ARCO 2026: ANALIZANDO SU IDENTIDAD Y MODELO EN EL MERCADO GLOBAL

ARCOmadrid 2026 parece reforzar su posición en el mercado global del arte consolidando una identidad propia frente a las grandes ferias internacionalizadas y con Latinoamérica como anclaje. Su capacidad para generar narrativas culturales y de mercado desde ese posicionamiento ha sido clave para entender su papel actual y evaluar los riesgos futuros de su modelo.

marzo 09, 2026
De Benito, Álvaro
Por De Benito, Álvaro
ARCO 2026: ANALIZANDO SU IDENTIDAD Y MODELO EN EL MERCADO GLOBAL
ARCOmadrid 2026. Foto: Álvaro de Benito

ARCOmadrid 2026 cierra con una evidencia sobre la mesa: su posicionamiento en la industria del arte pretende apuntalarse dentro de la globalidad atendiendo, primordialmente, a los colectivos que componen su universo más cercano. Parece opuesto, pero, más allá de las necesidades imperiosas que se generan desde un sector que decide cuál es el modelo o los modelos más acertados en un plano hiperglobalizado, la cita madrileña camina con cautela sobre la certeza de su valor diferencial: el que emerge sobre una red que parte desde Madrid y se extiende hasta Latinoamérica.

 

Releer correctamente

Alejada de las aspiraciones de franquicia de los gigantes que miran hacia el petrodólar y una expansión quizá algo incontrolada, ARCOmadrid todavía puede presumir de esencia, de personalidad. Esta es la que le otorga su valía como garante de cierta idiosincrasia regional (incluso neocolonial) cuando se le circunscribe como uno de los principales puntos de encuentro del arte latinoamericano.

 

En esa construcción —que viene de largo, tanto como sus estrategias anteriores plantando las semillas nacionales de los países invitados—, la feria parece acceder a un nuevo escalón de consolidación de su modelo, observando los básicos, pero alegando cierto temperamento y reivindicación frente a esos otros vientos de motor a reacción.

La propia naturaleza comercial de la feria y su capacidad de generación económica y de transacciones no eclipsa la intencionalidad de un ARCOmadrid que parece sentirse cómoda en su papel generador de contactos en un solo idioma. Tampoco se siente inferior a sus competidores por el hecho de saber de su valor diferencial. Quien atienda a los movimientos sociales, económicos y demográficos de Madrid podrá ver con claridad que el polo del comercio y las fortunas latinoamericanas tiene un nuevo punto crítico, y eso valida la estrategia y la decisión de la feria madrileña de no caer ante la presión del dictado.

 

Un mercado volátil

La irregularidad geopolítica del mundo arrastra a una economía de mercado que sufre directamente de las intervenciones bélicas y de las criticables decisiones de los gobiernos de las potencias. Esto puede parecer una aserción lógica, pero en el caso de ARCOmadrid 2026 puede tener dos lecturas. La primera, negativa, es esa misma: la feria, como cualquier agente, está sometida a esas incertidumbres que afectan de manera global. Por el contrario, la estrategia y las decisiones tácticas de mirar a Latinoamérica parecen rebajar las cuestiones logísticas y sufrimientos de las ferias que viraron a Oriente Medio.

 

Lógicamente, América Latina no está exenta de conflictos y de injerencias exteriores, pero existe un plano ulterior en el sector del arte que se agrupa, erróneamente, bajo el concepto de “arte latinoamericano”. Sería un error obviar la idiosincrasia de cada cultura, historia y memoria que ocupa esa vasta geografía, pero igual de ingenuo sería eliminar la capacidad aglutinante de un término que favorece el mercado y el posicionamiento común. Aquí, ARCOmadrid sabe que tiene ganada la partida en Europa, y por eso, una edición más, construye sobre el mercado, pero consciente de que la inversión en la generación y contribución a un plano teórico y cultural es esencial.

Comisariado latinoamericano

Uno de los aspectos que certifican esa importancia latinoamericana en ARCOmadrid año tras año es, además de la amplia representación de galerías y artistas, la dinámica de incorporar al panel de comisarios que trabajan en los programas específicos a nombres clave de la curaduría de la región.

 

Por segundo año consecutivo, la organización ha mostrado una confianza plena en el mexicano José Esparza Chong Cuy para la sección Perfiles / Arte latinoamericano, que ha desarrollado una propuesta marcada por la acuciante necesidad de presentar en el marco de la feria proyectos expositivos de galerías con menos oportunidades, pero con un mayor interés. Su visión, pragmática en cuanto a las posibilidades, ha contado con una continuidad que puede empezar ya a registrarse como propia, a pesar de la incertidumbre de si la política de los organizadores será por apostar por nombres fijos si esta consolidación se produjera.

En el caso de José Luis Blondet y Magalí Arriola, ARCOmadrid apostó por dos trayectorias consolidadas para la creación de un espacio que, si bien vertebrado sobre cierta tesis, ha tenido la firma creativa de ambos comisarios. En un atisbo de mayor flexibilidad, o, por lo menos, esa es la impresión, ellos apostaron por plasmar una experiencia que se traslada a lo físico desde una conexión que, si bien etérea, se aleja de cierto adoctrinamiento filosófico.

 

A vueltas con los programas especiales

ARCOmadrid ha mantenido para esta reciente edición un planteamiento que se ha enquistado en la organización teórica de cualquier feria de arte: la necesidad ya imperativa de contar con esos espacios dedicados a programas especiales. El debate, pues, no es solo específico de la feria madrileña, sino sobre un modelo replicado que aboga por una pretensión de hibridar el concepto comercial de la feria con propuestas de carácter de tesis y de vertebración temática.

 

La feria superó, en cierta forma, los focos nacionales para abordar en sus planteamientos de programación líneas más conceptuales. En esta línea, la propuesta de esta edición ha ahondado más en esos principios más amplios, alejándose de cierta obligación moral y comercial que parecía resaltar lo amazónico de la pasada edición. Y no es que haya sido reactiva su propuesta, sino más bien complementaria a unas estrategias que se ha demostrado pueden ir más allá de las modas.

 

Por supuesto, la realización de uno u otro programa y su proyección temática responden en la mayoría de las ferias a ese dictado comercial camuflado de un reparador interés antropológico. No se trata tanto de retar la posición de un mercado que se ve consumido por la celeridad, sino de ser conscientes del valor de esas acciones. ARCOmadrid se convirtió en la pasada edición en una celebración de lo amazónico, una reivindicación que culminaba algunos años de reivindicación para en esta edición dejarla en un desierto con algunos oasis que parecen atestiguar un fenómeno del pasado.

¡Viva la arte(sanía)!

No obstante, no hay que dejarse llevar por la voracidad. La acción para eliminar las barreras entre arte y artesanía con el fin de implantar esta última en el sistema del arte contemporáneo se ha tornado en esencial. No se trata pues de finiquitar un bloque, sino de emplearlo como un cimiento para progresar en los nuevos horizontes mercantiles de la industria del arte. La presencia del textil ha sido más que notable en ARCOmadrid2026, reivindicándose como una técnica más que, lejos de incorporar las novedades estéticas de las otrora bendecidas instalaciones, abogan por la restauración de una memoria y unos saberes ancestrales.

 

La presencia destacada de artistas como el maya tz'utujil Antonio Pichillá (San Pedro La Laguna, Guatemala, 1982) o Ester Chacón-Ávila (Santiago, Chile, 1932), entre otros, apuntan a una conexión conceptual intergeneracional que se traslada a la feria desde la restauración de sus prácticas o la renovación de un lenguaje mira a la historia. Aunque por cierta lógica este fenómeno pudiera parecer algo global, lo latinoamericano como región emerge con fuerza en este relevo a lo amazónico, aunque nunca haya sido un relevo. La construcción de una nueva historiografía del arte tiene en el pulso de la feria con el arte textil un buen indicador o, por lo menos, un gran punto de indexación.

 

El sello institucional

El gran termómetro del éxito comercial dentro de las políticas culturales lo vuelve a marcar el gasto institucional en obras de arte. El Museo Reina Sofía volvió a acaparar la atención porque no deja de ser el gran referente público, a pesar de no ser el que más gasto hizo: lo que hoy compra el Ministerio de Cultura español es, muy probablemente, lo que algunas galerías traigan para vender la próxima edición. De nuevo, las referencias de corte ideológico son las que materializan las políticas institucionales, certificando unas líneas de adquisición que no nos toca censurar en ningún caso, pero sí escrutar como pistas.

El feminismo y el afrofuturismo se consolidan, a la vez que destacan las adquisiciones de cuatro artistas latinoamericanos. De los seis artistas no españoles adquiridos en la cita para el museo estatal, cuatro son de origen latinoamericano: la brasileña de origen suizo Claudia Andujar (Neuchâtel, Suiza, 1931), la mencionada Ester Chacón, Venuca Evanán (Lima, Perú, 1987) y Roberto Jacoby (Buenos Aires, 1944), de quien el museo ya realizó una extensa retrospectiva. Mas allá de los nombres, su adscripción es clara para entender la trama que se esconde detrás de los decisores y abordar si ese es el camino más adecuado para la reparación imperativa que conlleva la de(s)colonización.

 

Otras instituciones públicas españolas, como el IVAM, redundan en parte de los criterios. La institución valenciana es la que más ha destinado a compras (555.000 euros en la adquisición de 30 obras de 23 artistas), con un notable peso en las decisiones más alineadas con la perspectiva de género. La Comunidad de Madrid adquirió para el Museo CA2M con un claro enfoque a consolidar su estrategia de pintura, periferia y cultura urbana, mientras que el Ayuntamiento de Madrid se decantó por obra de creadores locales para el Museo de Arte Contemporáneo (MAC). La Junta de Andalucía, por su  parte, ha reforzado las colecciones del CAAC en Sevilla y del C3A en Córdoba con artistas que apuestan por el tejido local, aunque sin ser impermeables a las políticas de decisión mayoritarias que enmarcan casi la totalidad de la inversión pública.

 

La batalla perdida del IVA

No es la primera vez que las galerías españolas emplean ARCOmadrid como plataforma para reclamar lo que consideran que, de justicia, le correspondería en materia fiscal: el gravamen de un IVA cultural, inferior al actual 21%. El año pasado se apagaron las luces en señal de protesta, pero esta edición ha sido testigo de la cúspide de una serie de acciones que venía desarrollando el sector desde hace semanas. Tras el cierre de una semana de las galerías y el encierro simbólico en varios museos públicos, las protestas por el IVA aplicado han culminado con concentraciones y proclamas. Ni siquiera el escudo que impone Felipe de Borbón impidió que Ernest Urtasun, titular de la cartera de Cultura, fuera la diana de pitidos y silbatos en su recorrido institucional.

Si quedaba alguna duda de lo infructuoso de cualquier protesta llevada a cabo, esta se materializó en la rueda de prensa de las adquisiciones del Reina Sofía, donde el secretario de Estado de Cultura, Jordi Martí, respondió con un escurrimiento de bulto didáctico en el que culpabilizó de la situación actual a los tiempos que se requieren, entendemos que desde el actual Gobierno, para que el ministerio de Hacienda haga lo ordenado desde Bruselas y cuyo retraso ya ha consolidado una desventaja fiscal frente a la competencia europea.

 

Válido, “por ahora”

ARCOmadrid 2026 ha cerrado respondiendo a varias cuestiones o, cuanto menos, dando pistas de un futuro que, como dicta uno de sus programas comisariados estrella, “por ahora”. En la senda de construir su identidad, la feria madrileña ha encontrado puntos de anclaje que la diferencian de sus competidoras, y tendrá que explorar la dinamización de los mismos para no hacer aguas.

El conocimiento de su idiosincrasia parece haberse consolidado, pero, quizá, el principal enemigo también lo tenga en esa esencia. La localización de las redes se ha antojado fundamental, pero los riesgos de caer complaciente en manos de lo controlable y lo conocido (a veces no tan controlable) puede abrir cierta vulnerabilidad, aunque, “por ahora”, parece que el modelo se sustenta.