EL NUEVO ESPACIO DE LA FUNDACIÓN CARTIER Y LOS 40 AÑOS DE SU COLECCIÓN

| diciembre 19, 2025

Por Patricia Avena Navarro

La Fundación Cartier se instala en la Place du Palais-Royal de París para escribir un nuevo capítulo de su historia en el corazón de la capital e inaugura su nuevo espacio exponiendo los "must have" de cuarenta años de colección.

EL NUEVO ESPACIO DE LA FUNDACIÓN CARTIER Y LOS 40 AÑOS DE SU COLECCIÓN

Al mudarse al corazón de París, la Fundación Cartier de Arte Contemporáneo se expande considerablemente y se adentra en una arquitectura hipercreativa diseñada por el arquitecto Jean Nouvel. Un escenario modular y abierto para 600 obras de más de 100 artistas que cuentan la historia de una aventura artística que comenzó en 1984 y continúa hasta nuestros días. El diseño del nuevo edificio se estructuró en torno a tres conceptos principales desarrollados por Nouvel: la transparencia: lograda con imponentes ventanales de vidrio de 7 metros de altura, el vacío: diseñado para "acoger todas las formas de arte contemporáneo" (de los 8.500 m2 de la Fundación, 6.500 m2 están diseñados para próximas exposiciones) y la modularidad: garantizada por cinco plataformas removibles, ideadas para modificar el espacio con cada nueva exhibición.

Para la apertura de esta nueva sede, la Fundación Cartier presenta Exposition Générale, una cuidada selección de obras emblemáticas y fragmentos de exposiciones que hoy constituyen el núcleo de su colección. Singular por los principios únicos que guían su desarrollo y enriquecimiento año tras año, traza hasta la fecha más de 40 años de creación contemporánea internacional; compuesta esencialmente de obras creadas y presentadas a lo largo de su rica programación, abarca desde artistas consagrados hasta aquellos aún relativamente desconocidos en el panorama artístico. Una oportunidad para redescubrir a figuras que ya se exhibieron en la antigua sede, como Claudia Andujar, Guillermo Kuitca y Graciela Iturbide.

 

Al entrar en la actual fundación de arte contemporáneo, el visitante experimenta una sensación sin precedentes. La mirada se extiende a lo largo de tres niveles, donde los techos altos se alternan con salas más íntimas, adaptables gracias a las plataformas modulares. Esta visión despejada, multidireccional e inmersiva, a menudo maravilla y desorienta al espectador.

Entre las numerosas piezas de la colección destacan auténticas joyas, como Paysage amoureux de Jean-Michel Othoniel en cristal de Murano, Woman with Shopping de Ron Mueck, una reducción hiperrealista de una madre con mirada desilusionada, el tapiz dorado de Olga de Amaral, la instalación de madera pintada de Luiz Zerbini, que evoca un herbario gigante. En el sótano el submarino utópico de Panamarenko nos transporta a la imaginación de la exploración que ha marcado los tiempos modernos. La sección de artes gráficas es imperdible, con los dibujos de Marc Couturier, los de Ehuana Yaira, de la comunidad yanomami, o los de David Lynch, expuestos en un largo pasillo. En cuanto a la fotografía, los cuerpos en movimiento de Francesca Woodman, los paisajes urbanos de William Eggleston y las instantáneas de Patti Smith son tres series significativas.

La cerámica tiene una presencia notable con el gres esmaltado de Gustavo Pérez, por su parte, explora la sutil interacción entre estructura y superficie; los animales de barro de Virgil Ortiz y los personajes de Izabel Mendès da Cunha, esculturas de cerámica inspiradas en la vida cotidiana revelan una práctica artística profundamente arraigada en su entorno y constituyen verdaderos homenajes a la historia, espiritualidad y arte popular del Nordeste de Brasil de donde provienen.

Suspendida, la obra Miracéus, una instalación monumental de Solange Pessoa compuesta por miles de plumas de aves, invita a adentrarse en la esencia salvaje y animal de la humanidad, imbuida de espiritualidad y chamanismo. La serie fotográfica de Claudia Andujar y los dibujos de miembros de la comunidad yanomami abordan los desafíos relacionados con la desaparición de los pueblos de la selva en el norte de la Amazonia y su lucha por la preservación cultural y territorial.

 

En la pintura contemporánea, se pueden admirar obras como el díptico de 1984 de la artista estadounidense Joan Mitchell, quien siguió los pasos de Monet al expresar las sensaciones de la naturaleza, que esta ubicada cerca de una pintura más anecdótica de Damien Hirst, que relata, con un estilo impresionista revisitado, el regreso a la pintura del gran provocador británico.

El recorrido por la memoria de la Fundación nos lleva desde evocaciones desenfadadas, como una escultura de bronce a tamaño natural de Nini, la gata de la cineasta Agnès Varda, hasta temas graves, como un vídeo del filósofo Paul Virilio que relata el desastre de Chernóbil. Las fotografías de estudio de Malick Sidibé que retratan a jóvenes en Bamako durante los años sesenta y setenta, dialogan con las Polaroids de la cantante Patti Smith, que capturan un París de poetas y nostalgia.

 

Al recorrer los flamantes espacios de esta nueva Fundación, es difícil no percibir una clara afinidad por los artistas latinoamericanos, que parecen estar ampliamente representados. Surge la pregunta ¿Por qué no destacar y explicar al público los orígenes de esta afinidad?

 

En su intento por mostrar todos los aspectos de una colección tan vasta, la Exposition Générale adquiere un aire de feria, donde el visitante puede deambular sin un rumbo claro, lo que resulta en una exposición que a veces parece desordenada, sin un principio rector evidente, donde el recorrido se vuelve laberíntico.

 

A pesar de estos desafíos iniciales en la presentación de la colección, este nuevo espacio amplía la ambición de la Fundación: apoyar la creación contemporánea en todas sus formas (arte, diseño, fotografía, arquitectura, ciencia y artes escénicas). A través de exposiciones temporales, performances y debates, la Fundación Cartier promete una programación que abordará los grandes desafíos de nuestro tiempo, fomentando el diálogo entre artistas, público y disciplinas.