PATRICK CHARPENEL: “LOS MUSEOS CON VOCACIÓN ESPECÍFICA ESTÁN ROMPIENDO UN PATRÓN CADA VEZ MÁS HOMOGÉNEO”

¿Qué es un museo con vocación específica? Director de El Museo del Barrio desde hace más de ocho años, Patrick Charpenel reflexiona sobre el rol de las instituciones culturales en Estados Unidos, la visibilidad de las comunidades latinas y los desafíos de pensar el arte por fuera de categorías fijas y lógicas de mercado.

abril 22, 2026
María Galarza
Por María Galarza
PATRICK CHARPENEL: “LOS MUSEOS CON VOCACIÓN ESPECÍFICA ESTÁN ROMPIENDO UN PATRÓN CADA VEZ MÁS HOMOGÉNEO”
Patrick Charpenel. Crédito: Victoria Muñoz

Al frente de El Museo del Barrio, institución clave en la representación de las culturas latinas en Estados Unidos, Patrick Charpenel ha desarrollado una línea de trabajo centrada en el fortalecimiento de lo que en el contexto norteamericano se denomina “culturally specific institutions”: museos que asumen un posicionamiento situado para visibilizar producciones históricamente relegadas y sin una aspiración a una neutralidad universal. En contraposición a la creciente homogeneización del sistema artístico global, su gestión propone pensar al museo como una plataforma crítica, capaz de generar conocimiento, abrir conversaciones y operar como agente activo dentro de su contexto social.

 

Llevás más de ocho años como director de El Museo del Barrio. ¿Cómo mirás ese recorrido hoy?

Ha sido uno de los mayores privilegios de mi carrera. Dirigir una institución que representa a la comunidad latina en la ciudad de Nueva York.

 

Somos más de 60 millones de latinos en Estados Unidos y, sin embargo, seguimos siendo una comunidad con un nivel de invisibilidad preocupante en términos de producción y del rol que tenemos como agentes activos. Por eso considero que dirigir un museo con esta función social, cultural y política es un privilegio enorme.

¿Cómo cambia la lectura del arte latinoamericano según el contexto en el que se presenta?

Me fui de un extremo a otro. En la Ciudad de México, cuando dirigía el Museo Jumex, había una fuerte representación de artistas locales, pero con una vocación internacional.

 

Aquí es distinto. Somos lo que en Estados Unidos se conoce como una “culturally specific institution”. Tenemos un foco muy particular que es el de presentar y representar artistas latinos y latinoamericanos.

 

¿Qué temas te interesa impulsar hoy dentro de la agenda del arte y de la comunidad Latinx en Estados Unidos?

Me preocupa que a los museos les esté pasando lo mismo que a los aeropuertos o a los supermercados. Y es que cada vez se parecen más entre sí.

 

Están diseñados por arquitectos internacionales y tienden a programar a los artistas más representados por el mercado. Ese patrón se replica globalmente y genera instituciones casi idénticas, sin importar el contexto cultural o político.

Frente a eso, los museos con vocación específica están rompiendo un patrón cada vez más homogéneo. Presentan perspectivas menos eurocéntricas y visibilizan lo que quedó en puntos ciegos.

 

Tenemos un rol social muy importante, que es el de abrir una brecha de investigación y de conocimiento que no había sido explorada.

 

También mencionabas una diferencia entre artistas latinoamericanos y artistas latinos en Estados Unidos. ¿Cómo se da esa tensión?

Es curioso porque está creciendo la representación de artistas latinoamericanos en galerías de Estados Unidos, pero es más difícil encontrar artistas latinos (aquellos que viven y producen en el país, incluso desde hace generaciones) dentro del mercado.

 

Nosotros estamos por fuera de esa lógica. Estamos más cerca de la academia, de la investigación, de explorar y reconocer producciones tanto históricas como contemporáneas.

¿Qué tipo de relación debería existir entre instituciones, mercado y academia?

Me gustaría que esas tensiones bajaran y que hubiera más fluidez. A todo el mundo le deseo visibilidad, que venda, que esté presente en ferias. Pero también es importante abrir conversaciones que muchos museos establecidos no están abriendo.

 

Hay un sector que ha operado de manera más marginal y, sin embargo, tiene un protagonismo muy grande en las conversaciones que tienen vigencia en la actualidad.

 

¿Cómo pensás la categoría “arte latinoamericano”?

Hay que tener mucho cuidado con la identidad cultural. Gerardo Mosquera decía que debemos evitar esencializar las identidades, porque eso lleva a exotizarlas. No existe el arte colombiano o el arte mexicano como categorías cerradas; existe arte desde Colombia, desde México y desde contextos específicos. Es peligroso caer en esos esencialismos o construir caricaturas.

 

¿Cuáles son hoy los principales desafíos en tu rol como director?

Uno es la procuración de fondos. Hay fundaciones y corporaciones sensibles a este tipo de museos, pero sigue siendo difícil. El otro desafío es crecer y convertirnos en grandes plataformas, en grandes embajadas culturales con capacidad de convocatoria.

 

Y también fomentar colaboraciones entre museos, universidades y otros centros de conocimiento, sin replegarnos ni mirarnos a nosotros mismos.

¿Cómo imaginás esas nuevas formas de colaboración?

Pueden ir desde proyectos de investigación entre museos y universidades hasta colaboraciones con la ciudad.

 

Me interesa que el arte se convierta en un agente que no solo produce formas materiales, sino también formas sociales. Que se inserte en estructuras sociales, que tenga la capacidad de dislocarlas, abrirlas y hacerlas más sensibles a grupos vulnerables.

 

En relación a todo esto, también aparece la cuestión de la identidad…

Cuando hablo de identidad no hablo solo de países. Hablo de queerness, de identidad de género, de múltiples dimensiones.

 

No se pueden abordar estos temas sin introducir complejidad. Si no, terminamos construyendo caricaturas.