PASAR DE UN SUEÑO A OTRO: 18° BIENNALE DE LYON
En un mundo marcado por transformaciones vertiginosas y un flujo constante de imágenes e información, la 18° Bienal de Lyon incita a tomarse el tiempo para observar, desconectar y escuchar lo que las obras de los artistas invitados buscan expresar. Al dialogar con las realidades sociales, políticas y económicas de nuestro tiempo, cuestionan y desafían nuestras certezas, contribuyendo al enriquecimiento del debate democrático, nuestra imaginación colectiva y nuestras formas de convivencia.
La 18° Bienal de Arte Contemporáneo de Lyon acoge, bajo la égida de la comisaria invitada Catherine Nichols, una nebulosa de artistas que hacen eco de la inestabilidad de la época y promete ser tan poética como estar en contacto directo con su tiempo. Originaria de Australia y residente en Berlín, aporta tanto su perspectiva sensible sobre Oceanía como su amplia experiencia en el panorama artístico europeo y sus numerosas conexiones internacionales; presentando un amplio abanico de artistas locales e internacionales. Reúne más de 400 obras de 120 artistas de 42 países otorgando un lugar destacado a las mujeres, que constituyen la mayoría de los artistas invitados.
Haciéndose eco de la arquitectura y geografía de Lyon Catherine Nichols tituló su propuesta Passer d'un rêve à l'autre -Pasar de un sueño a otro-, tomado de un texto del filósofo alemán Walter Benjamin; y se inspiró en particular en los traboules -característicos pasadizos de Lyon que permiten cruzar edificios y patios para ir de una calle a otra- para explorar cómo transitamos de una percepción a otra, de un sueño colectivo a otro. Utilizando esta idea de paso, la Bienal cuestiona nuestra relación con la economía, el intercambio, el trabajo, pero también con el cuidado, las relaciones humanas y la imaginación.
Para comenzar este maratón artístico se impone Les Grandes Locos. En este antiguo taller ferroviario, el resultado es grandilocuente. Reúne obras monumentales, donde lo espectacular es la tónica dominante; hábilmente escenificadas, evocan nuestros paisajes transformados por la industria con historias subyacentes a veces intimas y a veces históricas. Los artistas allí presentes han apostado por lo grandioso. Un ejemplo es Hovering Caress Amère de Laure Prouvost, un monstruo textil que engulle a los visitantes. Adentrarse en las entrañas de una ballena en cuyo interior yacen puñados de tierra, plantas aplastadas y un mar de latas vacías, como los restos de una gran fiesta mundial que ahora parece haber terminado. O la artista holandesa Mette Sterre, con su insólita carrera de sillas de oficina. ¿Qué podría ser más triste que muebles de oficina anónimos y voluminosos? Para su instalación llena de humor con el interminable título Hummelmania Paradise Extreme Dreams Depend on Teams, reúne a una comunidad de trabajadores con cabezas de goma elástica entre armarios metálicos y plantas de plástico; invitando a la fantasía adentrarse en el corazón de un entorno severo y productivista. Otras creaciones monumentales nos aguardan...
A medida que avanzamos en ese laberinto marcado por transformaciones vertiginosas y un flujo de imágenes e información somos interpelados por un río que flota sobre la tierra. La instalación Río de la Plata del argentino Miguel Rothschild aporta, a primera vista, una sensación de bienestar y quietud animándonos a redescubrir la belleza del mundo; a través de una nueva mirada frente al caos de un paisaje de obras que encarnan por sí mismas, la violencia de los cambios económicos. Sin embargo, al revelar su enfoque artístico Miguel Rothschild nos sacude y nos trae a una realidad menos optimista.
Suspendido por 4.200 hilos de nailon y lastrado con 4.200 perdigones de plomo, un pedazo del confín del mundo cae como un plano que oscila entre el rojo sanguíneo, el plateado y el gris plomizo. Bajo la estructura colgante, una serie de pequeñas plomadas se desprenden y se pierden en la sombra que se proyecta en el suelo. Esa silueta oscura y vacía reproduce fielmente la morfología de la pieza aérea, representando un segundo río: uno sin brillo que custodia lo que se ha hundido. En esa penumbra confluyen, sin importar la época, dos tragedias: el exterminio de los pueblos originarios durante el periodo colonial y las víctimas desaparecidas en los vuelos de la muerte de la última dictadura en Argentina – relata el artista-. Obra de una belleza sorprendente e inquietante, intenta contener con frágil equilibrio, el horror que yace bajo su superficie, convida a reflexionar sobre el movimiento inseparable del flujo de las riquezas, mercancías, información y personas que caracterizan el paisaje de nuestro tiempo. El resultado es perturbador, sublime y trágico.
Tomando posesión de otros espacios, la Bienal se extiende al Museo Textil, que acoge en sus salones una veintena de artistas que exhiben sus creaciones explorando los textiles y las relaciones humanas. Desde el artista togolés Kokou Ferdinand Makouvia- combina cartón quemado, cerámica y cuerda para crear un paisaje de correspondencias fascinantes-, hasta Rossella Biscotti, las obras son extraordinariamente diversas. Dos instalaciones destacan especialmente. CaccHho CucchhA de la artista argentina Mercedes Azpilicueta examina el espacio público y el juego a través de tapices jacquard y trajes infantiles para revisitar relatos históricos y contemporáneos desde una perspectiva decolonial y feminista, haciendo emerger voces, cuerpos y narrativas disidentes. Al trabajar especialmente con el tapiz y el vestuario, desarrolla obras de fuerte dimensión dramatúrgica que se despliegan en el espacio, nutridas por la literatura especulativa latinoamericana y las culturas populares contemporáneas. La otra, de la artista armenia Lucia Kagramanyan Women’s song for the future (A cradle, a sanctuary) ¿Qué se puede hacer ante el genocidio armenio, ante el intento de borrar a todo un pueblo? ¿Qué se puede hacer ante el olvido, la dispersión de las comunidades, la desaparición de la riqueza cultural? Al presentar canciones de cuna en armenio occidental cantadas por su madre, Lucia Kagramanyan preserva con delicadeza la historia de sus orígenes. Cinco hamacas mullidas, cosidas a mano por miembros de la comunidad armenia de Lyon invitan al paseante a hundirse y dejarse arrullar por estas canciones de la infancia. En lo profundo de estos refugios de tela, uno queda cautivado por una obra profundamente conmovedora.
Es imprescindible hacer una parada en el Instituto de Arte Contemporáneo -IAC- de Villeurbanne. Las propuestas de los diez artistas menores de 35 años son todas sólidas y convincentes. Cabe destacar la instalación del artista chino Haonan He Mandala-Cartographie y Opium-Arium. Entre la investigación y la creación, su práctica gira en torno a las plantas psicoactivas y a los sistemas que regulan su uso, circulación y percepción. Mediante instalaciones inmersivas, vincula las economías extractivas y poscoloniales, los mecanismos de control y las infraestructuras transfronterizas, siguiendo el recorrido de estas plantas desde las regiones del Triángulo de Oro hasta Europa.
Diseminadas por los diferentes sitios de la Bienal las intervenciones in situ de Luz Broto se caracterizan por ser austeras en su forma como subversivas en su mensaje. En blanco y negro, Put Oneself in the Place of the Other -Ponte en el lugar del otro- impresas en imponentes paneles, son imposibles de ignorar. Al ocupar el espacio público, Luz Broto propone situaciones que invitan a los individuos a intercambiar roles, rutinas o posiciones, revelando así los sistemas de organización y control subyacentes. “En medio de una conversación: vacía tus bolsos, bolsillos y carteras, dejando caer todo lo que llevas encima al suelo, uno encima del otro. Continúa la conversación”, reza una de ellas en el Museo de Bellas Artes. O: “Al llegar, deja tu abrigo y bolso en el guardarropa. Coge el abrigo y el bolso de otra persona y sal a la calle. Vuelve dos horas después”, en el Museo Textil. Su práctica se basa en gestos mínimos de desplazamiento perceptivo que cuestionan las nociones de acceso, responsabilidad y comportamiento colectivo, al tiempo que visibilizan las reglas implícitas que rigen las interacciones cotidianas. La artista explica que con estas invitaciones espera provocar “una nueva situación, un nuevo pensamiento o una nueva sensación”. Para sacudir lo cotidiano y hacernos desviar de nuestros caminos trazados.
Es evidente detectar a lo largo de toda la Bienal, el proceso de juzgar, construir y destruir los códigos por parte de los artistas. Tomando posesión de los diferentes espacios nos muestran un paisaje construido por una sobrecarga de imágenes fragilizadas por un ecosistema que se impone naturalmente al visitante a medida que avanza a Passer d'un rêve à l'autre; transformado en actor, solo le queda deambular por ese laberinto incierto de estéticas diferentes y utopías plásticas sorprendentes. Dentro de un archipiélago de obras, que son, sucesivamente escenas o paradas que conducen al paseante a aminorar la marcha, la Bienal propone un paisaje en transición, una amplia variedad de posiciones que ayudan a construir un mosaico matizado de narrativas al que los artistas, particularmente sensibles a los impactos sociales, políticos, económicos y ambientales, están ansiosos por responder.
Juntos imaginaron construir esta Bienal como un viaje físico, visual o espiritual, al que se invita al espectador, totalmente perdido en esas vastas superficies a participar, moverse, descubrir, observar, escuchar, interactuar, sentir y vivir generando alternativamente admiración, toma de conciencia, contemplación o reflexión.

