LAS GALERÍAS ESPAÑOLAS ANTE LA DISPARIDAD FISCAL: UNA DESVENTAJA COMPETITIVA
Las galerías de arte españolas protestan con un cierre temporal ante una política fiscal que las sitúa en desigualdad competitiva frente a sus competidores europeos. El colectivo reclama la aplicación de una tasa reducida para garantizar su competitividad mercantil y seguir reforzando y reinvirtiendo en el tejido cultural.
A lo largo de esta semana, las galerías de arte españolas no abrirán sus puertas. Esta es una de las formas más visibles de protesta que el colectivo de galeristas ha planteado en su constante reivindicación por un trato fiscal más justo por parte del gobierno de España. En esa reclamación, la principal demanda se circunscribe a la aplicación del denominado IVA cultural, es decir, la imposición de un gravamen del 10% frente al 21% actual.
Un conflicto de casi tres lustros
En el caso español, el gobierno presidido por el conservador Mariano Rajoy incrementó en 2012 el IVA cultural del 8% al 21% en pleno reajuste fiscal, dejando a las galerías de arte en “una posición de desventaja estructural respecto a sus homólogos europeos”, como resalta la feria Art Madrid, “convirtiendo al país en uno de los pocos de la zona euro donde no se aplicaba un IVA reducido a las actividades culturales”. Precisamente, y según datos de la Fundación Arte y Mecnazgo, desde ese año el mercado del arte español permanece estancado, sin crecimientos perceptibles sobre ese 1% del sector mundial que mantiene desde entonces.
En 2017, también bajo el gobierno Rajoy, se reforma de nuevo la normativa tributaria, pero solo parcialmente. El laberinto comienza a tomar forma y, con exclusiones y excepciones, se dan situaciones como la de que si la venta la realiza el artista de manera directa se tributa al 10%, pero las galerías siguen tributando al 21%, aunque la referencia de su mediación se circunscriba al margen comercial obtenido en la operación. Es decir, o como resume Art Madrid, “el principal canal de comercialización del arte contemporáneo soporta, en muchos casos, la carga fiscal más alta de toda la industria cultural española”.
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Vista de Art Madrid 2025, en Madrid (Prensa de Art Madrid)
Hoy, con el gobierno de coalición encabezado por el socialista Pedro Sánchez y, al frente de Cultura, por el progresista Ernest Urtasun, la situación fiscal para las galerías sigue siendo la misma. Detrás del debate, dos son los factores que afloran como clave: la actividad meramente mercantil de la galería de arte y la actividad cultural, gratuita y de acceso universal a la cultura que estas realizan. Aunque, como apunta Carolina Alarcón, vocal de la Junta Directiva del Consorcio de Galerías de Arte Contemporáneo, “la elevada fiscalidad sobre la venta de obra dificulta el equilibrio”.
Una desventaja en el mercado
La actividad mercantil, el punto más conflictivo, es el que los galeristas resaltan como una gran desventaja frente a su competencia europea. Frente a la fiscalidad española del 21% de IVA, Alemania aplica el 7%, Portugal el 6%, Bélgica el 6%, Francia el 5,5% o Italia el 5%. Así, en un mercado común como el que ofrece una Unión Europea incapaz de armonizar el IVA, las desigualdades entre actores de una misma industria se incrementan dependiendo del estado miembro en el que tributen la misma actividad. Incluso con la supuesta ventaja competitiva de la conexión latinoamericana y España, el efecto fiscal mantiene a raya un potencial crecimiento por esa vía.
“Las galerías compiten en el mismo circuito internacional, y una diferencia fiscal así influye directamente en la decisión de compra. Ante una misma obra o una oferta comparable, el comprador tiende a optar por el país donde la carga fiscal es menor, lo que nos sitúa en una clara desventaja”, resume Alarcón.
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Ernest Urtasun, ministro de Cultura de España. Foto: La Moncloa Gobierno de España
Esta idea se repite en los galeristas a título individual. “Para un coleccionista internacional, pagar un 5% o un 21% marca una diferencia muy clara en el precio final”, comenta Paloma Jaramillo, directora de La Cometa, una de las galerías con representación tanto en Latinoamérica como en España. “Esto hace que España deje de ser competitiva como plaza de mercado del arte y que ferias, artistas y compradores desplacen sus operaciones a otros países con condiciones fiscales más favorables”.
“Esto ocurre con mucha frecuencia y provoca la pérdida de muchas ventas. Si un artista español está representado por una galería en España y otra en un país con IVA reducido, comprarlo aquí es más caro”. Quien comenta es Joana Roda, directora de la barcelonesa Bombon Projects, quien también señala una problemática eminentemente local: “Para artistas representados solo en España, sus precios quedan en desventaja frente a otros similares, lo que dificulta internacionalizar su trabajo”.
Una casuística europea distante de la latinoamericana
La problemática surge a la hora de comprar los entornos mercantiles más cercanos. El libre tránsito de mercancías que permite la membresía de los estados de la Unión Europea se convierte en un arma de doble filo. Frente a la facilidad logística, la diferencia abismal en las políticas fiscales de los estados aboca a las galerías españolas a una clara desventaja.
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Interior de La Cometa en Madrid (Foto de la Cometa)
Esta circunstancia, por ejemplo, no ocurre en Latinoamérica, donde la presión fiscal es casi igual de alta, pero muy similar entre estados. Sofía Arbeláez, coordinadora de La Cometa en Madrid y abogada, argumenta la casuística diferente en cada entorno comercial: “En Colombia, aplica el régimen general del IVA del 19% a la venta de obras de arte sin ninguna exención común, pero, aunque claramente encarece la operación, no es comparable con la situación española. La mayor parte de Latinoamérica maneja un porcentaje similar, por lo que no se ve tan drásticamente afectada la competencia como sucede en Europa”.
Al igual que La Cometa, El Apartamento, Zielinsky, Fernando Pradilla o Travesía Cuatro y tantas otras galerías, Crisis ha apostado por duplicar su apuesta y mantener presencia a ambos lados del Atlántico. Juan Luis Balaerzo, uno de sus directores, señala que “el régimen tributario peruano no es ideal, con una equivalencia del IVA del 18% —superior a la media latinoamericana—, pero aún más bajo que en España”. Y es en ese juego de cifras donde aparece lo rocambolesco: “Nuestros clientes en Madrid con base en Lima tienen más incentivos para que realicemos la venta en Perú, no en España, y luego realizar una importación, donde sí aplica el IVA reducido español de 10%... pero el impuesto a la renta que nosotros pagamos se queda en Perú”.
Ferias como balanza trucada
Donde mejor se puede tomar el pulso al resultado de la política fiscal española sobre las galerías de arte es en las ferias, escenario donde se confluye y se puede ver, de manera evidente, el problema. “Esta diferencia”, comenta Alarcón, “tiene un impacto constante en la competitividad, especialmente en ferias internacionales y en un mercado cada vez más globalizado, donde las comparaciones son inevitables”.
Sergio Sancho, director y fundador de CAN Art Fair Madrid & Ibiza, aterriza la problemática: “Nuestros clientes, que son las galerías, no están compitiendo en igualdad de condiciones. Tengo galerías que son francesas, italianas o portuguesas que están con unos tipos de IVA reducidos y se podría dar incluso la circunstancia de que un mismo artista representado en las tres tenga precios totalmente distintos”.
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Vista general de ARCO 2025. (Prensa de ARCO)
Para quien apuesta por una feria, esa desigualdad en el punto de partida de la negociación es crítica. Roda lo subraya: “Cuando literalmente estamos unas al lado de las otras, se ve más la diferencia. De cara al coleccionista local, somos mucho menos competitivas que las galerías de países vecinos. Tener un IVA del 21% hace que los locales prefieran comprar fuera de España, lo que empobrece tanto el número como la calidad de las galerías y, en general, el tejido cultural local”.
El resultado es siempre negativo cuando se compara. Jaramillo desvela cómo se intenta resolver esta problemática, aunque sea casi siempre a costa de la galería. “Hay ventas que están prácticamente cerradas, y cuando el cliente confirma su interés y ve el precio final con el 21% de IVA, decide echarse atrás. Obliga muchas veces a renegociar precios, asumir parte del impuesto o perder operaciones frente a galerías de otros países europeos”.
“Al final”, completa Sancho, “las galerías están en un momento donde venden más, y sería más factible que en las ferias también hubiera una participación mayor de esas galerías. Sería una manera de beneficiar a un ecosistema muy grande”.
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Montaje de obras en galerías durante ARCO 2025. (Prensa de ARCO)
Impacto en el entramado cultural
Sancho observa las posibilidades sociales de una bajada impositiva: “Deberíamos tomar conciencia y ver que es un problema y que si se incentiva el acceso a la compra de arte, la cultura va a ir calando en la sociedad de manera muchísimo más grande”. En esa vertiente social, el impacto en las ventas determina, en cierta medida, la contribución al tejido cultural por parte de las galerías.
“La actividad comercial es la que permite sostener la labor expositiva, la investigación y la promoción de los artistas, pero cuando se ve penalizada, se reducen los recursos para desarrollar proyectos de forma continuada”, comenta Alarcón. “Las galerías no solo son espacios comerciales sino también culturales, ofreciendo actividades abiertas al público de manera gratuita”. La frase de Roda resume la función vertebral de estos espacios en la construcción de ese tejido.
En un mundo cada vez más polarizado, la segmentación es complicada, mucho más en una línea con dos extremos enfrentados en la retórica política actual. “No se trata de separar cultura y mercado”, apunta Jaramillo, “sino de incentivar que los recursos y éxito comercial de las galerías repercutan y se reinviertan en la labor cultural. Un IVA reducido sería una herramienta para fortalecer el ecosistema artístico”.
El imaginario lujoso del arte
“La aplicación de este tipo impositivo refleja una falta de reconocimiento del arte y del trabajo de las galerías como parte esencial de la cultura. La reducción del IVA sería una medida importante, pero también un posicionamiento simbólico clave por parte del Gobierno, que permitiría equiparar a las artes plásticas y al trabajo de las galerías con el resto de sectores culturales y dejar de tratarlas únicamente como un mercado o un bien de lujo”.
Alarcón resume en esta última frase el problema de la doble faceta de la galería de arte, y apunta a uno de los factores que pueden esconderse detrás del porqué: “La aplicación del 21% responde, en gran medida, a una concepción del arte como un bien de lujo y no como un bien cultural”. La consideración de la obra artística como un activo de lujo planea siempre sobre una industria que se concibe, en numerosas ocasiones, como elitista.
Las actividades alrededor de la compra de arte por coleccionistas o los precios alcanzados en subastas, así como la concepción por parte de economistas como valor refugio, han potenciado ese imaginario colectivo. “A veces se concibe a los coleccionistas como si fuese gente ultra rica, y muchas veces no nos damos cuenta del esfuerzo tan grande detrás de una compra de arte”, subraya Sancho.
Perjuicio en el ecosistema
Jaramillo también indaga en el impacto de esa concepción: “El mito del arte como un sector elitista es una percepción equivocada que invisibiliza el esfuerzo de muchos compradores, la precariedad de muchos artistas y galerías, y el trabajo de toda la cadena profesional que sostiene el ecosistema del arte contemporáneo”.
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Vista general del interior de Bombon Projects, en Barcelona. (Foto Roberto Ruiz)
“Entender las artes visuales como objetos de lujo es no comprender realmente lo que hacemos en las galerías”, apunta Roda. “La venta es solo una parte muy pequeña de nuestro trabajo y permite que los artistas continúen creando y que las galerías mantengan la persiana abierta, ofreciendo proyectos culturales arriesgados, muchas veces antes de que entren en instituciones y de manera gratuita”.
Es una idea que reitera esa condición del espacio. “Las galerías no solo venden obras: apoyan carreras artísticas, producen exposiciones, participan en ferias internacionales y dinamizan el tejido cultural. Tratar fiscalmente al arte como un artículo de lujo es desconocer su función social y cultural”, completa Jaramillo, dejando sobre la mesa la incapacidad, deliberadamente o no, del Ejecutivo por interpretar su reclamación.
Medidas de visibilización
“Por una semana, dejamos de ser espacios culturales gratuitos abiertos a toda la ciudadanía, como forma de protesta y llamada de atención”, repiten desde cada galería que se suma a este parón. Pero esta acción es solo el inicio. Desde las galerías, comenta Alarcón, se ha anunciado “la interrupción de toda colaboración gratuita con las instituciones españolas durante un periodo de tres meses”.
Esta nueva acción reclama también el lugar de los espacios en el entramado institucional, una acción a veces invisible en una visión general. “Las galerías realizamos habitualmente trabajos no remunerados para las instituciones y esta medida busca visibilizar una labor profesional esencial que no siempre es reconocida ni valorada”, apunta Alarcón. Eso sí, “la medida —matiza Roda— no afecta a adquisiciones: si hay conversaciones de compra, se seguirá colaborando”.
El parón tiene también algo de carácter performativo. Casi de manera conceptual, la imposición busca también ese objetivo del proceso y la acción en aras de un cambio. ¿Está en peligro la industria y el sector en España? Los agentes creen que, de manera evidente, la fiscalidad puede hacerles más complicada la existencia frente a su competencia europea. El cierre es un primer paso en esa reivindicación, que tendrá también escenarios de visibilidad en los foros planeados en ferias como ARCO o en CAN. “Si no se nos escucha, habrá más medidas; no nos queda otro remedio que luchar por nuestra supervivencia como sector”, sentencia Alarcón.

