ENTRE LO SUAVE Y LO AMARGO: DOS EXPOSICIONES CURADAS POR IRENE GELFMAN
Suave es la noche, de Silvana Muscio, y Trago Amargo, de Claudia Coca y Claudia Casarino, proponen desde Buenos Aires dos modos distintos de habitar la memoria: uno sensorial y onírico, otro histórico y colonial.
Una sala envuelta en seda azul en La Boca y dos plantas sudamericanas cargadas de historia colonial en el centro porteño: la curadora Irene Gelfman presenta en Buenos Aires dos exposiciones simultáneas que, desde registros opuestos, interrogan la memoria.
En UNGALLERY (La Boca), Silvana Muscio transforma la sala en lo que Gelfman describe como "una cámara mental —un cuarto interior— donde la geometría dura del espacio cede a una sensación de suspensión". Suave es la noche reúne ocho fotografías en movimiento enmarcadas en dorado a la hoja y terciopelo, un video proyectado sobre tela y un diseño sonoro envolvente de grillos, viento y pájaros nocturnos. El título retoma un verso de la Oda a un ruiseñor de John Keats, y con él, la noción romántica de "capacidad negativa": la suspensión del intelecto crítico para permanecer en el misterio sin exigirle explicación. El azul impregna el espacio, un color que, según Yves Klein, no tiene dimensión, una puerta a lo ilimitado. La muestra puede visitarse hasta el 17 de octubre en Ministro Brin 1335.
En Central Affair (Florida 971), Claudia Coca (Lima, 1970) y Claudia Casarino (Asunción, 1974) inauguraron el 27 de agosto Trago Amargo, organizada por La Galería del Paseo en colaboración con Oficina de Proyectos. La muestra toma como punto de partida dos plantas sudamericanas —la quina y la yerba mate— cuya historia condensa siglos de extracción colonial. Coca rastrea el árbol de la quina a través de dibujos en carbonilla y pasteles sobre lino que invierten el sentido de la lámina botánica científica: donde el registro taxonómico desinfectaba al espécimen de su historia, la artista devuelve el contexto. Casarino, cuyo bisabuelo fue uno de los trabajadores esclavizados en los yerbales paraguayos, trabaja con ropa y textiles como membranas de memoria. En Domingo, seis camisas teñidas con tierra colorada dicen lo esencial por lo que falta —"son seis y no siete porque en los yerbales no había descanso dominical", escribe Gelfman. La séptima camisa, la del día libre, nunca existió.

