca. Es una especie de cartel, difícil de entender al principio, pero que poco a poco se va revelando, donde los curadores desmenuzan una cuantiosa información asociada a la exposición y los recursos que se utilizaron en su producción.

El arte tiene mucho que decir y proponer sobre la situación actual del planeta y Energ(ética) le da voz a los artistas. ¡No esperemos a los héroes, la tarea es de todos!

Toda una declaración de intenciones que da cuenta del espíritu honesto de la muestra al cuestionar de forma directa su propio sentido con algunos datos sorprendentes como el estimado de la huella de carbono de Energ(ética) que alcanza un total de 132,931.04 KgCo2. Esta infografía también detalla los recursos empleados en el envío de correos electrónicos y otra documentación, el gasto energético de trasportar materiales y obras, desplazamiento de los trabajadores, gasto de las pantallas y dispositivos electrónicos de la exhibición, papel empleado en la producción, etc. Es uno de los “textos curatoriales” más interesantes y menos retóricos que he visto en años.

           

         

Las obras incluidas son de variada naturaleza, hablan de manera directa e indirecta de cuestiones centrales a la problemática ambiental actual. Se acercan a la materia analizando las implicaciones políticas y sociales de la utilización de los recursos, las formas de producción en un sistema capitalista de consumo, las relaciones entre grandes empresas de explotación y gobiernos, la noción de sostenibilidad, y el uso legal e ilegal de la energía fósil y la minería. Todo ello se desarrolla sin una intención moralista o ambientalmente “evangelizadora”. Es una reunión de perspectivas críticas que generan preguntas y potencian soluciones, más allá de ser simples quejas o fallidas militancias. El quehacer de muchos artistas contemporáneos no es ajeno a las preocupaciones que documentalistas, científicos, políticos y economistas llevan publicando hace ya décadas. El arte tiene mucho que decir y proponer sobre la situación actual del planeta y Energ(ética) le da voz a los artistas. ¡No esperemos a los héroes, la tarea es de todos!