LO QUE HAY NO ES LO QUE VES: QUÉ FANTASMAS INSISTEN EN LA BIENAL DE VENECIA
De los fantasmas del ciberespacio a los Orixás, la Bienal de Venecia construye correspondencias entre mundos visibles e invisibles.
En medio del sinuoso laberinto de la exposición general de In Minor Keys en la Bienal de Venecia hay una sala. Unas fotografías flotando, colgadas, del artista Kader Attia dan inicio a la instalación. Su obra toma las creencias de un chamán vietnamita, que creía en las entidades espirituales del mundo virtual. Lo espiritual en lo virtual. Casi un oxímoron. ¿Hay fantasmas en el ciberespacio?
El autor William Gibson fue el primero en acuñar el término ciberespacio. Un universo virtual que tuvo su origen en la ciencia ficción, en su cuento Quemando cromo en 1982 y se desplegó en su popular novela Neuromante. Una manera de delinear la virtualidad y, sobre todo, arrojarle luz a las tramas invisibles que lo rodeaban. Una “alucinación consensual” –lo define el autor–, un no-espacio geográfico que se experimenta de forma colectiva. Exhibe un espacio narrativo que, también, puede alojar fantasmas.
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Kader Attia: Whisper of Traces, 2026. Installation: ropes, polished mirror fragments, dried flowers and herbs, sieves, paper weavings, projections, sound. Dimensions variable. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Kader Attia: Whisper of Traces, 2026. Installation: ropes, polished mirror fragments, dried flowers and herbs, sieves, paper weavings, projections, sound. Dimensions variable. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Kader Attia: Whisper of Traces, 2026. Installation: ropes, polished mirror fragments, dried flowers and herbs, sieves, paper weavings, projections, sound. Dimensions variable. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
La instalación Whisper of Traces busca esos rastros. Al atravesar las fotografías colgantes se entra en un laberinto con objetos, lianas, espejos y videos. Un bosque cibernético que devela otros seres. Estos virus informáticos ¿Son fantasmas autónomos? ¿Se quieren comunicar con nosotros? ¿Nos castigan? El fantasma es algo o alguien que insiste en volver, algo que pertenece al pasado y actúa en el presente.
Dentro de las historias de terror de Internet, la cultura creepypasta con Slenderman, Jeff The Killer o Momo retrataban a personajes nacidos en este ciberespacio. Las primeras leyendas. Eran ellos los que acechaban a los –en su momento jóvenes y ahora no-tan-jóvenes– adolescentes creciendo con Internet. Historias que se replicaban como virus. Se copiaban y pegaban. Iban tomando forma en blogs, foros, aficionados aportando a la narrativa de estos personajes. Profetas, quizás. Enviados especiales que se conectaban con estas entidades espirituales que decidían comunicar su mensaje: Internet es oscuro. En el ciberespacio viven otras cosas más allá de las máquinas que –ahora sabemos bien– no podemos controlar.
A su vez, en sus fotografías, el artista Estáquio Neves también invoca, a modo de presagio. Busca conectar pasado y presente a partir de las fracturas. Y por fracturas me refiero a sus manipulaciones en el cuarto oscuro para hacer visible la herencia esclavista de la comunidad que retrata en Minas Gerais que aparece en su serie Arturos o su investigación en las ruinas del Muelle de Valongo en Río de Janeiro que dio como resultado su serie Cartas ao mar. Los traumas que se transmutan en los cuerpos, qué quedan después de esas alteraciones. Una “meditación melancólica”, como escribe el curador Thiago de Paula Souza, para exponer aquello que está más allá de la percepción. O, como pensaba Mark Fisher sobre lo raro: “Aquello que no debería estar ahí”, y que sin embargo convive –de forma irreconciliable– con las imágenes que consideramos familiares. Fisher habló del collage como la unión de dos o más cosas que no deberían estar juntas. Una cuestión material e inmaterial yuxtapuesta. Sus fotografías, además del elemento archivístico, las rodea un aura espectral, una carga que flota, invisible, que encuentra densidad a partir de otras formas que escapan de lo físico.
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Eustáquio Neves . 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Eustáquio Neves . 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Eustáquio Neves . 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
El pabellón no oficial de Sudáfrica también reflexiona sobre cómo hacer presente lo ausente. En la escondida Chiesa di Sant’Antonin en Venecia, por fuera del circuito del Arsenale o los Giardini de la Bienal, la obra de Gabrielle Goliath despliega pantallas con videos de cantantes de ópera interpretando un lamento continuo, en memoria de personas desplazadas y asesinadas. Elegy (Elegía) aborda el femicidio y asesinato de miembros de la comunidad LGBTQ+ en Sudáfrica y la masacre de Herero y Nama del siglo XX perpetrada por las fuerzas coloniales alemanas en la actual Namibia. La video performance habría incluido también este 2026 un homenaje a la poeta palestina Hiba Abu Nada, asesinada en 2023 en Gaza junto a su hijo durante un ataque aéreo israelí, motivo por el que se despertó una polémica de censura por parte del gobierno sudafricano. “Una sola nota sostenida por distintas mujeres traza conexiones transgeográficas a través del dolor”, escribe Mercedes Abella en su reseña. La invocación que, al igual que el ciberespacio planteado por Gibson, trasciende el límite físico y busca un plano compartido, más allá de lo geográfico para apelar a las ausencias.
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Gabrielle Goliath, Elegy (three suites), 2025-2026, 8-channel video & sound installation, Installation views, Chiesa di Sant’Antonin, Venice (2026), Photos by Luca Meneghel. Courtesy of the artist
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Gabrielle Goliath, Elegy (three suites), 2025-2026, 8-channel video & sound installation, Installation views, Chiesa di Sant’Antonin, Venice (2026), Photos by Luca Meneghel. Courtesy of the artist
En una clave similar, el artista brasileño Ayrson Heráclito presentó esculturas de acero inoxidable arraigadas en la cosmología de África Occidental y cuyas insignias y tótems refieren a los Orixás, el conjunto de deidades del Candomblé. Porque cada persona es guiada por al menos dos Orixás: una cumple el rol primario y marcado, otro uno más sutil o secundario, asociado al apoyo emocional. El artista, además, presentó dibujos a tinta y acuarela para hacer visible la matriz completa de los guardianes primarios y secundarios combinados. Es un trabajo espiritual descubrir a tus propios guías y hacerlos presente en tu vida porque lo que hay no es siempre lo que se ve.
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Ayrson Heráclito. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Ayrson Heráclito. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
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Ayrson Heráclito. 61st International Art Exhibition – La Biennale di Venezia, In Minor Keys. Photo by: Marco Zorzanello. Courtesy: La Biennale di Venezia
En las leyes de correspondencia postuladas en el Kybalión, los distintos planos de existencia no están disociados, sino que se reflejan unos en otros. Como es adentro, es afuera; como es arriba, es abajo. Esta Bienal de Venecia insiste en lo que no está visible a partir de proyectos digitales, videográficos y espirituales que tuercen el sentido de las instalaciones monumentales que complementan.
Los fantasmas del ciberespacio de Attia, las memorias que subyacen en las fotografías de Estáquio Neves, las voces que Goliath hace cantar por los muertos y los Orixás que acompañan las esculturas de Heráclito son formas de establecer estas correspondencias entre pasado y presente, cuerpo y memoria, materia y espíritu, ausencia y presencia, lo humano y aquello que lo excede.
Cada uno con su propio dispositivo de invocación. Una manera de apelar a lo sutil, a lo subterráneo, a las claves menores. ¿Qué queda circulando a partir de lo invocado? ¿Qué fantasmas, qué memorias, qué historias regresan?

