PROPUESTAS LATINOAMERICANAS EN CONTEMPORARY ART NOW PARA DESCIFRAR UN FUTURO

Contemporary Art Now en Madrid apunta hacia la pintura contemporánea y certifica el valor de la latinoamericana a través del programa FOCO LATAM. Las propuestas de artistas de la región que nos deja la cita revelan un panorama diverso donde se presentan diversas exploraciones materiales, memoria cultural e imaginarios contemporáneos.

marzo 07, 2026
De Benito, Álvaro
Por De Benito, Álvaro
PROPUESTAS LATINOAMERICANAS EN CONTEMPORARY ART NOW PARA DESCIFRAR UN FUTURO
Nicolás Romero Escalada. Morfo galería. Feria CAN. Foto: Álvaro de Benito

Contemporary Art Now se inscribe en la intensa semana del arte de Madrid con una posición ventajosa frente a otras citas por su (casi) especialización en pintura. Sin ser un marco estricto, las posibilidades de la feria en este aspecto son un activo para el análisis de este lenguaje y sus posibilidades en un contexto global en el que la presencia latinoamericana emerge con fuerza. Con el programa FOCO LATAM como pivote referencial, comisariado por Christian Viveros-Fauné, el conjunto expuesto a lo largo del pabellón en esta cita ofrece indicios reveladores de cómo se dibuja el futuro de la pintura en la región.

 

FOCO LATAM como sujeto

 

La chilena Isabel Croxatto Galería redistribuye su participación en dos de los programas propuestos con una selección de cinco artistas que se aventuran en la exploración e indagan las posibilidades de los límites pictóricos. Para la sección FOCO LATAM, Carolina Muñoz (Santiago, Chile, 1985) y Nelson Hernández (Caracas, Venezuela, 1991) emplean la instrumentalidad del cuerpo transformado y una contemplación de una cultura global fragmentada en sus propuestas. En ese diálogo, su producción reactiva el concepto curatorial del surrealismo con una visión que se aleja de la historiografía para ahondar en las sensibilidades contemporáneas.

La práctica pictórica elegida por la costarricense Klaus Steinmetz Arte Contemporáneo pone sobre la mesa conceptual de FOCO LATAM una comprensión del surrealismo y los nuevos surrealismos como una derivación necesaria de fuerza casi sanadora o de mirada hacia otro lado para superar el dolor. Producto de esta intención, la pintura de José Luis Carranza (Lima, Perú, 1981) propone figuras deformes para explorar el temor y la tensión entre hombre y naturaleza. Esos escenarios oníricos y representaciones de relaciones que resultan perturbadoras se hacen más evidentes en la obra de Sofía Ruiz (Costa Rica, 1982) en la que se destaca, además, un grave uso del color como fuente de remarcado carácter. Javier Rossel, por su parte, consigue capitalizar los lenguajes oníricos y cercanos al surrealismo pop para implantar, de nuevo, la semilla de lo inquietante.

The Cuban Art Hub reúne a tres artistas que reflejan en sus prácticas distintas vertientes estéticas y conceptuales de la práctica contemporánea cubana. Giselle Lucía (La Habana, Cuba, 1993) crea composiciones textiles que deben mucho al diseño gráfico y la abstracción en su lenguaje, pero que conecta esencialmente con entornos cotidianos donde, ante la ausencia de presencia humana, el espectador es invitado a completar la narrativa. Carlos Zorrilla (La Habana, Cuba, 1990) investiga los movimientos migratorios y, mediante el uso de capas y paisajes difuminados, alude a una memoria alterada por la experiencia física. Arlés del Río (La Habana, Cuba, 1978) presenta una producción donde la arena del litoral se transforma en escultura y en composiciones sobre lienzo al ser esparcidas. Sus Suspiros de arena ahondan en lo material y lo gestual, mientras que su lenguaje escultórico aborda la identidad.

La materialidad parece también consolidarse en la propuesta de la argentina Praxis, que aterriza una selección de cuatro artistas con producciones que dialogan en ese sentido sin dejar de lado la memoria cultural. Josefina Concha (Santiago, Chile, 1984) rescata en su obra textil cierta herencia latinoamericana de lo artesanal para indagar en la relación de esas prácticas manuales con la naturaleza y su transmisión intergeneracional. En la misma línea, Diego Miccige (Buenos Aires, Argentina, 1995) retoma esas prácticas desde la cosmovisión andina, empleando esta circunscripción antropológica para cuestionar la identidad y el territorio. Candelaria Fernández Coya (Buenos Aires, Argentina, 1991) revisita el imaginario de la mitología clásica desde el dibujo, soporte y técnica que se adecúan perfectamente al replanteamiento contemporáneo de esas iconografías. Elisa Lutteral (Buenos Aires, Argentina, 1990), por su parte, examina las posibilidades de lo orgánico y lo natural como materialidad y reflexiona en su producción sobre los procesos vitales de transformación y muerte.

La madrileña MORFO accede al programa específico de FOCO LATAM con el trabajo de dos artistas argentinos. Mauro Agustín Cruz (Buenos Aires, Argentina, 1991) combina pintura y dibujo para plasmar lo emocional a través de referencias y simbología de carácter íntimo. Su planteamiento figurativo está poseído por lo onírico, dando lugar a escenas ambiguas donde el paisaje y su personal iconografía se encuentran para formar el todo. Contrasta enormemente con la actividad de Nicolás Romero Escalada (Buenos Aires, Argentina, 1988) que transita más por el rupturismo pop y por la simbología extrapolada para hacer de la semiótica una herramienta reflexiva sobre la experiencia colectiva.

Julianny Ariza (Santo Domingo, República Dominicana, 1987) monopoliza Fundación NaVa con una reveladora propuesta con la que analiza la historiografía del Caribe y su memoria. Desde una postura vinculada a la perspectiva taína y afrocaribeña, cuestiona la veracidad de los relatos oficiales en sus pinturas y materiales escultóricos, incidiendo en su alto valor simbólico para proponer escenarios alternativos de coexistencia y recuperar lo invisibilizado.

Más allá de la lupa

 

Fuera del programa comisariado, Isabel Croxatto Galería cuenta con Mara Faúndez (Santiago, Chile, 1984), Joaquín Reyes (Concepción, Chile, 1984) y Vicente Prieto Gaggero (Santiago, Chile, 1992) en la apuesta para la sección general de la galería. Si bien la diferencia especial sobre la propuesta de FOCO LATAM puede incidir, se atisba cierta conexión narrativa entre unas y otras, apuntalando sistemas pictóricos repetitivos y cerámica esculpida para investigar la corporeidad. Esa reflexión conjunta de la propuesta puede entenderse más allá de lo reflexivo y acercarse a cierta acción sobre las dinámicas del presente.

 

Santiago Paredes (Buenos Aires, Argentina, 1988) propone en Al-Tiba9 una obra definida por una intensidad cromática especial para transformar escenas cotidianas que lo acercan a un lenguaje pop de contundente eficiencia. En esa esencia se mueve también Rolankay (Santiago, Chile, 1986), con una obra narrativa de síntesis formal. Valentina Vacó (Caracas, Venezuela, 1991), por el contrario, se decanta en Espacio Líquido + La Gran por la creación de escenas irreales donde la cualidad pictórica resalta en la producción, llegando a consolidar imaginarios personales atravesados por una marcada carga onírica.

 

Contrasta enormemente la delicadez gráfica de María Ossandón (Santiago, Chile, 1988) en Galería Trinta, mientras que Fausto Amundarain (Caracas, Venezuela, 1980), en Galerie Heike Strelow, rescata la narrativa visual del dibujo para reclamar un lenguaje colorista en el que las viñetas se convierten en relatos. En el mismo espacio, Isabelle Borges (Recife, Brasil, 1994) reivindica la expresión geométrica y abstracta, cargando de significado cromático sus composiciones. Quizá como postura intermedia, con tendencias más rígidas en su figuración, pero sin llegar a la propia geometría técnica, se encuentra la obra de Flora Castiglia (Buenos Aires, Argentina, 1993) en la francesa Masurel.

 

En un lenguaje radicalmente distinto, Jorge Luis Santos (La Habana, Cuba, 1973), en Gallery RED, aboga por lo expresivo en sus obras de gran impacto que aluden a la fragilidad de lo formal, al igual que Viani (Gustavo Viani, São Paulo, Brasil, 1991), en la misma galería, con su trabajo gestual y catártico que plasma una resistencia autobiográfica.

 

La obra de Eduardo Enrique (Caracas, Venezuela, 1990), en Shankay, aparece radicalmente intervenida por las estrategias de marketing a las que le dota, desde diferentes técnicas, de la capacidad crítica y política para analizar el poder y su impacto en la cultura. La instalación de Chavis Mármol (Oaxaca, México, 1982) en Ventana Project emana también esa confrontación necesaria con un aspecto visual muy diferenciado, al igual que Irving Ramó (Quito, Ecuador, 1992), quien comparte espacio, pero que se expresa desde una pintura de marcado carácter expresivo.

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