UN SECRETO SE APAGA ENTRE MIS MANOS: LA PRIMERA MUESTRA INDIVIDUAL DE AMPARO VIAU EN EUROPA

La artista argentina Amparo Viau presenta su trabajo en ArtNoble Gallery de Milán, Italia, hasta el 30 de junio. La muestra reúne una instalación de gran escala compuesta por un dibujo continuo de aproximadamente cuarenta metros realizado en pastel de tiza sobre papel, junto con una serie de dibujos y fragmentos corporales que expanden las búsquedas presentes en la obra principal.

junio 04, 2026
Rosario Villani
Por Rosario Villani
UN SECRETO SE APAGA ENTRE MIS MANOS: LA PRIMERA MUESTRA INDIVIDUAL DE AMPARO VIAU EN EUROPA
Amparo Viau: Un secreto se apaga entre mis manos, 2026, pastel suave sobre papel 100 % algodón, 140 x 269 cm. Cortesía de Galería ArtNoble. Foto: M. Pedranti

Todo proyecto artístico surge de una conjunción particular de circunstancias, encuentros fortuitos y posibilidades materiales. En el caso de Un secreto se apaga entre mis manos, la muestra individual que Amparo Viau (Buenos Aires, 1991) presentó en Milán durante la primavera italiana, esas condiciones estuvieron estrechamente ligadas al contexto de producción. La artista desarrolló manualmente el proyecto durante una residencia de trabajo de 5 semanas en Gerenzano, una pequeña comuna de la provincia de Varese, en Lombardía, situada a pocos kilómetros de Milán. Desplegando un taller improvisado para poder dar vida a estas piezas de gran formato.

 

La exposición marcó además un hito en su trayectoria al ser su primera presentación individual en Italia y, específicamente en Europa, en ArtNoble Gallery. Una galería de arte contemporáneo fundada en 2021 y que se ubica en el dinámico distrito posindustrial de Lambrate, en Milán. La inauguración coincidió con la programación de Milano Art Week, uno de los momentos de mayor flujo turístico local e internacional de la ciudad.

Fiel a una investigación sostenida sobre el dibujo como experiencia espacial, Viau transformó el espacio expositivo mediante una instalación construida a partir de un dibujo continuo de aproximadamente cuarenta metros de longitud realizado con pasteles de tiza sobre papel, realizados en etapas y unidos en la misma galería. La obra envuelve al espectador en un recorrido inmersivo donde el dibujo deja de funcionar como imagen autónoma para convertirse en una experiencia corporal y sensorial.

 

La instalación se organiza como una secuencia de momentos diferenciados que acompañan el desplazamiento del espectador. Al ingresar, aparecen figuras que parecen permanecer en estado de formación: cuerpos apenas delineados, fragmentarios, cercanos al boceto y atravesados por una atmósfera de incertidumbre. Son imágenes que conservan algo del carácter inicial y de búsqueda del dibujo. A medida que avanza el recorrido, estas presencias aisladas dan paso a un extenso friso de cuerpos que se entrelazan y que constituyen el núcleo visual de la muestra. Las figuras se suceden unas a otras sin interrupción, formando una cadena de gestos, abrazos y torsiones que diluye los límites entre los cuerpos individuales. La composición evita cualquier organización jerárquica y propone, en cambio, una dinámica colectiva. El color, aplicado con intensidad variable, refuerza esta sensación de movimiento continuo y genera zonas de tensión visual que alternan entre lo festivo, lo teatral, lo erótico y lo inquietante.

En esta secuencia resulta difícil no pensar en la tradición mural italiana y, particularmente, en los frisos y pinturas conservadas en Pompeya y Herculano. No porque Viau cite de manera directa esas imágenes, sino porque comparte con ellas una forma de construcción narrativa basada en la composición de los cuerpos y en la articulación de múltiples escenas dentro de una misma superficie. Las figuras avanzan, se agrupan, se abrazan o se dispersan a lo largo del dibujo como si formaran parte de una procesión contemporánea atravesada por afectos, deseos y tensiones.

 

La experiencia de producir la muestra en Italia parece haber intensificado ese diálogo con ciertas tradiciones visuales. La monumentalidad de algunas composiciones, la insistencia en el desnudo y la construcción secuencial de las escenas evocan tanto la pintura mural antigua como algunos repertorios del Renacimiento. Esta lectura encuentra eco en el texto crítico de Benedetta Casini, quien observa que “la insistencia en los cuerpos desnudos, que remiten a iconografías sagradas, revela el interés de Viau por la tradición pictórica renacentista, pronto desmentida por la obscenidad del color”. En efecto, si por momentos los cuerpos parecen remitir a modelos históricos reconocibles, el uso vibrante y desbordado del color rompe rápidamente cualquier lectura nostálgica o académica.

En uno de los pasajes más conocidos del Purgatorio, Dante Alighieri describe a las almas que se encuentran en su recorrido “rostro con rostro, cada una pronta al abrazo y al beso”. Sin ilustrar literalmente aquella escena, el gran friso de Viau parece recuperar algo de esa idea de encuentro colectivo. Sus personajes conforman diversas relaciones y construyen una trama humana continua que transforma el espacio expositivo en una experiencia de circulación, proximidad y reconocimiento.

 

La última sala introduce un cambio de escala y de ritmo. Allí aparecen cuerpos o fragmentos corporales aislados que funcionan como acercamientos a esa multitud previamente desplegada. Como si la artista hubiera detenido la mirada sobre algunos detalles del conjunto, estas imágenes desplazan la atención desde la dinámica coral hacia la singularidad de cada figura. Estas presencias solitarias adquieren una intensidad particular: ya no son parte de una multitud, sino individuos que recuperan su autonomía dentro del recorrido.

La materialidad desempeña un papel fundamental dentro del proyecto. El uso de la tiza —un material frágil, polvoriento y fácilmente alterable— refuerza el carácter efímero de las imágenes y preserva la intensidad del gesto manual. Sobre el espesor del papel, las marcas, rupturas y desgastes introducidos por la artista adquieren una presencia activa, enfatizando tanto la vulnerabilidad del soporte como la dimensión física del proceso de trabajo.

 

Esta primera presentación europea permitió a Viau desplegar una propuesta desafiante dentro de su producción reciente y poner en diálogo su práctica con nuevas tradiciones visuales y contextos culturales. El resultado es una obra que mantiene una fuerte conexión con los imaginarios afectivos presentes en su trabajo, al tiempo que amplía sus alcances espaciales y narrativos, consolidando un nuevo capítulo dentro de su proyección internacional.

 

El proyecto cuenta con texto de la curadora Benedetta Casini y el apoyo de Galería Grasa de Buenos Aires.

 

Un secreto se apaga entre mis manos de Amparo Viau podrá verse hasta el 30 de junio de 2026 en ArtNoble Gallery Via Ponte di Legno 9, Milán, Italia.

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