ROMA DESCIFRA LA EVOLUCIÓN DEL ARTE MEXICANO A TRAVÉS DE DIEGO RIVERA
Una muestra en los Museos Capitolinos recorre el desarrollo del arte moderno mexicano, el muralismo y la búsqueda de una identidad nacional articulándola sobre la figura del maestro.
Diego Rivera y la construcción del arte moderno en México en el siglo XX recorre en los Museos Capitolinos - Villa Caffarelli de Roma la evolución del arte mexicano desde el siglo XIX hasta el XX con el hilo vertebrador de Diego Rivera (Guanajuato, México, 1886 – Ciudad de México, México, 1957). Con más de de 140 obras, junto a la treintena que corresponden al pintor se exponen creaciones de nombres clave para entender el proceso del nacimiento de una identidad artística nacional, como Rufino Tamayo (Oaxaca de Juárez, México, 1899 – Ciudad de México, México, 1991), Roberto Montenegro (Guadalajara, México, 1885 – Ciudad de México, México, 1968) o Frida Kahlo (Coyoacán, México, 1907 – Coyoacán, México, 1954), entre otros.
Con el objetivo de abarcar lo máximo posible la historia de Rivera, el recorrido se divide en cuatro secciones temáticas: la formación académica de Rivera y su relación con la tradición artística decimonónica; sus años europeos y su contribución a las vanguardias; el renacimiento cultural mexicano posterior a la Revolución; y la evolución del arte mexicano más allá del realismo social.
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Diego Rivera (1886-1957). Autorretrato, 1906. Colección Museo de Arte de Sinaloa. Instituto Sinaloense de Cultura. Gobierno de Sinaloa, inv. D-7300 © Banco de México
Así, uno de los temas centrales de la muestra versa sobre el muralismo mexicano, impulsado a principios de los años veinte del siglo pasado por José Vasconcelos y del que rivera fue uno de sus principales baluartes. En este sentido, la exposición cuenta también con obras de otros artistas clave del movimiento, como José Clemente Orozco: (Zapotlán el Grande, México, 1883 – Ciudad de México, México, 1949) y David Alfaro Siqueiros (Ciudad de México, México, 1896 – Cuernavaca, México, 1974).
Tras la Revolución mexicana, el arte se reveló como un elemento de importancia social con el que representar la historia del país y reforzar su identidad nacional. Los artistas recuperaron los elementos de las culturas precolombinas y las tradiciones populares, así como reivindicaron los movimientos sociales confiriendo protagonismo figurativo a campesinos, obreros y clases populares. Ese punto contrasta, pero de manera complementaria, con la relación que Rivera mantuvo con las vanguardias, especialmente el cubismo, y de su paso por Europa, de donde se trajo influencias que combinó con sus raíces para crear una expresión artística propia.
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Diego Rivera- Adoración de la Virgen, 1912-1913, Colección Manuel Reyero © Banco de México
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Frida Kahlo. Naturaleza muerta con perico y bandera, 1951. Colección privada, cortesía de AC Associates © Banco de México
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Saturnino Herrán (1887-1918). Joven con calabaza, 1917. Colección Andrés Blaisten
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Alexandre Zinoview. Retrato de Diego Rivera, 1913. Colección Pérez Simón
En general, la tesis que persigue la muestra, comisariada por Miguel Fernández Félix y Alberto González Torres, es que la modernidad artística mexicana fue el resultado de un proceso complejo que aunó tradición, experimentación y compromiso social y en el que la figura de Rivera ocupa un lugar central. No obstante, fue el artista uno de los principales puntales que ayudaron a difundir la cultura mexicana internacionalmente y a mostrar la instrumentalización del arte como herramienta de transformación social y de construcción identitaria de México.
Diego Rivera y la construcción del arte moderno en México en el siglo XX puede verse hasta el 13 de diciembre de 2026 en los Museos Capitalinos – Villa Caffarelli, Pl. Caffarelli, 2, Roma (Italia).
