MAGALI ARRIOLA Y JOSÉ LUIS BLONDET: “CUESTIONAMOS LO QUE SUCEDE HOY PORQUE NOS HACE PREGUNTARNOS QUÉ SUCEDERÁ MAÑANA”

Los comisarios plantean en su programa en ARCOmadrid 2026 la exploración del futuro como pregunta abierta. Desde el juego teatral, donde del diálogo entre obras y artistas plantean duda y crítica sin certezas, invitan a “tener los ojos abiertos” frente a lo que está por venir.

marzo 02, 2026
De Benito, Álvaro
Por De Benito, Álvaro
MAGALI ARRIOLA Y JOSÉ LUIS BLONDET:  “CUESTIONAMOS LO QUE SUCEDE HOY PORQUE NOS HACE PREGUNTARNOS QUÉ SUCEDERÁ MAÑANA”

José Luis Blondet (Caracas, Venezuela, 1963) y Magali Arriola (París, Francia, 1970) abordan el futuro como un espacio abierto de reflexión y preguntas en ARCO2045: El futuro, por ahora, el proyecto comisariado que plantean en ARCOmadrid 2026. Más allá de plantear un programa centrado en el provenir, articulan sobre las obras elegidas un conjunto de certezas improbables y respuestas a través de distintos lenguajes, invitando al espectador a explorar territorios inciertos. La dimensión política del optimismo, la relevancia de lo performativo y la forma en que las piezas marcan zonas de duda señalan cómo contemplar nuevas perspectivas. Mientras, el déjà vu y “tener los ojos abiertos” se antojan vitales para el cuestionamiento del presente sin dejar de mirar hacia adelante. Y todo desde un diálogo que no pretende asentar un retrato autoritario del futuro.

 

Álvaro de Benito [Á.B.] Partiendo del texto curatorial, podemos llegar a suponer que ese futuro sobre el que gira la propuesta se lee de manera más romántica, con ese optimismo que subyace, pero también percibirse como un arte alejado de lo político, de la ideología.

 

Magali Arriola [M.A.] Lo político no necesariamente tiene que ser ideológico, y viceversa. Hoy en día, en un contexto donde la situación global es tan compleja, sostener o proponer una forma de optimismo puede entenderse como una afirmación política en sí misma. En términos generales, ese gesto ya implica una toma de posición. Además, cada una de las piezas, a su manera, contiene también una dimensión política.

 

José Luis Blondet [JL.B.] En el texto de sala aludimos a la imagen de David Lynch haciendo el reporte del tiempo diariamente para concluir, con mucha frecuencia, anunciando que desde su ventana el futuro se ve brillante y luminoso.  Hay mucha dulzura de su parte, pero quizá no hay tanto optimismo en el fondo. Como curadores de este proyecto, nos interesa la duda sobre el futuro, sobre la predicción, más que el futuro mismo. La predicción es puro presente.

 

Á.B. Giambattista Vico aludía a que los ciclos vuelven, pero siempre con aprendizaje. Desde ahí, podemos atisbar mínimamente cómo va a ser ese futuro. Conectando con lo que comentaba Magali, ¿cómo se puede plantear un ciclo optimista o dulce sin que esté marcado por la beligerancia y la polarización que controlan toda narrativa actualmente?

 

JL.B. Como curadores, no nos animó para este proyecto un argumento filosófico. Una parte de la beligerancia extrema en la que estamos viene de leerlo todo en clave de opuestos. Siempre hay matices e, incluso en los tonos más trágicos, hay destellos luminosos. Casi ninguna obra hace un planteamiento cabal sobre el futuro o el presente, sino que proponen espacios un poco más relajados donde los extremos se ablandan y ofrecen una perspectiva ligeramente distinta. Creo que ese es el alcance al que muchas de las obras aspiran.

 

M.A. También hay, volviendo a David Lynch, cierta provocación. Este optimismo en realidad es una provocación, más aún en el momento en que lo hace él, en la pandemia y todo el pesimismo: parece que todo va mal, pero pensemos que tiene que haber una luz más allá del futuro inmediato. Lo que hicimos fue generar un marco curatorial narrativo donde pudiesen acomodarse estas propuestas, que cada una a su vez abre otro espacio de lectura. Todas tienen un marco de interpretación y flexibilidad, en donde pueden discurrir individualmente, pero también conversar entre ellas.

 

Á.B. Eso es especialmente relevante, porque habláis de “un entramado de obras y discursos promisorios y poco fiables”. ¿Cómo se traduce una propuesta de esa tipología en un programa especial?

 

JL.B. Los diferentes registros de la propuesta no buscan paranoia ni desconfianza, sino estar alerta y fiarse poco de estas visiones y anticipaciones del futuro. Nos interesa ese juego teatral y celebramos lo escénico y la performance, con obras como Los hombres argentinos de Liv Schulman, explorando lo trágico, lo cómico, el drama o la farsa. No queremos argumentar filosóficamente sobre el futuro, sino presentar una selección con cierta coherencia, humor, malicia y escepticismo. Ese “por ahora” insiste en lo volátil de esta conversación: promesas que quizá no se cumplan, profecías que nadie cree y certezas que se desvanezcan, ancladas en el presente.

 

M.A. Para que una propuesta artística tenga relevancia, siempre debe plantearse como una pregunta abierta. Las propuestas que plantean una pregunta y dan la respuesta inmediatamente están casi condenadas al fracaso, porque su vigencia es muy puntual y se vuelven poco interesantes. Una obra de arte debe plantear una pregunta que cada vez que te la hagas te invite a buscar una respuesta. Una obra cerrada sobre sí misma se vuelve poco interesante. Las obras seleccionadas plantean preguntas vigentes: en el momento en que dices presente, ese presente ya se esfumó, pero en el momento en que dices pregunta, esa pregunta sigue ahí sin una respuesta inmediata: se cuestiona sobre lo que sucede hoy, que a su vez nos hacen preguntarnos qué sucederá mañana.

 

JL.B. Y ha sucedido antes. Con esa idea de la pregunta abierta, recuerdo ahora a María Zambrano hablaba de la diferencia entre poesía y filosofía —y mucho del arte se mueve entre esas dos esferas—. La parafraseo, con perdón: la filosofía busca activamente hacer preguntas. La poesía es la respuesta a preguntas que aún no sabemos formular.

 

Á.B. Tomando algunas de estas cuestiones, también se plantea cierta fragmentación. Cada obra puede tener su propia pregunta y respuesta, pero dentro de la coherencia que requiere un programa, ¿esa fragmentación aporta distintas respuestas? ¿Creéis que vuestra propuesta plantea las preguntas, pero corre el riesgo de ofrecer las respuestas?

 

JL B. Más que proponer respuestas, las obras de ARCO2045: El futuro, por ahora se plantan sobre áreas grises, espacios misteriosos. Son preguntas, respuestas y confusión a la vez. Esa ha sido un poco la guía. No seguimos un criterio filosófico sobre el futuro, partimos de propuestas sólidas de artistas que nos interesan. Algunas obras fueron hechas para la exposición, pero muchas ya existían, independientemente de una exposición sobre el futuro. Nosotros armamos una puesta en escena, planteamos una secuencia para enmarcar esta conversación. Partimos de la solidez de las obras, su materialidad, sus lenguajes y sus complejidades. No de si reflejan o ilustran una pregunta o respuesta conectada con la idea del futuro.

 

Á.B. Al acercarse a programas curatoriales, se corre el riesgo de pecar de visión muy estricta. ¿Es posible abandonar esa rigidez en aras de conectar propuestas existentes que parecen fragmentadas y que no responden a un criterio de tesis, sino más a una coherencia menos palpable?

 

M.A. La práctica curatorial opera de la misma manera que la práctica artística. Tanto en el arte como en la curaduría, un argumento que solo ilustra una realidad se vuelve una ilustración, no una curaduría. Se usan herramientas distintas, pero al final se trata de articular preguntas o argumentos que generen más cuestionamiento. Cuando nos respondemos la pregunta que planteamos, se pierde el interés y se convierte en ilustración. Una obra que solo ilustra un problema no tiene mucho futuro, y en una curaduría, si solo das la ilustración del problema que planteaste, estás hablando sola.

 

JL.B. Si fuera así, no haría falta una exposición ni la confrontación con la materialidad de las obras, con su estética, sus paradojas o con lo que experimentas frente a esos objetos. Ahí está el teatro, o el aspecto espacial que estamos evocando: disponer las obras de cierta manera en el espacio, precisar por dónde entras, qué te encuentras primero, qué ves que no puedes ver, qué opciones de recorrido tienes, qué diálogos se generan entre dos o tres obras. Es en esos entramados, para mí, donde está la esencia de nuestro proyecto

 

Á.B. ¿Cuánto de político o instrumental pueden contener las estéticas híbridas? Hablo quizá desde un punto de vista social. No sé si responde a una conexión clara, pero puede relacionarse subconscientemente con la diversificación de respuestas, con estados de ánimo, con cómo afrontar un futuro que no es tan futuro.  ¿podemos considerar esa hibridación dentro de vuestro programa como una dualidad que mantiene abiertas esas puertas?

 

JL.B. La hibridación no fue un criterio en la selección. Fue algo que encontramos.

 

M.A. Operamos de manera bastante orgánica, basada en artistas, lenguajes y planteamientos que nos parecían relevantes para lo que sucede hoy. Pensamos en sus obras y en la práctica, más que cumplir con parámetros de identidad, geográficos o raciales, aunque sí los tuvimos en cuenta de alguna forma. Nos dimos cuenta de que terminamos con más representación de mujeres que de hombres, pero nunca nos planteamos que eso fuera ni el futuro ni el presente, pero sucedió.

 

Á.B. Aun desde esa posición orgánica, se percibe una notable presencia de artistas latinoamericanos. No sé si ese resultado no buscado puede ser analizado como un retrato del arte contemporáneo, donde lo latinoamericano puede plantear todas estas cuestiones esenciales.

 

JL.B. Hay dos obras de Barbara Bloom que juegan con la imagen de la anticipación. Se trata de instalaciones que parecen la escenografía para un retrato--uno de Marilyn Monroe, el otro de Glenn Gould. Ves un telón de cartulina de fondo, una silla, objetos. Son elementos periféricos que permiten imaginar ese retrato que ya sabemos que no va a existir sino como anticipación. Así que no quisiera que nuestra propuesta se leyera como un retrato de nada. Con respecto a América Latina, lo que dice Magali sobre la organicidad en que surgieron estas preguntas es muy cierto: ¿cuántos artistas de América Latina hay? Seis de dieciocho, la tercera parte, los conté justo antes de la entrevista para ofrecerte la cifra, pero no fue un criterio.  No hay ningún aspecto totalitario que sugiera “esto es el futuro”.

 

Á.B. Me parece muy optimista, sinceramente, calcular el futuro a 2045 cuando ni siquiera sabemos lo que va a pasar mañana…

 

M.A. Arco 2045 no viene de nosotros, sino que es el nombre de la sección propuesto por la propia feria. Lo que nos plantearon fue que el sector se llama 2045 por el 45 aniversario, pero también es un guiño a lo que podríamos imaginar de qué va a suceder en 2045, es decir, el futuro de la feria dentro de 20 años.

 

JL.B. Y también, como habrás notado, hay un giro. En los últimos años había un país invitado o una región —la Amazonía, el Caribe—, un aspecto geográfico. Ahora nos estamos moviendo del espacio al tiempo. Creo que en las próximas ediciones habrá un interés en sugerir grandes temas para aterrizar en una presentación en el contexto de la feria, y en este caso, el tema ha sido el futuro.

 

M.A. Justamente, se trata de moverse de la representación geográfica o regional. Es decir, romper con eso y empezar a visionar qué puede venir después de las representaciones geográficas que son las que han cobrado el protagonismo en los años recientes.

 

Á.B.: ¿Cuál es la herramienta más relevante que propondríais al visitante para afrontar vuestro programa?

 

JL.B. Tener los ojos abiertos. El artista guatemalteco Rodolfo Abularach exploró durante décadas la imagen del ojo  y lo convirtió en el motivo central de su obra.  Ojos-personajes, ojos-pitonisas, ojos-planetas... Escogimos una amplia selección de sus trabajos que estarán instalados a lo largo de la exposición, en los dos pabellones.

 

M.A. Abularach es un artista que seleccionamos de manera que su obra fuera emblemática para este sector, por lo que plantea José Luis: la importancia de la mirada. Es la mirada al futuro. Y que nadie crea las profecías que estás viendo en el futuro.

 

Á.B. En ese sentido, ¿hasta qué punto no hemos sabido releer el futuro?

 

M.A. Creo que hemos podido ver e interpretar hasta el punto que nos lo ha impedido nuestra ceguera. Pecamos todos los días de ella. Vemos hasta donde podemos y luego nos damos la vuelta. Ahí, también la idea del déjà vu en el argumento curatorial es importante. Cuando tienes un déjà vu no sabes si acabas de ver algo o si te adelantaste a lo que estaba sucediendo.

 

JL.B. La obra de Dave McKenzie, Noticias de ayer, encarna con potencia y poesía la paradoja del déjà vu: un pedestal con un ejemplar del periódico de ayer. Se actualiza diariamente, pero siempre está un día atrasada. Vaya imagen del futuro. Y del presente.

 

ARCO2045: El futuro, por ahora es uno de los programas comisariados de ARCOmadrid2026, que se celebra del 4 al 8 de marzo de 2026 en los pabellones 7 y 9 de IFEMA, Avenida del Partenón, 5, Madrid (España).

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