CUANDO LA MODA MIRA AL ARTE: CITAS, CUERPOS Y PODER EN LA MET GALA

Entre referencias a la historia del arte y apuestas visuales espectaculares, la Met Gala 2026 volvió a tensionar los límites entre creación estética y puesta en escena.

mayo 05, 2026
Violeta Méndez
Por Violeta Méndez
CUANDO LA MODA MIRA AL ARTE: CITAS, CUERPOS Y PODER EN LA MET GALA
Photo: Theo Wargo / Getty Images (Vogue)

Este primer lunes de mayo se celebró la Met Gala 2026 y marcó el inicio de Costume Art, la exposición de primavera del Costume Institute del Metropolitan Museum of Art. Los invitados debían cumplir con el código de vestimenta “La moda es arte”, animando a los diseñadores y asistentes a “considerar el cuerpo como lienzo en blanco”, según redacta Vogue. La temática aseguró una revisión hacia el pasado, una revuelta entre textiles retratados que inspiran nuevas formas de contar el presente.

 

Se representaron citas específicas a ciertas obras: Hunter Schafer aludió a Mada Primavesi de Gustav Klimt; Madonna reinterpretó La tentación de San Antonio; Rachel Zegler vistió una versión de The Execution of Lady Jane Grey de Paul Delaroche; y Angela Bassett evocó un retrato de Laura Wheeler Waring. Otras celebridades citaron esculturas, como Yu-Chi Lyra Kuo inspirada en la Winged Victory of Samothrace, al igual que Kendall Jenner. También hubo homenajes a figuras históricas de la disciplina, como Troye Sivan, que evocó al fotógrafo Robert Mapplethorpe. Por su parte, Emma Chamberlain buscó vestir la pintura en sí misma: una pieza que referencia al icónico vestido de Thierry Mugler y que, además, fue pintada a mano por Anne Deller Yee.

Aunque las bellas telas que llevan los protagonistas buscan robar toda la atención, la controversia del evento pone la mirada en su financiación. La gala más importante de la moda global es patrocinada por Jeff Bezos, uno de los hombres más ricos del mundo. El escenario no se lee únicamente como espacio de creatividad y homenaje cuando el capital que lo sostiene proviene de las mismas estructuras económicas que concentran poder a escala global, tensionando el sentido cultural del evento.

 

En ese cruce, la gala funciona como algo más que una celebración estética: es también un dispositivo donde arte, moda y capital se entrelazan de forma visible. Si el cuerpo es pensado como lienzo, como propone la consigna, entonces también lo es el museo que lo alberga y el sistema que lo financia. Allí, entre citas al pasado y puestas en escena espectaculares, se juega una pregunta persistente: hasta qué punto la moda puede ser leída como arte sin quedar atravesada por las lógicas que la hacen posible.

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