EL RUIDOSO PRESENTE Y EL SILENCIO DE SIEMPRE, EN DEPARTAMENTO 112
Por Violeta Méndez
En la galería argentina dialogan Pariente, de Hans Petersen, y Redondita, de Juana Cravero: dos exposiciones que abordan lo que hemos vuelto cotidiano, y el deseo que no se escapa nunca.
Hans Petersen descubrió hace poco que el Che Guevara es pariente suyo. En realidad, el joven artista argentino sabía hace ya tiempo, pero lo certificó hace solo unos meses. Con aquel respaldo genético, sus obras irónicas, burlescas y denunciantes se presentan en la sala de la galería Departamento 112 bajo el título Pariente.
Se enmarcan en las paredes unas máscaras andinas con bordados en chino que dicen “made in china”, estampadas con caricaturas norteamericanas, o con banderas que no se corresponden con la lana que tocan. Sus títulos son irónicos, su aspecto confuso. Su andar es ahora preso de estos nuevos hilos que dibujan a Winnie the Pooh, Los Simpsons, o la cara de Marilyn Monroe sobre ellas. Se impone lo repulsivo de lo que se superpone. Lo que se encima busca contagiar su entorno con su inmensa voz, su pose, “su palabra precisa, su sonrisa perfecta”, canta Silvio Rodríguez en Ojalá. No se funden, queda uno sobre lo otro; uno debajo del otro.
La sala es ruidosa, cargada en obras y en ideas. El ruido capaz proviene del auxilio de estas máscaras que ya eran presas desde mucho antes. Pero esta podría no ser la única razón. En medio de la sala se encuentran dos enormes globos de PVC con forma falo-humanoide preparados para el amor o la guerra. Son Los hermanos cambio (2025), quienes no eligen su destino, sino que deciden por ellos aquellos que se atrevan a dominar con agilidad –o simplemente tirar– sus hilos de marionetas que cuelgan en los costados del espacio. Pero poca bulla proviene de los hermanos cambio, es su tribuna expectante a cualquier movimiento la que ensordece el ambiente. Como el público de una pelea de gallos, ansioso por ver si al que han apostado sus ahorros será el vencedor.
Tal vez el ruido no encuentra su explicación allí tampoco, sino en la insistente petición de la sala: “PROHIBIDO PERDER LA ESPERANZA EN EL ARTE ARGENTINO”, escrita en mayúscula en fotocopias tiradas en el piso. Al igual que la regla “Prohibido suicidarse en primavera” de Alejandro Casona, en ambas demandas, además de lo tragicómico, se evidencia el desesperado ruego final.
La sala de al lado, donde se encuentra Redondita de la artista Juana Cravero, no oye nada. Se encuentra suspendida en el tiempo, dentro de su propio globo. Son escenas mundanas, cercanas, reconocibles, pero aun así parecieran encontrarse en el mundo de los sueños. Son pausas: una infracción que deja a un jugador en el piso, un abrazo entre la 10 y la 19, el contacto de una tribuna que ya se conoce. Si a esas escenas se las mira mucho tiempo aquel pasto verde y fresco comienza a convertirse en barro, y se escucha el secreto entre la 10 y la 19, y se huele el olor a sudor de la tribuna. Aquí no se superpone nada, quizá sí se yuxtapone. Todo trata del encuentro: entre lo cotidiano y lo que vuela en globo, entre lo que quiere uno y su rival, entre el sueño que se le pide a la luna y la realidad del barro.
En la obra Skay se presencia en el fondo de la pintura una típica escena de fútbol, pero a ello se anticipa una imagen intensa y suave. Un perro y un hombre se miran, profundamente, intensamente, íntimamente. Sea uno dueño del otro o no, esa mirada había sido prometida, era una responsabilidad para contagiarse valentía. Se cuela en un mundo sacheriano un perro arltiano, como fauna barrial, como espejo o reflejo, como lo conocido.
Ya sea de manera impuesta o pautada, ya sea superpuesta o yuxtapuesta, en Departamento 112 luchan lo conocido y lo que irrumpe, juegan el sueño y lo que es rutina. La cercanía de un pariente lejano justifica la denuncia, y la mirada de un perro y un hombre acerca al mundo lejano.
Hans Petersen: Pariente y Juana Cravero: Redondita se expondrán hasta mediados de enero de 2026 en Departamento 112, Av. Sir Alexander Fleming 1543, Buenos Aires (Argentina).

