CUANDO EL ARTE CONSTRUYE DESARROLLO: LA COLECCIÓN DEL BANCO INTERAMERICANO DE DESARROLLO (BID)
Cuando se analiza el creciente reconocimiento internacional del arte latinoamericano y caribeño, la atención suele centrarse en museos, galerías, ferias y coleccionistas. Sin embargo, algunas de las iniciativas más tempranas y constantes surgieron fuera del circuito artístico tradicional. Es el caso de la Colección de Arte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que, con casi siete décadas de historia, reúne hoy cerca de 1.800 obras de América Latina y el Caribe.
La historia de la Colección de Arte del BID refleja, en cierto modo, la evolución de la visibilidad internacional del arte latinoamericano y caribeño. Durante gran parte del siglo XX, las obras de artistas de la región se exhibían, estudiaban y comercializaban en circuitos específicos, a menudo separados de las narrativas dominantes del arte moderno y contemporáneo. En las últimas décadas, sin embargo, esta situación ha cambiado de forma significativa: artistas latinoamericanos y caribeños han adquirido una presencia cada vez más destacada en museos, colecciones, bienales, ferias y otros espacios de legitimación cultural. Este creciente reconocimiento ha contribuido a integrar sus aportaciones dentro de un relato artístico más amplio e internacional.
Un proceso similar ha tenido lugar en el mercado. Durante décadas, las casas de subastas trataron el arte latinoamericano como una categoría independiente. Sin embargo, a partir de 2017 Sotheby’s comenzó a integrar el arte latinoamericano en sus ventas generales de arte moderno y contemporáneo. El mensaje era claro: estos artistas ya no debían ser considerados una categoría aparte, sino parte integral de una historia del arte más amplia e internacional.
Vista desde esta perspectiva, la trayectoria de la Colección de Arte del BID resulta especialmente significativa. La institución comenzó a reunir obras de artistas latinoamericanos y caribeños en un momento en que el interés institucional por el arte de la región era considerablemente menor que en la actualidad. Lo que empezó como una iniciativa singular dentro de una organización financiera internacional se ha convertido con el tiempo en uno de los acervos institucionales de arte latinoamericano y caribeño más importantes de Estados Unidos.
La colección ha ido construyendo un arco amplio entre figuras consolidadas y voces contemporáneas. En sus fondos conviven obras de artistas fundamentales como Diego Rivera, Wifredo Lam, Olga de Amaral, Fernando de Szyszlo y Antonio Seguí con incorporaciones recientes de creadores como Manuel Chavajay, Ad Minoliti, Kika Carvalho, Walterio Iraheta, April Bey, Rember Yahuarcani o Tessa Mars. Esa combinación entre trayectoria artística y atención al presente es precisamente uno de los ejes que la curaduría actual busca reforzar.
Bajo la dirección curatorial de Julieta Maroni, curadora de la Colección de Arte del BID y responsable también de diversas iniciativas de diplomacia cultural de la institución, el programa está impulsando una nueva etapa orientada a ampliar su proyección internacional y fortalecer su capacidad para generar alianzas. Su labor abarca desde exposiciones de la colección en embajadas en Washington hasta colaboraciones con sectores técnicos del Banco, organismos multilaterales e instituciones culturales, con el objetivo de explorar las conexiones entre arte, cultura y desarrollo.
En este sentido, la colección funciona como algo más que un acervo patrimonial. Como explica Maroni, aporta “una dimensión humana y cultural” a la misión de desarrollo del BID, recordando que el desarrollo no se mide únicamente en términos de infraestructura, financiación o crecimiento económico, sino también a través de las personas, la identidad, la creatividad y la capacidad de imaginar futuros distintos.
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Julieta Maroni
Esta visión concibe la colección como una herramienta de diplomacia cultural y como una plataforma para amplificar voces de América Latina y el Caribe. Actualmente reúne obras de artistas de 45 países, con una presencia central de los 26 países latinoamericanos y caribeños que pueden recibir financiación del BID para proyectos de desarrollo. Su política de adquisiciones busca combinar calidad artística, diversidad geográfica y pertinencia institucional. En palabras de Maroni, más que acumular obras, se trata de construir “una colección con propósito”: un conjunto capaz de generar diálogo, abrir nuevas formas de pensar el desarrollo y fortalecer el reconocimiento internacional del arte latinoamericano y caribeño.
Dentro de esta estrategia, el apoyo a artistas emergentes ocupa un lugar central. En los últimos años, la colección ha continuado incorporando obras de creadores cuyas prácticas dialogan con temas como la sostenibilidad, las oportunidades para todos, la innovación tecnológica, la resiliencia y las transformaciones sociales. La colección busca así evolucionar junto con la región, reflejando no solo su legado artístico, sino también las preguntas y tensiones que atraviesan su presente.
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Mireille Délice (Haití)
Esta voluntad de ampliar la representación se manifiesta también en la atención a la diversidad de voces presentes en la colección, entre ellas las de artistas mujeres. En este sentido, la política de adquisiciones del BID no se limita a incorporar nombres consolidados, sino que busca identificar prácticas sólidas y perspectivas capaces de enriquecer la lectura cultural, social y política de la región.
Un ejemplo reciente de esta vocación es la exposición Pluralidades Insulares, presentada en el Centro Cultural FIESP de São Paulo. La muestra reúne 157 obras de la colección y constituye el conjunto más amplio de piezas que ha salido de la sede del BID en Washington para exhibirse fuera de la ciudad. La iniciativa ilustra la voluntad de la institución de incrementar la circulación internacional de las obras y ampliar el alcance de la colección más allá de su sede.
En línea con esta estrategia, el BID está desarrollando nuevas iniciativas que conectan arte, conocimiento e innovación. Entre ellas destaca el IDB ArtCelerator Lab, una residencia internacional concebida para apoyar a artistas emergentes de América Latina y el Caribe mediante procesos de investigación, experimentación y diálogo interdisciplinario. El programa promoverá intercambios entre artistas, especialistas del BID y profesionales de distintos sectores para explorar temas vinculados al desarrollo económico, la sostenibilidad, la tecnología, el urbanismo y la inclusión social.
La evolución de la Colección de Arte del BID refleja una transformación más amplia en la forma de entender el papel de la cultura en nuestras sociedades. Si durante mucho tiempo el desarrollo se midió principalmente a través de indicadores económicos, iniciativas como esta recuerdan que la creatividad, el patrimonio y la producción artística también forman parte de la infraestructura de una región. La creciente integración del arte latinoamericano en museos, universidades y mercados internacionales confirma una realidad que el BID comenzó a reconocer hace décadas: que la cultura no es un elemento accesorio del desarrollo, sino uno de sus componentes fundamentales.

