CAOS Y ORDEN MANIFIESTO
Alba Triana en Aluna Art Foundation en Miami
La más reciente exposición de Alba Triana The Music of Things [La música de las cosas] en Aluna Art Foundation, en Miami, es, como gran parte de su trabajo, una exploración de lo que Duchamp buscó a través de lo infra-mince/infra-delgado/infra-thin. Seducido por las experimentaciones sonoras de los futuristas, Duchamp entendió el sonido como parte del azar y de la vibración de la materia, algo que habita en lo infra-delgado: donde las cosas pasan de una dimensión a otra, se mueven y hacen sentido. Se conecta lo que antes no parecía conectado. Emerge en su grandeza lo pequeño, el microcosmos del universo. Este es el mismo principio que Alba desarrolla y lleva a dimensiones sensoriales sorprendentes. Para ella, lo infra-delgado se traduce en campos electromagnéticos, interacción entre ondas, luces, danza, movimiento, vibración y música. Su trabajo no apunta hacia la retina, sino hacia al cuerpo, hacia todos los sentidos. A través de la creación y composición de interacciones microscópicas, esta artista revela y magnifica la presencia de lo imperceptible.
Al entrar a la primera sala de la exposición, instaladas en la pared, una serie de bobinas reciben un voltaje intermitente que atrae a péndulos que danzan aleatoriamente. Oscilan entre ellas, entre una u otra según la distancia y la fuerza de los campos magnéticos que los atraen. Como si del tiempo entre una y otra nota se tratara, Alba ha programado esos impulsos eléctricos que llevan el péndulo a la bobina, dejando espacio para esa liberación “controlada” por la gravedad, donde el movimiento es azar, caos y orden manifiesto. La pieza es una versión de Diálogo con el mar primordial (2024-presente), dentro de la serie Campos delirantes, en la que la artista comenzó a trabajar en 2019. En esta, dos bobinas y un péndulo conforman la unidad básica de la composición visual que da pie a la creación de múltiples soluciones formales, por ejemplo: un “trío,” un “septeto,” o un “noneto.” Aquí no se trata de solo de música o danza, no hay dualidades posibles. Todo es interconexión. Son las artes del tiempo, lo que naturalmente discurre, lo que Alba constriñe dentro de un espacio.
La música de las cosas (2022), la pieza que da título a esta exposición, curada por Adriana Herrera, es precisamente eso. Es el resultado de querer captar algo que fluye, imperceptiblemente, como las ondas mecánicas y electromagnéticas. Esta serie fotográfica documenta momentos de su obra inmersiva Movimiento armónico (2021-2025). Aquí, en una habitación oscura, a un platillo de batería le es suministrado una energía y una luz láser que hacen visible y audible su vibración. Ningún humano es el instrumentista, la obra es un sistema que se autogenera por la transformación de la energía. Al sonido le acompañan formas de ondas que se convierten en círculos, elipses, líneas que se comprimen, viajan, flotan, solas y en paralelo. De esto intenta dar cuenta la instalación La música de las cosas. Son doce estáticas de figuras rojas sobre fondo negro, impresas sobre aluminio cepillado que reproducen la naturaleza de las ondas, un ejercicio, que en palabras de Herrera, refleja el ejercicio poético de Alba, su esfuerzo constante por volver a situar, hacer visible, el asombroso tejido que interconecta a la materia.
Otras obras presentes en la exposición en Aluna como las diferentes versiones/colores de Frase luminosa/roja, Frase luminosa/azul, (2019) u Órbita/amarilla, Órbita/verde (2021) se acercan a la pintura de manera evanescente. Siguiendo el mismo principio de “colorear” mediante recursos tecnológicos, las ondas se hacen visibles. Muestran la cualidad más elástica, más espectral del color, en el umbral de los tonos, donde otras posibilidades se anuncian. Junto al resto de las piezas, incluido el Ballet entrópico (2024), en el que 24 agujas danzan suspendidas sobre la superficie de un campo electromagnético o Materia vital No.I (2022), donde la vibración–movimiento–sonido-canto de un platillo aparece hiperbolizado en su sombra apuntando hacia lo performático de las cosas, estas crean el ambiente senso-perceptivo de la galería. Se trata de un espacio tomado por la óptica, la escucha, el movimiento, las ondas, una especie de realidad aumentada que abre el conocimiento científico a la experiencia y la aestesis, que renuncia a la posesión y el control del experimento en favor del deslumbramiento, la fascinación por lo vital que mueve lo más pequeño: las partículas de lo infra-delgado que interesaban a Duchamp, que luego John Cage investigó, al igual que Alba, a través de la vibración y el sonido. Lo interesante es que esta búsqueda para muchas artistas mujeres había quedado reducida a lo simbólico, lo ritual y lo esotérico. Dominar y crear con maestría, valiéndose de recursos, saberes y dispositivos de la alta tecnología fue, hasta hace muy poco, cosa de hombres artistas. Las mujeres, cuyos trabajos apuntaban, por ejemplo, hacia la conexión entre una estrella y una partícula, eran consideradas espiritas. Muchas de ellas se valieron para hacerlo de la poesía o el rito. Sin embargo, Alba en La música de las cosas lo hace a través de la ciencia, las artes aplicadas y lo que ha sido considerado racional desde una perspectiva cartesiana, demostrando así que a veces ver o sentir lo que no se nombra no es tan irracional, ni tan del espíritu. Es parte de otra armonía, donde no queda sino el arte para mostrar lo sentido.

