DESAFIANDO EL CANON OCCIDENTAL – EN CONVERSACIÓN CON MELANIE ROUMIGUIÈRE POR SU PARTICIPACIÓN EN PINTA LIMA
Argentina de origen, la curadora y ex directora del Departamento de Artes Visuales del Programa de Artistas en Berlín (DAAD) -residencia que conecta a creativos de todo el mundo con la escena cultural alemana- lleva años construyendo puentes entre las escenas artísticas de Latinoamérica y los grandes centros del arte occidental.
Este viernes Melanie Roumiguière da Silva participa en Pinta Lima FORO, en el conversatorio Curaduría en el escenario global, junto a Allegra Cordero di Montezemolo, Directora Asociada del Programa para América Latina de KADIST (Ciudad de México), y Alexia Tala, curadora independiente (Santiago de Chile); con moderación de Florencia Portocarrero, curadora de Special Projects de Pinta Lima. La mesa reúne prácticas curatoriales que operan de forma deslocalizada y generan puentes entre múltiples ciudades y escenas artísticas. Además, el sábado 25, Melanie dirige el laboratorio "La revisión de las colecciones como práctica artística" en el MALI – Museo de Arte de Lima.
En esta entrevista, Melanie comparte su experiencia trabajando en Berlín, su perspectiva frente a las tensiones entre lo global y lo local, y el esfuerzo por institucionalizar prácticas de apertura, discurso democrático y polifonía. También arroja luz sobre el potencial creativo de artistas y curadores migrantes.
Algunos puntos destacados:
- La necesidad de proponer, dentro de contextos occidentales, alternativas reales y concretas para cuestionar y desafiar el canon.
- La importancia de liberar categorías "universales" que son impuestas sin resonancia ni consideración por las experiencias reales de los actores artísticos.
Su mirada sobre Pinta y una valoración de los formatos que combinan el esfuerzo institucional con el incentivo comercial.
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Foro Pinta Lima 2025
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Empecemos desde el principio: ¿qué te llevó a Berlín? ¿Y qué hace que esa ciudad siga siendo tan fértil para el intercambio cultural?
A Berlín me llevó la oportunidad de trabajar para la colección de la Nationalgalerie, una de las colecciones públicas más importantes de Alemania. Yo llegué a Berlín en el 2012, entre entonces y ahora el panorama cultural ha cambiado bastante. Por un lado la ciudad y las escenas artísticas se comercializaron, y el clima político se desarrolló cada vez menos tolerante hacia una sociedad diversa. Sigue siendo una ciudad con una gran densidad de producción cultural y artística, pero en realidad vivimos en un momento de gran incertidumbre, y esto está causando que lamentablemente muchos agentes de la escena artística están decidiendo salir del país.
Fuiste Directora del Departamento de Artes Visuales del programa de residencias en Berlín DAAD, ¿por qué creés vale la pena crear tiempo y espacio para los artistas?
Justamente por lo previamente descrito, el programa genera oportunidades muy grandes para traer personas a la ciudad que mantengan el debate y discurso democrático vivo y traigan impulsos que nos hagan aprender.
¿Qué pasa —en ellos, en la escena, en la sociedad— cuando se aflojan las presiones comerciales?
Para mi siempre ese punto ha sido uno de los aspectos más valiosos de este programa, que viene sin ninguna demanda de producción y da la oportunidad de tener un espacio libre para desarrollar pensamiento y comunidad. Fuera del programa hay que decir que las presiones comerciales están aumentando cada vez mas, junto con muchos cortes serios de presupuestos estatales en el ámbito cultural.
¿Cómo ves a los artistas y curadores latinoamericanos en Berlín hoy? ¿Qué encuentran allí que no tienen en sus regiones de origen, y qué pierden o resignan al cruzar?
Hay muchas comunidades de países latinoamericanos dentro de la escena artística en Berlín. Al mismo tiempo hay poca visibilidad de sus prácticas y poco espacio institucional para ellas, tanto en instituciones como también en el marco académico de las escuelas de arte, hablando específicamente de la enseñanza. Esa tensión estructural en mi opinión es una de las razones por la cual hay pocos curadores de contextos latinoamericanos que puedan trabajar en la ciudad a largo plazo. Creo que muchos artistas migrantes encuentran en la ciudad una gran oferta y demanda por la producción artística a nivel de audiencias. El público en Berlín se caracteriza por tener mucha curiosidad y ser muy abierto. La combinación entre la falta de espacios institucionales y la gran oferta en producción cultural de la ciudad representa muchas veces dificultades para asentar una carrera a largo plazo. Las condiciones de vida a nivel económico han cambiado mucho, Berlín no es más la ciudad accesible que solía ser en este sentido. Hay muy pocos espacios libres.
El DAAD trabaja explícitamente en la internacionalización de la producción cultural y la des-centralización de discursos artísticos. ¿Por qué es importante sostener prácticas artísticas que operan por fuera —o que desafían— el canon del arte occidental?
Alemania está viviendo, junto con muchos países en Europa, una crisis política donde hay mucho riesgo de perder estructuras democráticas. Dentro de este contexto es crucial mantener perspectivas polifónicas, inclusivas, y antidiscriminatorias. Como sabemos de muchas censuras históricas a nivel global, la cultura puede servir tanto como un instrumento de propaganda política, como también puede tener gran potencial de resistencia y solidaridad en un sentido del bien común. También ese tipo de trabajo o meta representa muchas comunidades de las cuidad y el país, que siguen estando poco representadas o reconocidas. Traer artistas a la ciudad – con los discursos, las experiencias y prácticas que eso implica – es una forma muy coherente y sumamente importante para activar esas comunidades y darles espacios de intercambio y debate.
Se habla de perspectiva global, pero ¿cómo se evita que esa globalidad se convierta en homogeneización? ¿Cómo se construyen puentes sin borrar o subyugar lo local?
En el trabajo cultural dentro de instituciones en un contexto europeo occidental o norteamericano, la representación y el intercambio global solo pueden tener un efecto real cuando los sujetos de la producción artística o cultural no son solamente presentados, sino que estos llegan a tener un impacto real dentro de los sistemas estructurales de las instituciones que los presentan. En ese momento es donde se crean formas alternativas o nuevas de acercamientos y conocimientos. Idealmente esos procesos se reflejan en todos los sitios de acción de la mayoría global y no solo en un eje norte/sur. Hablando de la localidad, creo que es un desafío y un deber muy grande reconocer que lo local también crea conceptos de relevancia, que no son los mismos en todos lados. Es increíble cuando se logra hablar de esos conceptos bajo condiciones definidas por igualdad y curiosidad. Pero queda mucho por hacer en ese sentido y la persistencia es sumamente importante para lograrlo.
¿Encontrás una relación entre trabajar de forma transnacional y trabajar de forma transdisciplinaria? ¿Las dos lógicas se alimentan?
Creo que en mi experiencia esto es totalmente el caso. Reconocer prácticas y formas de pensar que se sitúan fuera de los límites o categorizaciones que, en su mayoría, nos impone la tradición occidental, significa para mí, automáticamente, aceptar también lo transdisciplinario y desarrollar a partir de ello nuevas formas de actuar y de percibir. Se trata de un potencial increíble que, en mi opinión, todavía se reconoce y aplica de forma muy marginal. Y no solo pensando en disciplinas artísticas, si no también incluyendo formas de generación de conocimiento fuera de la producción cultural en su sentido clásico.
Dentro de tu propia práctica, ¿hay algún proyecto del que estés especialmente orgullosa por su capacidad de generar ese tipo de intercambio genuino?
Podría nombrar varios, especialmente en el contexto de mi tiempo con el programa del DAAD. Pero el momento más pleno de generar un proyecto que se dedique a formular una propuesta concreta como cambiar los modos de categorizar y con eso separar prácticas y sus orígenes y influencias mutuas – más allá de épocas históricas o geografías – fue un capítulo dentro del proyecto “Hello World. Revisión de una colección”, que se mostró en Hamburger Bahnhof en 2018. Para ese proyecto extensivo, que cuestionó los criterios bajo los que han sido conformadas las colecciones de renombrados museos alemanes, yo curé el capítulo “Existencias entreveradas. Arte Popular, Surrealismo y Arquitectura emocional” en el que justamente seguimos la idea de la liberación de las categorías rígidas y universales, proponiendo la posibilidad de procesos paralelos y orígenes diversos – y en muchos casos apropiados.
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Hello World. Revisión de una colección, Hamburger Bahnhof, Berlín, 2018. Foto: Thomas Bruns
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Hello World. Revisión de una colección, Hamburger Bahnhof, Berlín, 2018. Foto: Thomas Bruns
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Hello World. Revisión de una colección, Hamburger Bahnhof, Berlín, 2018. Foto: Thomas Bruns
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Hello World. Revisión de una colección, Hamburger Bahnhof, Berlín, 2018. Foto: Thomas Bruns
Además de ser invitada por Miguel López participar en Pinta FORO el viernes 24, el sábado 25 vas a liderar en el MALI un laboratorio sobre colecciones y narrativas ocultas. ¿Cómo puede el intercambio artístico abrir nuevas lecturas y formas de narrar?
Yo creo que el intercambio tiene sentido cuando se crea un espacio de resonancia para las voces y los impulsos entre diferente lugares y sociedades. Por eso solo puedo repetir que una condición decisiva es la apertura y la voluntad sincera de incorporar a los procesos estructurales lo menos conocido o lo nuevo, así como la experiencia de otros actores. El pensamiento artístico, en particular, puede formular propuestas de solución y preguntas que amplíen, renueven los mecanismos y el funcionamiento institucionales. La capacidad de autocrítica y de impulsar las consecuencias que de ella se derivan son, por supuesto, una condición sumamente importante para el logro de un cambio. De eso va a tratar un poco el laboratorio del sábado, concentrándose en colecciones y archivos. Pero también la conferencia en la PUCP el miércoles, que se concentrara en la necesidad en crear espacios reales para la acción artística en las instituciones.
En ese cruce entre memoria e institución: ¿cómo deberían relacionarse las organizaciones comerciales —como una feria de arte— y las instituciones públicas para fomentar intercambios entre lo local y lo exterior, y también entre pasado, presente y futuro?
Yo creo que Pinta este año está mostrando un muy buen ejemplo en cómo relacionar las necesidades y oportunidades del mercado de arte con un intercambio profundo a nivel de contenido y trabajo institucional en un cierto contexto cultural. Creo que debería haber mucho más de este tipo de formatos y estoy muy agradecida de poder estar acá y formar parte de este proceso. Lamentablemente en un contexto alemán hay muy pocos formatos de este tipo y el mercado y la escena artística y curatorial dentro de un contexto latinoamericano es muy poco (re)presentada y (re)conocida, a pesar de las grandes comunidades de artistas viviendo y trabajando allá – volviendo a la primera respuesta en esta conversación.

