ARTBO: MUCHO MÁS QUE UNA FERIA
Hay ferias de arte que se entienden fundamentalmente a través de sus galerías y otras que, además, intentan explicar el contexto cultural en el que se celebran. ARTBO pertenece claramente a este segundo grupo. Creada en 2004 por la Cámara de Comercio de Bogotá, nació con un objetivo que va más allá de organizar una feria: impulsar el mercado del arte, contribuir al desarrollo del ecosistema cultural de la ciudad y conectar la escena colombiana y latinoamericana con el circuito internacional.
La edición de 2026, la vigésimo segunda, reunió 50 galerías procedentes de 12 países, más de 220 artistas, más de 30 instituciones y más de 40 editoriales, y recibió más de 22.000 visitantes. La cifra de galerías puede parecer modesta frente a las grandes ferias internacionales, pero responde a una decisión deliberada de ARTBO. En 2024, coincidiendo con su vigésimo aniversario, la feria se trasladó a Ágora Bogotá, un amplio centro de convenciones de varios niveles, con luz natural y terrazas. Al adaptarse al nuevo espacio, ARTBO optó por reducir el número de galerías y concentrarse en una selección más cuidada, con mayor énfasis en la calidad y el descubrimiento, especialmente del arte colombiano y latinoamericano.
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ARTBO 2026. Cortesía de la CCB
La composición de la feria refleja esta orientación. De las 50 galerías participantes, 30 eran colombianas —27 de ellas de Bogotá—, mientras que la presencia internacional estaba formada mayoritariamente por galerías latinoamericanas. Había representación de Chile, Argentina, Brasil, México, Venezuela, Guatemala, Ecuador, Panamá y Puerto Rico, además de algunas galerías de Estados Unidos, España y Francia. Incluso las galerías con sede fuera de Latinoamérica mantienen vínculos estrechos con la región. Es el caso de Mor Charpentier, fundada en París, pero con un espacio en Bogotá desde 2021, y de la joven galería barcelonesa Sorondo Projects, fundada por una venezolana y con una parte importante de sus artistas vinculados a América Latina. La composición de la feria refleja así una internacionalización con un marcado carácter latinoamericano. Más que una feria global en sentido estricto, ARTBO funciona como un punto de encuentro para la escena artística de América Latina.
También resulta interesante observar el rango de precios. Aunque había obras para distintos niveles de coleccionismo, la mayor parte se situaba aproximadamente entre los 5.000 y los 80.000 dólares. En el extremo superior aparecían algunas obras por encima o cerca del millón, especialmente en el mercado secundario y en trabajos de artistas de trayectoria internacional, como Fernando Botero y Olga de Amaral. Es una combinación que permite ver cómo conviven en ARTBO el descubrimiento de artistas y la oferta de obras de nombres ya consolidados.
En cuanto a las ventas, la impresión durante los días de la feria era en general positiva. Los galeristas hablaban de ventas y, aunque el grado de entusiasmo variaba de unas galerías a otras, la sensación no era la de un mercado frenético, sino la de una actividad sostenida, con obras que se iban vendiendo de manera gradual a lo largo de los días.
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ARTBO 2026. Cortesía de la CCB
Pero ARTBO no termina en los stands. La feria incorpora también ArteCámara, dedicado a artistas emergentes sin representación galerística; un encuentro de editoriales que entiende el libro como medio artístico; exposiciones como «Trayectoria», que este año rindió homenaje a Fanny Sanín, una de las figuras más reconocidas de la abstracción geométrica colombiana; y una exposición especial con motivo del 50.º aniversario de ArtNexus, la publicación especializada en arte latinoamericano fundada en Colombia en 1976, que durante cinco décadas ha documentado a sus artistas, galerías, museos y exposiciones y contribuido a conectar la escena de la región con el ámbito internacional. A ello se suman las conversaciones, las visitas guiadas y una Ruta Diseño que conecta el arte contemporáneo con el diseño y el mobiliario de colección.
Y, sobre todo, ARTBO continúa en la ciudad. El programa Nominados, del que tuve la oportunidad de formar parte como invitada, propone precisamente eso: salir del recinto ferial y conocer galerías, museos, colecciones, estudios de artistas y otros lugares que permiten entender mejor la escena local. La agenda incluía visitas al MAMBO y al MAMU, a Casa Amaral, donde tuvimos la oportunidad de conocer a los artistas Jim y Olga de Amaral y ver obra de ambos, a Fragmentos —concebido por Doris Salcedo como obra y lugar de memoria—, a los Columbarios del Cementerio Central y a colecciones privadas.
Para mí, esta fue una de las partes más interesantes de la experiencia. Viajar a Bogotá invitada por la feria y formar parte de este programa fue una manera excepcional de conocer una ciudad y una escena artística que, de otro modo, habría sido mucho más difícil recorrer en tan pocos días. Y, desde la perspectiva de ARTBO, es también una estrategia inteligente: si una feria quiere atraer a un público internacional, no basta con invitarlo a ver los stands. Hay que ofrecerle razones para descubrir la ciudad y entender el contexto en el que se desarrolla su escena artística.
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ARTBO 2026. Cortesía de la CCB
El programa reunió, además, a un grupo internacional de profesionales y coleccionistas: directores de museos, curadores independientes y vinculados a instituciones, profesionales del mercado y coleccionistas colombianos e internacionales. Entre los invitados había profesionales procedentes de Estados Unidos, Bélgica, Argentina y otros países, así como representantes de instituciones como el Museo Reina Sofía, el Guggenheim o PAMM. Para quienes participamos, el interés del programa no estaba únicamente en las visitas y actividades, sino también en la posibilidad de compartirlas con personas procedentes de distintos ámbitos y mercados. Las conversaciones durante las visitas, las comidas y las cenas permitían intercambiar impresiones y conocer diferentes perspectivas y, sobre todo, entender mejor cómo funciona la escena local: quiénes son sus actores, cuáles son sus relaciones, cómo se mueve el mercado y qué lugar ocupa el coleccionismo en Colombia. En ese sentido, el programa funciona también como una herramienta de networking y de conocimiento del mercado, no solo como una agenda cultural.
Pero quizá lo más interesante de ARTBO no sea únicamente lo que ocurre durante los días de la feria, sino lo que hay detrás de ella durante todo el año. La Cámara de Comercio de Bogotá trabaja para mantener y desarrollar las relaciones entre galerías, artistas, coleccionistas y público a través de iniciativas como ARTBO | Fin de Semana, que en 2025 reunió 86 espacios culturales y registró 83.400 visitas.
El objetivo es, por tanto, no solo atraer durante unos días a un público internacional, sino también generar y consolidar un público local. Y esta me parece una cuestión fundamental: los mercados que consiguen construir una escena local sólida son también los que tienen mayores posibilidades de proyectar a sus artistas hacia el exterior. La internacionalización no se construye únicamente trayendo compradores, coleccionistas y profesionales de fuera; empieza por crear un ecosistema propio capaz de sostener y dar visibilidad a sus artistas.

