ROLANDO ROJAS

Pinturas al Rojo Vivo

agosto 05, 2008
Por Emerich, Luis Carlos
ROLANDO ROJAS

Una herencia como la del arte oaxaqueño del siglo XX, tan determinada por Rufino Tamayo y tan diversificada por Rodolfo Nieto y Francisco Toledo dentro de un gran contingente de sensibilidades artí­stica afines, sólo puede concientizarla hoy un nuevo pintor si ante su colosal influjo no empeña el vigor de una propuesta personal auto identificatoria. Y en tal proceso se encuentra la obra de Rolando Rojas.
Rojas interpreta literalmente algunas de las metáforas recurrentes en la pintura oaxaqueña, es decir, conforma con tierra verdadera lo que fue simulación de texturas terrosas, asume la superficie pictórica como un plano matérico, prescinde de toda ilusión de profundidad que no sea puramente cromática, despoja la imagen de implicaciones simbólicas para resaltar su cotidianidad y su inmediatez, sintetiza la figura humana como un módulo repetitivo, de identidad tan mutable como lo requieran sus sinuosas funciones y deja que el fuerte colorido (donde predominan el azul añil, los sienas y los rojos quemados tan imposibles de rechazar como la propia idiosincrasia) proyecte aní­micamente su intención lúdica, que celebra la vida rural como una suerte de carnaval interminable.
Aunque eludidos en cuanto a sus capacidades reflexivas, penetran aún la obra de Rojas los poderes de un imaginario oaxaqueño que adora o añora los valores de la vida primigenia, temiendo que la civilización termine con todo vestigio de la naturaleza. De allí­ que, a pesar de ser músicos, o en su caso, melómanos, sus peces, sus toros, sus tótem, sus bueyes, sus sirenas y sus fantasmas insistan en referirnos a un pasado mí­tico desde un presente todaví­a significado por la leyenda regional, por el relato coloquial y por la fábula familiar que por siglos han atribuido a animales, vegetales y minerales, no sólo comportamientos humanos, sino capacidades extraordinarias para gobernar al mundo, sin dejar de lado sus influencias sobre los fenómenos naturales, al grado de convertir la domesticidad en una graciosa y constante negociación con ellos, siempre en espera de su intervención prodigiosa.
Bajo el sol o bajo la luna, o mejor dicho, bajando el sol y la luna a la tierra, como nuestros semejantes que pudieran ser, en un ambiente siempre festivo en que las diarias labores devienen asimismo gozosas y se comparte la vida de igual a igual con animales domésticos muy susceptibles a la estilización formal (por cierto, de reminiscencia cubista), Rojas imagina el mundo como una banda de alientos en la que ocasionalmente interviene algún contrabajo. De ahí­ que todas sus figuraciones serpeen, como poseí­das por ritmos ascendentes. Mientras las casas, las carretas y los árboles parecen generados por la música, el uso del color busca sus equivalencias, desde la graduación tonal por planos, como en Gritos de niños, al solo sostenido mediante una gama monocroma, como en su trí­ptico La gran banda y su dí­ptico El animal y el planeta.
Si la rusticidad es un paraí­so en que un toro no sólo es capaz de tocar la trompeta, sino de configurar su imagen a semejanza de las ví­rgulas que emite, entonces la pintura de Rolando Rojas está proponiendo un ideal bucólico, una poética pastoril cuya aparente ingenuidad no logra encubrir sus componentes eróticos, puesto que el ritmo es su motivación principal.

Nace en Tehuantepec, Oaxaca, México en 1970. Ha realizado diferentes exposiciones entre ellas en el Centro Cultural Borges de la ciudad de Buenos Aires, Argentina; Oaxaca arte joven en la Galerí­a Tonalli, México, DF.; Cuatro Pintores Oaxaqueños, Galerí­a Óscar Román, México, DF; Oaxaca un resguardo pictórico, Instituto Cervantes, Milán, Italia; Oaxaca/ Seattle Seattle Art Museum, EUA; entre sus individuales se destacan El enigma y los espejos en Galerí­a Arte de Oaxaca; Galerí­a Matignon 32, Parí­s, Francia; Galerí­a Vértice de Guadalajara, Galerí­a Louis Aronow, San Francisco, California, EUA; Museo de las Américas, San Juan de Puerto Rico, Silva Gallery, Atlanta, EUA; Museo de Fátima, Monterrey, México; Art Miami 2004. Desde 1996 trabaja y exhibe anualmente en la Galerí­a Alberto Misrachi en México, D.F. Vive actualmente en la Ciudad de Oaxaca.

 

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