EL DESPLAZAMIENTO Y LA ATENCIÓN EN LA PINTURA INTIMISTA DE KATE ARAOZ
Parte 2
Pintar un solo árbol: método, paciencia, relación
La serie Cartografía sensible de un árbol (2021–2024) es central para comprender su pensamiento pictórico. Allí aparece el árbol de pistacho del “Jardín des Plantes” en París, un ser al que la artista regresa a visitar desde hace cuatro años, repintándolo en óleos monumentales de 200 × 160 cm, pero también en pequeños formatos.
En torno a esta relación concreta con el pistacho del Jardín des Plantes va tomando forma la búsqueda de la artista. Araoz decidió conectarlo con su primer impulso creativo, el de su experiencia migratoria entre dos mundos. De este modo veremos el punto neurálgico en la obra de la artista, porque pintar un solo árbol durante años se inscribe como proyecto en una tradición de atención lenta —inspirada en el botánico Francis Hallé— donde el dibujo se convierte en una forma de pensamiento.
“Una planta es como encontrarse con alguien con quien no tenemos un lenguaje en común. Por eso debemos pasar mucho tiempo observando”, (Hallé, citado por Araoz). 1
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Kate Araoz. Le printemps, 2023. De la series en curso Cartographie sensible d’un arbre. Acrílico sobre tela, 200×160 cm. Cortesía de la artista
No es sólo un tema de destreza técnica sino de acceder a un estado. Visto como método, exige entrar en sincronía con una temporalidad no humana. Los árboles crecen fuera del tiempo social, sin prisa, sin días laborales; dibujarlos configura un acto de desincronización respecto de la velocidad contemporánea. Aquí resuena el filósofo Boris Groys, cuando afirma que ciertos proyectos artísticos generan un “tiempo otro”, suspendido del flujo cotidiano, que fuerza al artista a experimentar temporadas de desincronización con el flujo del tiempo social.2
Las pinturas de Araoz parecen desplegarse en ese tiempo, donde hallan un lugar de encuentro y conciliación. Los cuatro grandes óleos titulados El verano, El invierno, La primavera y El otoño establecen un paralelo directo entre el ciclo de las estaciones y el ciclo emocional de la artista en un país adoptado. El árbol de pistacho se convierte así en sustituto afectivo del Illimani para la artista, un interlocutor silencioso y centro de gravedad emocional.
El árbol como sujeto de relación
El punto de partida es un encuentro, no un concepto. En la introducción de su tesis de maestría Un geste infini. Les arbres, l´espirit, la peinture (2022)3, Araoz afirma que su investigación nace de una relación sensible y afectiva con un solo árbol: el pistacho de 300 años. Esto marca una diferencia importante, porque significa que no parte de una teoría, sino que primero aconteció un vínculo intuitivo y corporal con el árbol, para que después emerjan las preguntas filosóficas, ecológicas y pictóricas.
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Kate Araoz. L'automne, 2023. Serie Cartografía sensible de un árbol. Óleo sobre lienzo, 200 x 160 cm. Cortesía de la artista
Ese orden es clave para entender su obra: el árbol no es metáfora, ni símbolo, ni motivo naturalista; es un sujeto de relación. Este es el desplazamiento respecto a la tradición de paisaje, donde la naturaleza ha sido representada como escenario, identidad o territorio. En cambio, Araoz propone una epistemología relacional basada en la atención y la lentitud.
El árbol como doble identitario
En la mencionada tesis, la artista relata que descubrió en el árbol una suerte de autoreflejo (“était comme moi, un étranger”), y vio en él un extranjero que ha echado raíces lejos de su lugar de origen. Ya que el pistacho, a saber, es un árbol que proviene de Asia menor y Asia occidental. Por tanto, de este modo redondea lo que había iniciado como una temática ligada al desarraigo y la vida entre dos lugares. El pistacho le permite articular una mitología personal en la que el árbol no es ni “parisino”, ni “andino”, sino que está más allá de lo local. El proyecto trasciende la discusión sobre origen y nacionalidad.
Pensar como una montaña
La otra serie del trabajo de Araoz, Pensar como una montaña, dialoga con la cordillera andina: Illampu, Ancohuma, Sajama, Parinacota. Pero nuevamente, no lo hace desde la tradición del paisaje descriptivo ni desde la reivindicación identitaria. Araoz se aproxima a la montaña como entidad anímica, como contenido de conciencia más que como forma física.
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Kate Araoz. Prière de feuilles, 2024. Óleo sobre lino, 18 x 14 cm. Cortesía de la artista
El resultado son dibujos a tinta de notable delicadeza, donde la montaña aparece casi despojada de materia, como si emergiera desde un estado de introspección. La artista misma lo explicita: "Intento entender las ideas que son propias de mi tierra natal, Bolivia, que provienen del conocimiento ancestral, así como las teorías de pensadores de diferentes partes del mundo", (Araoz, 2025).
Pulso Mágico: rituales mínimos para un mundo vivo
Todos estos elementos han sido sugeridos en la mencionada exposición Pulso Mágico (Fundación Patiño, 2025), en la que Araoz extendió su investigación pictórica hacia la instalación, integrando hojas de eucalipto recogidas en La Paz y proponiendo al visitante escribir deseos en ellas. Podría tratarse de una referencia al k’intu andino.
Lo que Araoz activa es una ecología afectiva, donde humanos y plantas intercambian energía simbólica. Este gesto mínimo dialoga con los hilos invisibles del poeta paceño Jaime Sáenz y con la ética del “cuidado mutuo” de la artista investigadora Elvira Espejo. La sala expositiva se convierte en un paisaje íntimo: un lugar donde la naturaleza no es tema, sino co-autora.
Hacia una pintura del encuentro
La obra de Kate Araoz tiene el potencial de afirmarse como una contribución singular a la pintura latinoamericana contemporánea. Evitando representar a la naturaleza para pensar con ella, su método propone un descentramiento radical del yo: no mirar el árbol, sino dejar que el árbol transforme la mirada.
En un tiempo saturado de imágenes rápidas, su práctica es una defensa de la lentitud, del gesto paciente, del vínculo sostenido. Su pintura no pertenece ni a Bolivia ni a Francia, y precisamente por eso amplía la geografía emocional del paisaje.
Araoz nos recuerda que habitar un mundo vivo exige atención.
Y que la atención —esa forma primera del cuidado— también es pintura.
1 Araoz, K. Participación en el panel “Giro curatorial amazónico: miradas desde la creación” (2021), organizado por los Centros Culturales de España en Lima y La Paz. Disponible: https://www.youtube.com/watch?v=WiCqPxhEwFE
2 Groys, B. Volverse público. “La soledad del proyecto”. Caja negra, Buenos Aires, 2020.
3 Katherine Araoz, Un geste infini. Les arbres, l´espirit, la peinture (2022), tesis de maestría presentada en la Escuela de Artes en la Sorbonne, (págs. 6–10).

