FRIDA COMO ICONO: UN ARGUMENTO ENTRE LA TESIS Y LA TAQUILLA

La Tate Modern plantea una reflexión sociológica sobre la construcción de Frida Kahlo como icono cultural con un discurso curatorial que corre el riesgo de convertirse en una justificación teórica de una propuesta de enorme atractivo comercial.

octubre 23, 2026
4 min.
Álvaro De Benito
Por Álvaro De Benito
FRIDA COMO ICONO: UN ARGUMENTO ENTRE LA TESIS Y LA TAQUILLA
Rio Yanes Ghetto Fridas Mission

Dentro de la ola que inunda el mundo Frida, todavía parecen quedar ángulos por explotar. Si bien hay un consenso unánime sobre su poder icónico e iconográfico, las líneas de tesis expositivas que se antojan esenciales para descubrir esos nuevos ángulos suelen estar abocadas a un escrutinio mayor para determinar, con sospecha o sin ella, el objetivo ulterior de cada propuesta. La Tate Modern, en Londres, reclama en Frida: The Making of an Icon la figura de Frida Kahlo (Coyoacán, México, 1907-íbidem, 1954) desde una perspectiva sociológica en la que la mexicana se convierte en un icono pop.

 

La fridamanía en sí misma no es mucho más distinta que cualquier filia desbocada que acaba por desfigurar y desconfigurar ciertas realidades artísticas en aras de la popularidad. Como movimiento de percepción social, tiene todos los ingredientes para convertir a la artista mexicana en ese ídolo de masas a través de su iconografía. Por tanto, la intención curatorial de la institución británica —y que viene precedida por la producción y exhibición previa en el Museo de Bellas Artes de Houston— de revelar la influencia que ha tenido Frida Kahlo en otros artistas y movimientos posteriores a su generación tiene un interés notorio.

Partiendo de la importancia museística de exhibir una treintena de piezas de valor incontestable de la mexicana, la muestra arroja otras cuestiones relacionadas más allá de lo puramente relacional. Primero, la cuestión Frida en sí misma, de interés indiscutible desde la historia del arte y más desde su historiografía. La segunda, el exceso de propuestas vinculadas a su figura y que se transforma en un saco donde cabe todo. La tercera, el riesgo de oportunismo y de revertir el supuesto teórico de la exposición en una excusa comercial.

 

Sobre la historiografía de Frida Kahlo poco más se puede añadir a estas alturas. En un momento en el que es imperativo construir nuevas tesis, la construcción del mito puede tener interés sociológico. ¿Puede fracasar una concienzuda tesis explicativa? Sí. De hecho, la muestra se absorbe desde ese impacto visual y de una posible premisa por la cual una mayoría de visitantes que saldrán de ella no necesitan saber qué es lo que los ha llevado ahí.

 

Esto conecta irremediablemente con lo abrumador de la propuesta de despliega la Tate Modern: un extenso recorrido que va acumulando géneros y estilos, generaciones y corrientes, en el que se encuentra la conexión con Frida. En esa cosmología museística, algunas de las líneas trazadas parecen cumplir más con ampliar la nómina que sustenta la razón de la fridamanía que con una razón de ser. Obviamente, estas son minoría —nadie a estas alturas mirará mal la ampliación de horizontes— y se debaten entre una serie de conexiones que desvelan un hilo argumental de lógica cronológica y de admiración hacia la figura de la mexicana.

Por último, cabe preguntarse la cuestión sempiterna de la razón ulterior de la muestra. Si su fin era un planteamiento didáctico y divulgativo desde una perspectiva sociológica, el resultado puede ser decepcionante. Y no tanto por el esfuerzo, sino por la asunción de ciertas premisas que hacen de esta un blockbuster desde su concepción que puede llegar a considerarse como un intento de enmascarar, precisamente, el objeto de la tesis: una dimensión comercial que puede imponerse sobre su planteamiento teórico.

 

La popularización de Kahlo no constituye una degradación de su legado y su fenomenología puede, y debe, seguir siendo objeto de estudio, sea como artista, referencia feminista o sujeto de resistencia. Pero la construcción del icono de Frida Kahlo es tan atrayente como si alguien decide explicar el simbolismo de la flora y fauna en sus retratos: la presencia de las obras de Kahlo garantizará el interés del público, independientemente del argumento que se emplee.

 

Y ahí es donde, precisamente, se corre el riesgo de entenderla como oportunista, cuando el análisis de su figura termina alimentando aquello que pretende explicar. El discurso curatorial corre el riesgo de convertirse en parte de la maquinaria que produce y reproduce el mito y que se haya articulado un meta-argumento para justificar la necesidad de Frida: The Making of an Icon más allá del presupuesto comercial.

 

Frida: The Making of an Icon puede verse hasta el 3 de enero de 2027 en la Tate Modern, Bankside, Londres (Reino Unido).

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