LOS JARDINES DE 6 ARTISTAS MUJERES EN LA BIENAL DE VENECIA 2026
“In Minor Keys” es el título elegido por Koyo Kouoh para la Biennale que hoy leemos en la luz filtrada de sus ramas. ¿Qué nos quiso decir? En esta nota reflexiono sobre su significado y las posibilidades que siembran las artistas al resignificar las estructuras de nuestra modernidad. Es un recorrido a través de seis obras como ecologías, según entendido este concepto por Isabelle Stengers, filósofa científica.
Koyo Kouoh y su equipo curatorial nos invitan a sintonizar las frecuencias de las claves menores: el momento donde la emoción es señal de vida y la metáfora se vuelve un túnel hacia mundos alternos, mundos insoñados pero detalladamente pensados. En el mapa curatorial que nos deja Kouoh, encontramos pequeñas islas con ecosistemas propios que se distienden entre mares políticos y corrientes de poder para crear oasis, jardines y manglares de posibilidad. Entre ellas navega, difuminada como por un caleidoscopio o distorsionada por las ramas de un gran árbol, la frecuencia de esta Biennale in minor keys.
Hace veintitrés años Isabelle Stengers describió su forma de pensar “en clave menor”. Considerándose hija de la filosofía, sostuvo que entender al mundo a través de grandes lógicas universales es sofocarlo; pero si lo vemos como un conjunto de ecologías, cada cual con sus particularidades, podemos explorar sus infinitas posibilidades. Esto mismo propone Kouoh en “si en la música las claves menores suelen asociarse con la extrañeza, la melancolía y la tristeza, aquí también se manifiestan su alegría, su consuelo, su esperanza y su trascendencia.” Por esto que la clave menor, proyectada como formas de sentir y pensar que se filtran a través de ranuras, es una expresión de deseo. Deseo que germina y florece donde hay amor y donde hay magia, según declara Toni Morrison, primera mujer afrodescendiente en recibir un premio Nobel de Literatura, retratada junto a Koyo Kouoh por María Magdalena Campos-Pons.
El jardín es una de las metáforas más antiguas que se usaron contra nosotras. Entre relatos bíblicos y poemas de amor y paraísos, nos engañan perfumes de primavera y nos construyen como dominios de tierra por poseer, germinar, decorar y encerrar. Del hortus conclusus en adelante, la tradición convirtió el cuerpo de la mujer en terreno y el terreno en propiedad. Los atributos de la clave menor le llegaron por filtraciones diáfanas: el afecto, el cuidado, la memoria, la capacidad de sostener lo vivo entre lo que se pudre. Las seis artistas en este artículo ocupan esta metáfora y la resignifican: el suelo se vuelve creación, el dolor color, y el tiempo conexión. El texto curatorial lo dice del jardín creole, “donde la libertad material e imaginativa surge dialécticamente en medio de la restricción”. El diálogo no debe sintetizarse, diría Stengers, y resolver la contradicción en un solo destino; así como las obras que esta nota describe no forman una sola coherencia femenina. Mas lo que predomina es la diversidad de poéticas que hacen sentir lo sutil de pertenecer.
Elegí seis obras que se corresponden con distintas formas de hacer y ser jardín. Dos de ellas desbordan el pabellón internacional: Sara Flores expone en el pabellón de Perú y Elegy fue censurada del pabellón de Sudáfrica por el ministro de Deportes, Arte y Cultura, Gayton McKenzie. Ese desborde es parte del argumento, siendo que las claves menores atraviesan perímetros institucionales como raíces levantando veredas de piedra.
El jardín como espacio
Stengers llama tecnología de pertenecer a lo que entiende a las personas no por lo que son sino por lo que devienen capaces de hacer, sentir y pensar porque pertenecen. Las tres primeras obras se construyen sobre esa lógica.
1. A la entrada del pabellón de los Giardini, el bestiario escultórico de Seyni Awa Camara construye un mundo de umbrales. Seres que no terminan de empezar a ser, hechos con arcilla de los manglares del sur de Senegal, que cuentan historias de parentesco, de alimento y de cuidado. El oficio le llegó por su madre y por una larga línea de escultoras en la familia. Es el ejemplo más literal de lo que Stengers llama pensar par le milieu, por el medio y con los alrededores: ninguna posición otorga el poder de desprender algo de su entorno particular. La arcilla, el manglar, la madre y la hija son el mismo gesto.
2. En Omo Elu, Tabita Rezaire cuelga paneles teñidos en índigo profundo que invocan a Yemoja, la madre yoruba del mar y de la vida, tormentosa y sanadora. Se le suma la trinidad de las madres: la Tierra bendice los jardines de alimento y medicina, la Luna la fertilidad, la madre Sol las constelaciones. La obra funciona como una isla afectiva, una pausa a las tensiones modernas para reconectar con la regeneración y el cuidado. Esta pausa es el reconocimiento de los afectos, de las relaciones que, según Latour, el europeo moderno ha cauterizado para hacerse libre de obligaciones ecológicas y folclóricas. El locus de devoción que crea Rezaire es entonces un jardín de fecunda posibilidad a partir de lo que nos arraiga.
3. Anatomy of the Magnolia Tree for Koyo Kouoh and Toni Morrison, por María Magdalena Campos-Pons retrata a la primera mujer africana en curar la Bienal junto a la primera mujer afrodescendiente en recibir el Nobel de Literatura. Grace Aneiza Ali describe la obra como anclada en la solidaridad entre mujeres negras. La magnolia sostiene la escena: una planta de veinte millones de años, robusta, que en el sur de Estados Unidos condensa la hospitalidad y cierta idea de elegancia femenina, dos cortesías que sirvieron durante siglos para decorar violencia. Campos-Pons le devuelve al árbol lo que supo ser, un símbolo de fertilidad para el pensamiento y la ciclicidad de la memoria.
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Awa Seyni Camara, installation view at the 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Andrea Avezzù. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Awa Seyni Camara, installation view at the 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Andrea Avezzù. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Tabita Rezaire, Omo Elu, 2024. 7 Indigo-dyed cotton panels, calabashes, water. Each textile: 140 × 200 cm. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Tabita Rezaire, Omo Elu, 2024. 7 Indigo-dyed cotton panels, calabashes, water. Each textile: 140 × 200 cm. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Maria Magdalena Campos-Pons with Anatomy of the Magnolia Tree for Koyo Kouoh & Toni Morrison. Aches archival paper, inkjet print, watercolour, ink, gouache on 8 framed panels, 335 × 305.3 × 4 cm. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Andrea Avezzù. Courtesy: La Biennale di Venezia
El jardín como forma de ser
Hay otros espacios, imaginativos y potenciales que se habitan hacia dentro. Un diseño que existe primero en la imaginación y después se proyecta; una nota compartida que viaja y sostiene dolores comunes, un cuerpo que es a la vez terreno deseado y territorio propio. Las tres obras que siguen son jardín, reclamo y expresión.
4. Sara Flores es la primera artista indígena en representar a Perú en la Bienal. Desde su pabellón, la episteme shipibo-konibo y su lenguaje heredado y vivo encuentran una escala de atención que ninguna vitrina etnográfica les había dado, y se apoya sobre el kené como sistema de transmisión, resistencia y comunicación entre mundos espirituales y materiales. Su confección se sostiene sobre abuelas, madres e hijas que materializan sus proyecciones imaginativas. Por eso me incomoda que el texto institucional hable de una “elevación” del kené. ¿Elevación hacia dónde, si el kené entero preexiste en potencia a nuestro mundo? La objeción es stengersiana: pensar par le milieu significa pensar sin materialidades fundantes ni horizonte ideal. Flores no propone otras formas de ver el mundo, sino la posibilidad de habitar Otros Mundos, como se titula la muestra, donde lo ancestral y lo futuro convergen en interconexión y eco-dependencia.
5. Amagugu, de Buhlebezwe Siwani, presenta a seis mujeres africanas desnudas y adornadas con flores y otros elementos divinos. Siwani se apropia del retrato y el claroscuro renacentistas para cristalizar historias de colonización y cuestionar la mirada objetivante sobre los cuerpos expropiados, reflejando las lógicas extractivistas que todavía imperan en las expectativas sobre cuerpos no hegemónicos. Stengers describe al moderno que se cree nómade, libre de entrar en cualquier territorio ajeno para juzgarlo o descalificarlo, rompiendo apegos sin pensarlo dos veces. Esa es la genealogía de la mirada que Siwani intercepta. El claroscuro fue la técnica con la que Europa aprendió a iluminar lo que quería poseer; acá la luz cae donde ella decide, y el nómade se queda en la puerta.
6. Elegy, de Gabrielle Goliath, por su censura y con desgarrante profundidad, se alojó en la Chiesa di Sant’Antonin, donde co-creó un espacio de luto para conmemorar en comunidad a víctimas de femicidio y genocidio. Una sola nota sostenida por distintas mujeres traza conexiones transgeográficas a través del dolor. Varios cuerpos, una voz, un llanto. El sonido enlaza las vidas perdidas por femicidio, homofobia y genocidio en una red de resistencia y memoria. En el libro de visitas, alguien dejó una dedicatoria a quienes sufren a pesar de su inocencia, a mujeres y niñas, a todas las personas que conviven con el dolor; otra persona agradeció la obra y pidió solidaridad. Stengers distingue entre ser parte y pertenecer, y dice que no se pertenece sin saber que se pertenece. Ese libro es el registro material de ese saber, y la obligación que genera: porque pertenezco, puedo y debo hacer lo que de otro modo no podría. Nosotras dejamos: “Lo encontramos de casualidad sin saber que lo estábamos buscando. Gracias. Desde Argentina, un abrazo a todas las mujeres”.
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Sara Flores. From Other Worlds. Pavilion of PERÚ. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Sara Flores. From Other Worlds. Pavilion of PERÚ. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Sara Flores. From Other Worlds. Pavilion of PERÚ. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Buhlebezwe Siwani. Amagugu, 2022. Five-channel digital 4k video installation, sound, 8 min 42 sec. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Andrea Avezzù. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Gabrielle Goliath, Elegy (three suites), 2025-2026, 8-channel video & sound installation, Installation views, Chiesa di Sant’Antonin, Venice (2026), Photos by Luca Meneghel. Courtesy of the artist
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Gabrielle Goliath, Elegy (three suites), 2025-2026, 8-channel video & sound installation, Installation views, Chiesa di Sant’Antonin, Venice (2026), Photos by Luca Meneghel. Courtesy of the artist
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Libro de visitas / Visitor book at the Chiesa di Sant’Antonin, Venice, summer 2026

