EL MERCADO DEL ARTE EN 2025: ESTABILIZACIÓN INCIPIENTE EN UN CONTEXTO TODAVÍA FRÁGIL
Por María Sancho-Arroyo, especialista en mercado de arte
23 de diciembre de 2025
A medida que 2025 llega a su fin, resulta evidente que la tan esperada recuperación del mercado global del arte todavía no se ha consolidado. El moderado optimismo que marcó el cierre de 2024 dio paso rápidamente a una realidad más compleja.
Lejos de una recuperación clara, el mercado atravesó una primera mitad del año especialmente débil, condicionada por tensiones geopolíticas y económicas, entre ellas la introducción de nuevos aranceles en Estados Unidos, que afectaron tanto a la confianza como a la circulación internacional de obras.
No fue hasta el mes de noviembre, con una serie de resultados más sólidos en subasta, cuando el sentimiento comenzó a estabilizarse. Esta mejora de final de año también se reflejó en los resultados comunicados por Christie’s y Sotheby’s, que cerraron 2025 con un volumen de ventas superior al del año anterior.
Sin embargo, mientras el mercado de subastas mostró una evolución positiva en el tramo final del año, el panorama en el sector de las galerías fue más desigual. Durante Miami Art Week, por ejemplo, los comentarios sobre ventas fueron mixtos, aunque no peores que los del año anterior. Esta divergencia entre un mayor dinamismo en subasta y una actitud más cautelosa en el sector galerístico no puede interpretarse como una recuperación, pero sí abre la posibilidad de que 2026 marque, de forma gradual, una mejora más consistente.
Conviene subrayar que gran parte de este análisis se apoya en datos de subastas, que siguen siendo la fuente más transparente y sistemática disponible. En cambio, la evaluación del mercado de galerías se basa necesariamente en información cualitativa, obtenida a partir de conversaciones, experiencias compartidas y percepciones del sector, ante la ausencia de cifras públicas completas.
Colecciones de un solo propietario y sus repercusiones
Uno de los elementos más relevantes de 2025 ha sido la importancia de las subastas de colecciones de un solo propietario en la evolución del mercado. Estas ventas aportaron liquidez y contribuyeron a restablecer la confianza, al confirmar que la demanda sigue siendo fuerte cuando las obras se perciben como excepcionales.
No obstante, esta dinámica requiere matices. En muchos casos, estas colecciones salieron al mercado no porque los propietarios consideraran que el contexto era especialmente favorable, sino porque factores externos hacían inevitable la venta. La planificación sucesoria, la gestión de herencias y los relevos generacionales han sido elementos determinantes. En este sentido, la reactivación observada ha estado impulsada menos por el optimismo que por la necesidad. Aun así, estas subastas han ayudado a reajustar expectativas y a redefinir referencias de precios tras varios años de corrección.
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María Sancho-Arroyo in conversation with collector Armando Andrade. FORO Pinta Miami 2025. Courtesy Pinta
Divergencia entre segmentos y búsqueda de estabilidad
Más allá de las cifras globales, 2025 pone de manifiesto un mercado con comportamientos claramente diferenciados según los distintos segmentos. Las ventas en subasta de arte contemporáneo descendieron respecto al año anterior, con una corrección especialmente visible en el segmento de artistas emergentes. A pesar de este ajuste, la presencia de estos artistas en las subastas sigue siendo elevada en términos históricos, lo que confirma que el interés por nuevas voces y por identificar a la próxima generación relevante no ha desaparecido. Lo que sí se observa es una demanda mucho más selectiva, en la que los compradores priorizan con mayor claridad la calidad, la consistencia de las trayectorias, la validación institucional y la solidez del contexto en el que se inscriben los artistas, frente a aproximaciones más especulativas que caracterizaron etapas anteriores del mercado.
Esta divergencia permite una lectura más amplia. El aumento de la oferta de obras maestras modernas puede interpretarse como consecuencia de un cambio generacional, con la progresiva redistribución de colecciones formadas hace décadas. Las dinámicas sucesorias, la fiscalidad y las preferencias de los herederos desempeñan aquí un papel clave. Al mismo tiempo, este retorno a nombres consolidados responde también a una reacción habitual del mercado en contextos de incertidumbre: los coleccionistas tienden a concentrarse en artistas con validación institucional, presencia museística y un historial probado tanto en grandes colecciones como en el mercado. Frente a ellos, los artistas contemporáneos más recientes suelen percibirse como más expuestos a la volatilidad. Desde esta perspectiva, la fortaleza del segmento moderno no responde únicamente a factores de oferta, sino a una redefinición de las prioridades del coleccionismo en un contexto de mayor cautela.
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Auctioneer Oliver Barker conducts the sale of Frida Kahlo’s El sueño (La cama) (1940) at Sotheby's in New York on 20 November. Courtesy Sotheby's
Garantías, riesgo y corrección de la especulación
La debilidad persistente del segmento de artistas emergentes y de trayectoria reciente ha ido acompañada de una reducción en el uso y el valor de las garantías en subastas. Este cambio resulta especialmente significativo. Durante la última década, las garantías contribuyeron a sostener niveles de precios elevados y a alimentar dinámicas de carácter especulativo. Su repliegue en 2025 apunta a una actitud más prudente tanto por parte de las casas de subastas como de los garantes externos, así como a una revisión más amplia del riesgo asumido. Lejos de interpretarse como una señal negativa, este ajuste puede entenderse como una corrección necesaria. Un mercado menos dependiente de mecanismos financieros y de expectativas a corto plazo podría resultar, a medio plazo, más equilibrado y sostenible, aunque ello implique menores volúmenes de actividad.
Cambios estructurales en el sector de las galerías
Más allá de los resultados en subasta, 2025 ha estado marcado por transformaciones estructurales profundas. El aumento de los costes operativos y la presión sobre los márgenes han llevado al cierre de numerosas galerías o a la revisión de sus modelos de negocio, mientras que otras han optado por expandirse de forma selectiva o explorar nuevos mercados. El resultado no es tanto un colapso como un proceso de contracción y reinvención.
En paralelo, se ha intensificado la consolidación y la colaboración. Galeristas, asesores y plataformas están uniendo recursos, compartiendo infraestructuras o formalizando alianzas. Dado que el volumen total del mercado del arte se ha mantenido prácticamente estancado durante más de una década, esta búsqueda de escala y eficiencia responde a una dinámica estructural más que coyuntural.
Nuevas geografías y nuevos coleccionistas
Desde el punto de vista geográfico, el auge del Golfo ha sido uno de los fenómenos más relevantes del año. La inversión en infraestructuras culturales, la llegada de grandes ferias internacionales y la expansión de la actividad en subasta reflejan una clara ambición de posicionar la región como un eje central del ecosistema artístico global. Más allá de la estrategia cultural, el Golfo ofrece además lo que el mercado del arte busca de forma constante: liquidez, nuevos coleccionistas con alto poder adquisitivo y un marco regulatorio percibido como más flexible que el de muchos centros tradicionales.
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Doha. Courtesy Art Basel
Junto a ello, el mercado del arte latinoamericano ha mostrado una fortaleza notable, especialmente en subasta, con una mejora significativa del rendimiento pese al contexto global incierto. El creciente interés internacional y la demanda sostenida de artistas modernos y contemporáneos clave indican un mercado en proceso de consolidación y mayor visibilidad. América Latina comienza así a percibirse no como un segmento periférico, sino como una parte integral de la búsqueda global de nuevos coleccionistas y nuevas fuentes de demanda.
Asimismo, resulta relevante señalar el aumento de la actividad entre coleccionistas indios, reflejado en sólidos resultados en subasta para artistas modernos y modernistas del país. En conjunto, estos movimientos apuntan a un progresivo reequilibrio del mercado, que se aleja de sus centros occidentales tradicionales hacia una estructura más diversificada y multipolar. A todo ello se suma un cambio generacional profundo. Los coleccionistas más jóvenes están transformando la demanda mediante prácticas de coleccionismo transversal que diluyen las fronteras entre arte, lujo, diseño, activos digitales y objetos culturales. Para los actores tradicionales del mercado, este fenómeno representa tanto una oportunidad como un desafío: categorías, jerarquías y formatos de venta deberán adaptarse para seguir siendo relevantes en un entorno impulsado por nuevas geografías, nuevos capitales y nuevas formas de coleccionar.
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Exhibition view of “LATINOAMERICANO. Modern and Contemporary Art from Malba and Eduardo Costantini Collections” in Qatar. Courtesy Malba
Mirando hacia adelante
En conjunto, estos factores sugieren que 2025 será recordado como un año de transición, marcado por un proceso de ajuste y redefinición del mercado. La mejora observada en la segunda mitad del año era esperada tras varios ejercicios de ajuste; la verdadera prueba llegará en la primera mitad de 2026, cuando se verá si la recuperación de la confianza se traduce en una actividad sostenida.
Lo que ya parece claro es que el mercado del arte que emerge de este periodo no será simplemente una réplica del pasado. Los cambios en la oferta, la renovación generacional, la expansión geográfica y la evolución de los modelos de negocio están redefiniendo sus bases. Para quienes sepan adaptarse, los próximos años podrían ofrecer no solo una recuperación, sino un nuevo equilibrio.

