MEMORIA STRATA: UN ESTUDIO MATÉRICO COMO DETONANTE DE LA MEMORIA MIGRATORIA LATINOAMERICANA
"La espiral es una forma de tránsito, una estructura que transforma a quien la recorre." Con esa afirmación, el curador Enzzo Hernández abrió la presentación de Memoria Strata, la nueva investigación artística de Elmer Castillo, inaugurada el pasado 7 de agosto en el Estudio-Galleria Mansión Castillo, en La Habana.
En vez de proponerse como una exposición antológica, Memoria Strata reúne apenas doce obras. Sin embargo, esa aparente modestia responde a la decisión consciente del autor por mostrar el inicio de una investigación que desplaza el centro de su trabajo desde la metáfora de la Espiral contenida hacia la memoria material de la migración.
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Público Opening. Créditos fotográficos: Marcos Caballero Viel. Estudio-Galería Mansión Castillo
El ambiente de la inauguración reforzó esa intención. Artistas habaneros, estudiantes y otros visitantes permanecieron reunidos en torno a algunas piezas mucho después de concluir la presentación. No predominó el ritmo habitual de una apertura expositiva, sino el de una conversación pausada, donde cada obra, especialmente la escultura titulada Tu Legado, parecía activar experiencias personales relacionadas con el desarraigo, la separación familiar o la permanencia.
Desde hace algunos años, la espiral ha constituido el eje conceptual de la investigación de Castillo. Inspirada inicialmente en la Polymita picta, molusco endémico del oriente cubano en peligro de extinción, esa forma ha evolucionado hasta convertirse en una metáfora del crecimiento interrumpido y de la contención, a la vez que denota las tensiones de la vida y la experiencia cubana contemporánea. En Memoria Strata, sin embargo, la espiral deja de ser únicamente un símbolo formal para comenzar a infiltrarse en la piel y en la materia misma de la pintura.
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Barco a la deriva. Mixed Media. Cristal de Murano sobre panel de madera. Acrilico, 85x85, 2026.. Créditos fotográficos: Marcos Caballero Viel. Estudio-Galería Mansión Castillo
Enzzo Hernández, con sus palabras de apertura, sitúa esa transformación dentro de una tradición mucho más amplia. Recuerda que la espiral está presente en la estructura helicoidal del ADN, en los huracanes, en los moluscos, en el giro de los derviches, donde representa simultáneamente el movimiento y el encierro.
Los retratos reunidos en la muestra parecen construidos a partir de capas sucesivas de tiempo. Sobre los rostros se acumulan pigmentos, escrituras apenas visibles, fibras vegetales, costuras, fragmentos de tierra y huellas de intervenciones anteriores. La superficie deja de funcionar como soporte para convertirse en un verdadero sedimento visual, un archivo material capaz de activar la memoria y nuevos procesos cognitivos.
En Corazón en diáspora, una espiral tejida con bejucos y yute ocupa el centro del pecho. Aparece como una estructura retenida, atada, incapaz de expandirse libremente. La pieza establece un diálogo directo con las investigaciones anteriores del artista, al tiempo que introduce una dimensión profundamente humana en que se convierte al cuerpo en territorio de la memoria.
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Corazón en Diáspora. Acrílico sobre lienzo, tierra y espiral de raíces. 160x120cm. 2026. Créditos fotográficos: Marcos Caballero Viel. Estudio-Galería Mansión Castillo
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Pedro Pan. Acrílico sobre lienzo, tierra y materia. 100x70cm. 2026. Créditos fotográficos: Marcos Caballero Viel. Estudio-Galería Mansión Castillo
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La Mitad que se quedó. Acrílico sobre lienzo, tierra y fibras. 100x70cm. 2026. Créditos fotográficos: Marcos Caballero Viel. Estudio-Galería Mansión Castillo
La mitad que se quedó plantea otro tipo de fractura. El retrato se divide mediante una larga costura vertical. Un lado conserva la presencia física de la pintura; el otro comienza a disolverse hasta transformarse en una silueta apenas perceptible. La separación mantiene unida la imagen mediante un frágil acto de reparación. En palabras del propio artista “…esa costura es un clamor, un quejido constante que muestra la incertidumbre de cuándo esa otra mitad podría volver a ser un todo.”
La referencia a la Operación Pedro Pan aparece desde un registro igualmente contenido. En lugar de recurrir a la ilustración histórica, Castillo presenta el rostro envejecido de quien ha cargado durante décadas con una separación temprana. La memoria deja de entenderse como recuerdo para manifestarse como desgaste, como materia acumulada sobre el cuerpo. Una piedra del Santuario del Cobre atada al lienzo refuerza el discurso de la fe sostenida, mientras que el pequeño lápiz de color rojo revela la nostalgia de una infancia truncada.
Las obras no retratan únicamente la experiencia migratoria. También incorporan la perspectiva de quienes permanecen. Esa tensión aparece condensada en piezas donde la representación humana desaparece casi por completo para dejar lugar a líneas de recorrido, espirales contenidas o estructuras de cristal inmovilizadas mediante tensores, como si incluso el movimiento necesitara negociar constantemente con las fuerzas que lo contienen, clara alusión a una situación política sin llegar a ser panfleto.
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Tu Legado. Paneles de puertas con cristales 240x40x30cm. Espiral 180cm diámatro. 100x70. 2026. Créditos fotográficos: Cortesía del Curador Enzzo Hernandez
En su texto curatorial, Hernández describe Memoria Strata como un territorio estratificado donde escritura, pigmento, tierra, fibras y objetos encontrados funcionan como un gran palimpsesto visual. Cada capa conserva rastros de otra anterior y convierte la superficie en un espacio donde lo visible nunca termina de borrar aquello que permanece oculto.
Quizá esa sea la mayor virtud de esta primera presentación pública del proyecto. En tiempos en que la migración suele reducirse a cifras, rutas o acontecimientos políticos, Memoria Strata propone observar aquello que permanece adherido a las personas después del viaje. Las huellas físicas del tiempo, las costuras invisibles de la separación y los sedimentos emocionales que continúan acumulándose mucho después de haber cambiado de territorio.
Más que una exposición concluida, la muestra que estará abierta hasta el 30 de Agosto, funciona como la apertura de un proceso de investigación artística que, por su propia naturaleza, parece destinado a seguir creciendo. Las doce piezas presentadas en el Estudio-Galería Mansión Castillo invitan a acompañar el nacimiento de un archivo construido desde la pintura, donde la materia deja de representarse como tal, para convertirse en memoria. Una arqueología del presente donde lo personal se vuelve archivo colectivo de la diáspora cubana y latinoamericana.

