REVIEWS - TINA MODOTTI AND EDWARD WESTON: THE MEXICO YEARS
Throckmorton Fine Arts, New York
Por
Villasmil, Alejandra

Tina Modotti y Edward Weston contribuyeron, cada uno en su estilo, con la estética que marcaría la historia de la fotografía en México a principios del siglo XX. Ambos artistas mantuvieron una prolífica colaboración durante los años mexicanos, o desde 1923 -en los comienzos de un período de rica creatividad artística conocido como el renacimiento mexicano- hasta 1926, cuando Weston decide regresar a Estados Unidos. Modotti extiende su estancia en México hasta 1930, cuando se ve forzada al exilio y parte a Europa. Testimonio de su intensa cooperación son una serie de retratos, naturalezas muertas, paisajes y vistas arquitectónicas concebidas para romper con el pasado y que, en el proceso, sirvieron de documento visual de la transición de México a la modernidad. Escenas sociales, actividades del proletariado y los movimientos de masas inspiraron a Modotti, mientras que Weston, cuya aproximación a la fotografía era más bien formal, se enfocó en buscar y descubrir abstracciones en los áridos paisajes mexicanos, en el mundo orgánico y natural y en los objetos mundanos. Modotti plasmó su sensibilidad y conciencia social a través de una fotografía documental y realista, aunque no por ello menos estética o preocupada por los aspectos formales que la de Weston. La muestra presentó ejemplos valiosos de sus aparentemente dísimiles, sin embargo complementarias, aproximaciones. Además de las imágenes socialmente cargadas de Modotti y las formalmente acabadas de su mentor y compañero, hay algunas fotografías que vienen a representar una suerte de diálogo entre ambos artistas: una imagen de Modotti en la que el sucesivo cruce de los cableados de telégrafos crea una armónica composición de líneas, casi parecida a un dibujo, y la imagen de un pimiento que, por el encuadre e iluminación proporcionados por Weston, evoca un órgano disecado o una escultura de piedra. En una naturaleza muerta, titulada Mujer triunfante o la Victoria de la Virtud sobre el Vicio, Weston plasma su sentido del humor e ironía al retratar a un hombrecito de madera literalmente tumbado ante los pies de quien es, acaso, su mujer. |