Rogelio Polesello: Advertencia óptica

Galería MCMC Buenos Aires

La muestra está dedicada a sus obras históricas y exhibe piezas de acrílico y pinturas clave en la trayectoria del artista.

Por Victoria Verlichak
Rogelio Polesello: Advertencia óptica

Galería MCMC, María Calcaterra-Moderno & Contemporáneo, presenta Advertencia óptica del multipremiado Rogelio Polesello (Buenos Aires, 1939-2014). Tras la exhibición antológica “Polesello joven 1958-1974” en MALBA (2015), esta es una nueva ocasión para tomar contacto con sus investigaciones alrededor del arte óptico y diversas formas de la abstracción, con su pericia en relación con (entonces) nuevos materiales (acrílicos, pintura en aerosol) y con su apelación a lo lúdico. Y aún cuando perteneció a una generación que floreció en los turbulentos años sesenta, Polesello -que tuvo su primera individual en 1959 en Buenos Aires- se mantuvo lejos de la política: sostuvo su elección por las distintas formas de la abstracción. Pero su vínculo con el Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella, dirigido por Jorge Romero Brest, posibilitó tempranamente su salida al mundo. Para contrarrestar la influencia cultural de la Revolución Cubana irradiada a toda América latina, en esa década se generaron varias muestras de arte latinoamericano desde los Estados Unidos; Polesello fue uno de los artistas que participó en reiteradas exhibiciones en Washington, Nueva York, y otros estados. Caracas, Puerto Rico, México D.F., Bogotá, forman parte de su temprano itinerario. Precisamente, la notable crítica y escritora argentina Marta Traba se movía por Bogotá (donde vivía aún a mediados de la década del sesenta) en un auto con las puertas con imágenes diseñadas por Polesello. El artista, como muchos de sus colegas, trabajaba en agencias de publicidad donde sobresalió por su adscripción al nuevo diseño.

La muestra en MCMC está dedicada a sus obras históricas (años sesenta y principios de los setenta); exhibe piezas de acrílico y pinturas clave en la trayectoria del artista. Las esculturas con óvalos cóncavos y convexos en acrílico tallado, mayormente transparente, se traducen en un efecto óptico que refleja y altera la percepción de lo que las rodea. Según la luminosidad (la galería tiene muy buena luz natural), las resplandecientes piezas varían, se ven diáfanas, destellan tonos del arco iris, rebotan espléndidos reflejos. Incluso asoman formas distorsionadas y así las piezas son participativas; los movimientos del observador integran la obra en continua transformación. Trampas para el ojo también en dos de las tres pinturas exhibidas; Marte, óleo de 1961, es una rareza por su bajo tono azulado y sus persistentes e irregulares puntitos. En las otras dos realizadas con pintura sintética, Sin título de 1968 y 1969, afloran los acentos de color y juegos visuales por los que es tan reconocido.