Simón Vega: Cuando los mundos se encuentran

¿Qué se siente ser un artista salvadoreño embarcado en una carrera internacional, con una práctica artística arraigada en nociones y experiencias ligadas a la tierra natal?

septiembre 12, 2013
Simón Vega: Cuando los mundos se encuentran

Simón Vega dirá que lidiar con esta dicotomía en su obra artística no ha sido el trabajo de un día. De hecho, durante los últimos años Vega ha estado estudiando, viajando, recolectando materiales de desecho, construyendo y descartando, sólo para repetir todo esto en lugares nuevos y a menudo en el extranjero – creando más recientemente su propia versión de un satélite espacial titulada Third World Sputnik (Sputnik del Tercer Mundo), construida con objetos encontrados para ser presentada en la edición del presente año de la Bienal de Venecia. Tal es la naturaleza de crear obras caseras efímeras. Sin embargo, Vega probablemente también dirá que es esta dualidad de vivir entre experiencias de la ‘tierra natal’ y dentro de la economía del arte contemporáneo del ‘Primer Mundo’ lo que le proporciona el combustible temático para crear obras que hagan surgir preguntas acerca de la disparidad en nuestro mundo y propongan, al mismo tiempo, un espacio donde la dualidad pueda coexistir en forma no jerárquica.

Aunque las instalaciones escultóricas de Simón Vega son inconfundibles, a menudo reconocibles como ensamblajes de materiales encontrados que casi siempre comprenden una estructura de madera o cartón con trozos de material de descarte tales como una vieja reposera que funciona como asiento del piloto, tapas de botellas como partes del panel de control, o un viejo trozo de alambre como cable de cámara, su práctica creativa nace de una aproximación ecléctica a los medios. A lo largo de la última década, la obra de Vega ha abarcado proyectos de investigación e instalaciones murales en vinilo, así como instalaciones para sitios específicos de variadas formas y tamaños, y más recientemente intervenciones escultóricas y dibujos. En 2002, Vega comenzó un proyecto de investigación de un año de duración, estudiando y fotografiando las decoraciones en autobuses urbanos de las ciudades de San Salvador y La Libertad. El resultado del proyecto, “Transurbana 2002-2005” , fueron fotografías, dibujos, pinturas, carteles luminosos, asientos de autobús e instalaciones de pared y de ventana creadas en colaboración con especialistas en calcomanías y mobiliario que trabajaron en los mencionados autobuses. A continuación, Vega comenzó Panopticams, una serie de falsas cámaras de vigilancia fabricadas con cartón, botellas y alambre. Instaladas en un principio exclusivamente como cámaras, Vega pronto desarrolló la serie, creando las instalaciones Panopticam compuestas por torres de iluminación que hacen referencia al diseño de Panopticon – una cárcel diseñada por Jeremy Bentham en el siglo XVIII que presenta una ilusoria torre central rodeada por un círculo de celdas expuestas que dan a los prisioneros la impresión de estar bajo vigilancia permanente. A pesar de ser enteramente inoperantes, las Panopticams de Vega son impostoras que asumen la autoridad del que vigila y de esta manera hacen que la implacable mirada de las falsas cámaras sea al mismo tiempo absurda y profundamente perturbadora.

Vega fusiona estereotipos del mundo en vías de desarrollo y su arquitectura casera – villas de emergencia y estructuras prefabricadas – con referencias a tecnologías de avanzada y aspiraciones futuristas ligadas al mundo ‘desarrollado’. Es esta temática de unir dos mundos aparentemente dispares la que se repite consistentemente en la obra de Simón Vega. Third World Rover Explorers, 2010 (Exploradores Rover del Tercer Mundo), una instalación creada específicamente para la exposición “Coca-colonized”, presentada en el BrotKunsthalle de Viena, combinaba los diseños robóticos de genuinos Rovers marcianos pertenecientes a la NASA con los diseños ad hoc de los carros de vendedores construidos para atravesar las calles de El Salvador vendiendo mercancías. Estos vehículos aparentemente dispares son ambos esencialmente exploradores de sus respectivos territorios. Como tales, los Third World Rover Explorers de Vega combinan el diseño de la navegación práctica con el del descubrimiento espacial para convertirse en su propia y singular maquinaria.

El contraste entre los diseños requeridos para la exploración espacial y los requerimientos de diseño fundamentales para la vida diaria no podían ser más diferentes; sin embargo, en la obra de Simón Vega parecen estar extrañamente cómodos unos con otros. Tropical Mercury, 2011, exhibida en el Museo MARTE de San Salvador, es una recreación a escala de la cápsula del Proyecto Mercury para vuelos balísticos, la primera cápsula del programa espacial estadounidense creada para poner a un ser humano en órbita alrededor de la Tierra. Irónicamente, el Programa Espacial Ruso tenía el mismo objetivo, y puso a Yuri Gagarin en órbita antes de que Estados Unidos tuviera éxito, haciendo que la cápsula del Proyecto Balístico Mercury fuese obsoleta. Parodiando el absurdo de esta ‘carrera espacial’, Tropical Mercury es una interpretación ‘tercermundista’ estática de la cápsula para vuelos balísticos construida, en este caso, con madera, hierro corrugado, cañerías descartadas, botellas, una silla playera, un televisor, un equipo de música de alta fidelidad y otros desechos coloridos con los que se arma un interior afelpado de materiales de descarte. Estos materiales, asociados comúnmente con la construcción, transforman la cápsula en un hogar ad-hoc que ya no se centra en orbitar la Tierra sino simplemente en vivir en ella. A pesar de ser una máquina que recuerda los artilugios de Heath Robinson, sugiere sin embargo la nostálgica posibilidad de que algún día podría volar, y de que su función es tan valiosa como la de la cápsula espacial para vuelos balísticos.

Podría argumentarse que Simón Vega simplemente unifica a aquellos enfocados en esfuerzos “progresistas” e impulsados por el capitalismo y a aquellos enfocados en la subsistencia, confrontando de esta forma la disparidad entre ricos y pobres, pero esto es demasiado simplista. En lugar de ello, Simón Vega ha establecido una ‘estética del fundamentalismo’, que deliberadamente no parece carente de voz y voto sino que está impregnada con el poder de vigilancia y descubrimiento asociado con los emprendimientos típicos del ‘Primer Mundo’. El resultado es una obra artística que atraviesa zonas de tiempo, aparece reconocible pero se encuentra, de hecho, alejada de la realidad y tiene como propósito hacer colapsar las fronteras entre lo que constituye el mundo ‘desarrollado’ y el mundo ‘en desarrollo’ al sugerir un espacio para el progreso práctico en un gesto de solidaridad utópica. Esto no implica sugerir que Vega nos ofrezca un punto medio idealizado, o descartar la grave crítica social y política que contiene su obra, pero sí sugiere que Vega está creando un espacio para vivir que, a riesgo de sonar sentimental, podría ser simplemente lo mejor de sus dos mundos.

Si esto es así, entonces Simón Vega se estrelló con su obra en el Pabellón Latinoamericano, ILLA, asegurándose un espacio en la 55ª Bienal de Venecia que se lleva a cabo este año, con la creación de una instalación, Third World Sputnik, 2013. ( Sputnik del Tercer Mundo). Third World Sputnik es una estructura provisoria que recrea el satélite espacial ruso Sputnik, Korabl-Sputnik 5, en una arquitectura de barrio pobre. Su rudimentaria carcasa de madera contrasta con el fulgor futurista de su superficie fabricada con latas de gaseosas que crean tensión. Esta tensión podría aludir a la relación históricamente tenue de El Salvador con Rusia. Muchos piensan que El Salvador se convirtió en un elemento de negociación entre Rusia, que apoyaba a las guerrillas de ese país durante su guerra civil, y Estados Unidos, que había proporcionado apoyo a los militares. Es por lo tanto acertado decir que el Sputnik del Tercer Mundo se ha estrellado, dejando tras de sí una estela de escombros. El Korabl-Sputnik 5 fue utilizado en el último vuelo de prueba anterior al primer vuelo tripulado que protagonizó Yuri Gagarin, lanzando al espacio un maniquí y un perro. La versión del Sputnik de Vega emana luz y el sonido de un mercado, sugiriendo que la realidad de la vida cotidiana forma parte de sus viajes. De este modo, Sputnik del Tercer Mundo es una referencia a la tecnología espacial de punta al tiempo que es encantadoramente inútil, sugiriendo en cambio que viaja de un mercado en El Salvador para estrellarse en un exótico escenario en el piso del ILLA.

La obra de Simón Vega es, en cierto modo, un reflejo de la dualidad de lo que significa ser simultáneamente un ciudadano de El Salvador y un artista del mundo del arte internacional. Más significativamente, es la creación de un tercer espacio – como una amalgama única de estos dos mundos imbuidos de ideologías sociales y culturales de larga data, así como de ideologías relacionadas con la esperanza y la libertad que ofrecen las ambiciones de los viajes espaciales – que el artista nos pide que reagrupemos y renegociemos para conformar una solución más ponderada, práctica y vivible.

Perfil

Simón Vega nació en San Salvador, El Salvador en 1972. Su niñez y su adolescencia coincidieron con los trece años de Guerra Civil en El Salvador, que finalizaron en 1992. En 1994 Vega se trasladó a México para cursar estudios en la Universidad de Veracruz, graduándose en Bellas Artes. Recibió entonces una beca de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) que le permitió estudiar en la Universidad Complutense de Madrid, donde se graduó con una Maestría en Arte Contemporáneo en 2006. Al tiempo que estudiaba, Vega expuso su obra en España, Portugal y EUA, y participó en la Bienal de La Habana, Cuba, en 2006. Luego de graduarse, Vega regresó a El Salvador, exhibiendo su obra en forma local y expandiendo su alcance a Latinoamérica, Europa y Estados Unidos. La obra de Vega fue presentada en Zona Maco, Ciudad de México en 2007, en el Bronx River Art Center, Nueva York en 2009, en Hilger BROTKunsthalle, Viena, en 2011, en la Bienal de El Museo Del Barrio, Nueva York, en 2012 y más recientemente en la 55ª Bienal de Venecia 2013. Actualmente Simón Vega vive y trabaja en La Libertad, El Salvador.

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