JORGE VOLPI: “EL DIÁLOGO ENTRE AMÉRICA LATINA Y ESPAÑA ES RAZÓN SUFICIENTE PARA SER UN ENFOQUE PRINCIPAL"
Jorge Volpi, tras un año al frente de la dirección artística de Contemporánea Condeduque, reflexiona sobre la narrativa multidisciplinar en su programación y cómo esta fomenta el diálogo y otorga al arte latinoamericano un papel central en la escena cultural de Madrid.
Jorge Volpi (Ciudad de México, México, 1968) cumple un año al frente de la dirección artística de Contemporánea Condeduque, una de las entidades públicas con mayor proyección y actividad de Madrid. Tras una conversión nominal y estratégica, el centro incide en una programación multidisciplinar y con una clara conexión intencional con lo iberoamericano. Hablamos con su responsable, sobre cómo ha vivido esa evolución y cuáles son los puntos clave para entender la presencia y fortaleza de las artes latinoamericanas en las instituciones españolas.
Álvaro de Benito [Á.B.] Desde tu cargo, has apostado por trabajar un programa cultural con un eje conceptual definitorio. Con tantas vertientes, ¿cómo es posible conseguir que una vertebración sea transversal?
Jorge Volpi [J.V.] Llevo muchos años dividiendo mi vida entre la literatura y la gestión cultural, primero en Francia, luego en México y ahora aquí. Y, sin embargo, no me parecen ámbitos tan distintos: en ambos casos se trata de contar historias relevantes para nuestra época y para un público específico. Siempre he creído que debe existir cierta coherencia en la programación. A esa coherencia la llamo “contar historias”: que haya hilos, vínculos que conecten una disciplina con otra, un espectáculo con otro, de manera natural.
Á.B. Y, aun así, ¿podríamos hablar de que se intensifica potenciar la autonomía de cada disciplina artística?
J.V. Claro. Eso no significa que todo deba girar en torno a un único tema ni que haya parámetros cerrados. Puede haber una enorme variedad, pero dentro de una narrativa conjunta que articule las distintas disciplinas. Así lo hice en el pasado en otras instituciones y en otros lugares, y aquí he intentado lo mismo. Tenemos un eje central de programación deliberadamente amplio para permitir esa articulación en un centro como este donde caben todas las disciplinas. Eso evita la dispersión absoluta, pero existe una enorme libertad, tanto para los curadores de cada área como para nosotros al seleccionar los proyectos.
Á.B. Quiero incidir en la idea de la literatura y tu visión desde ese campo, porque entiendo que esa formación y experiencia literaria es donde se apoya tu manera de entender la gestión cultural y cómo desarrollarla.
J.V. Influye en esa idea de narrativas e historias que deben contarse a través de lenguajes distintos: literarios, visuales, escénicos. Intentamos que exista esa lógica común. A veces pienso la gestión cultural como una novela polifónica del boom: múltiples voces que pueden ir en distintas direcciones, pero que, finalmente, forman parte de una misma gran novela. Un centro cultural también puede entenderse así.
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Sala sur. Foto: Paco Gómez. Cortesía de Contemporánea Condeduque
Á.B. Desde un inicio, casi a modo de manifiesto, planteaste la importancia que lo latinoamericano iba a tener en tu gestión. ¿Responde esto más a una voluntad de vertebrar una visión desde España o surge de tu propia trayectoria y planteamiento personal?
J.V. Viene de varios lugares. En primer lugar, de ser mexicano y español, y de tener una relación muy larga con España, donde me siento igualmente cómodo. También de haber presenciado, desde que llegué a vivir aquí en 1996, la transformación de España y especialmente de Madrid, que se ha convertido en una capital también latinoamericana y multicultural. Ese cambio ha sido muy significativo. Siempre han existido vínculos entre América Latina y España, a veces conflictivos, a veces de cooperación o de confrontación, pero siempre presentes. Eso es razón suficiente para que uno de los enfoques principales fuese ese diálogo.
Á.B. Durante este año primer año has programado una fuerte presencia latinoamericana en artes escénicas y visuales, tanto en el campo de lo plástico como de una apuesta por lo performativo. ¿Cómo entiendes esa relación y por qué se decidió impulsar esa primera oleada de artistas?
J.V. Aunque la relación es natural, también existe cierto desconocimiento mutuo. Un centro público como este tiene la función de intentar paliarlo, facilitando que el público español conozca artistas que quizá no son tan visibles aquí. En artes escénicas, incluso en las más performativas, y en artes visuales, decidimos que hubiera siempre presencia latinoamericana. En el caso de las exposiciones, lo hablamos con Marta Ramos-Yzquierdo y coincidimos en que también era importante.
Á.B. Es en esas interrelaciones de las escénicas que comentas donde se han borrado algunos límites aunando el arte de performance y el teatro, por ejemplo, y donde se ha remarcado con más claridad esa relevancia latinoamericana.
J.V. Mi objetivo ha sido que todos los lenguajes contemporáneos tengan cabida en Contemporánea Condeduque, pero en las artes escénicas es aún más visible. Comenzamos con un ciclo de performance latinoamericano para dar mayor visibilidad a esos artistas en Madrid, pero a lo largo del año hay una presencia constante. Por ejemplo, en danza programamos un ciclo de dramaturgia en el que tres de las artistas son latinoamericanas. En todo ese conjunto se refleja esa sinergia de contar historias desde ambos lados.
Á.B. Mencionabas a Marta Ramos-Yzquierdo, comisaria residente del Centro de Cultura Contemporánea Condeduque. Si hablamos exclusivamente del apartado de las artes plásticas, donde existe esa especialización, ¿cómo es tu colaboración con ella?
J.V. Dirigí el Instituto de México en París, un centro esencialmente dedicado al arte contemporáneo latinoamericano, y también tuve bajo mi responsabilidad el Museo de Arte Contemporáneo de la UNAM (MUAC). La directora que nombré entonces fue Amanda de la Garza, hoy subdirectora del Reina Sofía. Así que he tenido relación con el arte contemporáneo, pero, más allá de mi experiencia, reconozco que mi especialidad está más cerca de las artes escénicas. Por eso me parecía imprescindible contar con una comisaria especializada.
Á.B. Su propuesta en el campo específico del arte contemporáneo ha tenido siempre muy presente lo latinoamericano, programando exposiciones clave en Madrid y con un buen planteamiento crítico.
J.V. Evaluando su trabajo previo en Condeduque, la etapa anterior fue muy buena y nunca he creído que haya que cambiar radicalmente lo que funciona. Conversando con ella vi que tenía una idea muy clara para el espacio de las Caballerizas, el gran espacio del centro. Mi insistencia fue que siempre hubiera presencia latinoamericana en cada temporada, algo que ella ya contemplaba, así que todo fue muy fácil y alineado.
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Jorge Volpi. Foto: Álvaro de Benito
Á.B. Enlazando un poco con la evolución de Madrid y su relación con Latinoamérica que comentabas antes, que es algo de lo que institucionalmente ya se habla, ¿existe alguna línea de las políticas públicas que condicione la programación?
J.V. Puedo decir con total claridad que la libertad es absoluta. Y si no lo fuera, no lo diría así. En todos los lugares que he dirigido, también en México, he tenido libertad completa. Cuando no es así, prefiero no dirigir.
Á.B. Estamos siendo testigos de unas políticas culturales muy marcadas por las administraciones y, en lo relacionado con el mundo de las instituciones y al arte contemporáneo, quizá la descolonización sea la más omnipresente en la relación con Latinoamérica. ¿Dónde se sitúa Condeduque?
J.V. Yo diría que todo lo artístico es político. Existen distintas formas de enfocarlo: hay quien parte del discurso político y construye lo artístico a partir de ahí. Nosotros intentamos buscar lo artístico, que inevitablemente será político. Muchas obras que programamos abordan contextos políticos latinoamericanos, españoles o globales. La dimensión política está presente, pero debe surgir de las narrativas que los propios artistas construyen aquí, no imponerse desde fuera.

