EL 21% DE IVA AHOGA A LAS GALERÍAS ESPAÑOLAS
España aplica un 21% de IVA a las ventas de arte en galerías, un tipo vigente desde 2012. Mientras tanto, otros sectores culturales cuentan con tipos reducidos: el cine, el teatro o los conciertos tributan al 10%, y los libros al 4%. Las galerías de arte contemporáneo, en cambio, siguen sujetas al tipo general. Desde hace años, el sector reclama un “IVA cultural” que equipare el arte tanto al resto de industrias culturales como a los estándares europeos. Hasta ahora, esa rebaja no ha llegado.
Una brecha creciente en Europa
El problema no es teórico. En Europa, varios países ya han ajustado el IVA aplicado al arte. Italia lo ha reducido al 5%, Francia al 5,5%, Portugal al 6% y Alemania al 7%. Estas rebajas han sido posibles gracias a la Directiva (UE) 2022/542, que permite a los Estados miembros aplicar tipos reducidos a determinados bienes culturales. España, por ahora, no lo ha hecho.
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ARCO Madrid 2025. Cortesía IFEMA Madrid
En una Unión Europea sin fronteras interiores, esa diferencia se traduce en una desventaja directa. Un coleccionista que compara ofertas en Madrid, Milán o París no piensa en tipos impositivos. Mira el precio final. Un ejemplo sencillo lo deja claro. Si una galería española ofrece una obra por 10.000 euros netos, con el 21% de IVA el precio final asciende a 12.100 euros. En Italia, con un 5%, esa misma obra costaría 10.500 euros; en Francia, con un 5,5%, 10.550 euros.
ARCO y la visibilidad del problema
La diferencia se hace especialmente evidente en ARCO Madrid, donde las galerías españolas compiten junto a otras internacionales que operan con tipos de IVA mucho más bajos. Cuando un coleccionista compara obras del mismo artista, o piezas en rangos de precio similares, lo que manda es la cifra final. Si una galería española aplica un 21% y una italiana un 5%, la diferencia se refleja de inmediato en la factura. Y puede inclinar la decisión de compra.
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ARCO Madrid 2025. Cortesía IFEMA Madrid
Las galerías no trabajan con márgenes amplios. Asumen costes de producción, transporte, participación en ferias, publicaciones y promoción internacional. Un IVA más alto no es un detalle técnico: hace más frágil todo el sistema.
Un sector que no se siente escuchado
El 21% de IVA en el arte está vigente desde 2012. Desde entonces, las galerías españolas han reclamado una y otra vez un tipo reducido para el sector. La demanda cobró fuerza después de que el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, señalara durante su visita a ARCO 2024 que se estudiaría una reforma. Desde entonces, el sector ha mantenido numerosas conversaciones con el Ministerio de Cultura y con el de Hacienda, pero no se ha traducido en ninguna decisión efectiva.
La frustración se convirtió en protesta. Durante ARCO 2025, las 71 galerías españolas participantes protagonizaron un apagón de diez minutos en sus stands. Fue un gesto simbólico, pero el mensaje no dejó lugar a dudas.
En diciembre, artistas y galeristas se reunieron en el Círculo de Bellas Artes de Madrid para presentar el manifiesto “IVA Cultural Ya”, una llamada directa a aplicar de inmediato un tipo reducido al arte. Ante la falta de avances, las protestas fueron a más. A principios de febrero, galerías de toda España cerraron sus puertas durante varios días, recuperando una medida que ya se había adoptado en 1991 por el mismo motivo. Poco después, más de un centenar de artistas, galeristas y coleccionistas protagonizaron una sentada en el Museo Reina Sofía.
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ARCO Madrid 2025. Cortesía IFEMA Madrid
El mensaje no ha cambiado. El arte contemporáneo, sostienen, recibe un trato distinto al de otros sectores culturales que sí cuentan con IVA reducido. “No somos industria de lujo. Somos cultura”, repiten.
Los impuestos también deciden dónde se vende el arte
El mercado del arte no es estático. Las ventas se cierran allí donde las condiciones son más favorables. No es casualidad que Hong Kong se consolidara como gran centro internacional con un régimen sin impuestos sobre las transacciones artísticas. Cuando los costes son bajos, el mercado crece. Cuando son altos, las operaciones se van a otro lugar.
Las galerías trabajan con márgenes ajustados y su papel va mucho más allá de la venta. Invierten en investigación, apoyan la producción, impulsan la proyección internacional de los artistas y acompañan carreras a largo plazo. Si la carga fiscal es más elevada que en los países vecinos, deja de ser un matiz técnico y empieza a comprometer la sostenibilidad del sector. En un momento en que las galerías de todo el mundo ya trabajan bajo presión, España añade una carga adicional. Mantener un 21% de IVA mientras los países vecinos se mueven entre el 5% y el 7% sitúa a las galerías españolas en clara desventaja dentro del mismo mercado europeo.
La política fiscal nunca es neutra. Influye en dónde se cierran las ventas, qué ciudades atraen a galerías y coleccionistas y qué ecosistemas culturales se consolidan.
Con ARCO Madrid a punto de abrir sus puertas del 4 al 8 de marzo, es poco probable que el IVA cambie en los próximos días. Pero la cuestión volverá a estar sobre la mesa durante la feria. Ya sea este año o más adelante, cuanto más tiempo se mantenga esta diferencia, mayor será el riesgo de debilitar un sector que no solo tiene peso económico, sino que forma parte esencial de la vida cultural del país y de su posición en Europa.

