11 VISIONES DE GALERÍAS LATINOAMERICANAS EN ARCO
Proponemos recorrer las visiones y prácticas de once galerías de América Latina para tomar el pulso al arte de la región y su estado en ARCO con propuestas que, sin obviar el lado comercial, reivindican la tradición, la experimentación y la diversidad de lenguajes como seña de identidad común.
Latinoamérica sigue con pie firme en ARCO. Su presencia en el plano artístico acapara muchas de las miradas y, a buen seguro, de compras que determinarán su relevancia dentro del mercado. La actividad de las galerías se ha visto complementada, un año más, por los programas comisariados por latinoamericanos y por el foco concreto en la producción y visibilización de proyectos específicos que adquieren una mayor relevancia, por lo menos en lo perceptivo.
Cayendo siempre en el riesgo del sesgo y la limitación propia de la selección, nos aventuramos a marcar un recorrido por once galerías latinoamericanas que, con sus propuestas, dibujan una historiografía concreta contemporánea y, desde el punto de vista de la industria del arte, la capacidad de intuir las tendencias y las preferencias de un público que hace mucho dejó de entender ARCO sin América Latina.
Desde un aspecto más curatorial, o, por lo menos, en cuanto a una revisión de figuras clave de décadas pasadas, Del Infinito y MC Galería presentan conjuntamente Paksa & Bony, una muestra que copa el espacio para desplegar un probable diálogo entre Margarita Paksa (Margarita Paksa (Buenos Aires, Argentina, 1932 – íbidem, 2020) y Óscar Bony (Posadas, Argentina, 1941 - Buenos Aires, Argentina, 2002). En la conversación subyace el interés mutuo por entender cómo el arte interviene en la sensibilidad y la construcción política de los cuerpos. Si bien las estrategias y lenguajes de ambos pudieran parecer distantes, la propuesta encuentra puntos comunes. De ellos, quizá sea la subjetividad como motor de la generación de percepciones y desconfianza generalizada la que se convierta en crítica para un análisis de las relaciones entre técnica, cuerpo y política en el arte argentino de los 60 y 70.
Otra propuesta conjunta de interés la encontramos en la colaboración entre la mexicana Arróniz y la colombiana Nueveochenta donde se contraponen, solo aparentemente, obras inéditas de Mauro Giaconi (Buenos Aires, Argentina, 1977) y Esteban Peña (Bogotá, Colombia, 1979). Desde la ironía y el humor de las piezas de la serie Dibujos a Lápiz, el colombiano encuentra un punto de conexión conceptual con la investigación que Giaconi realiza de las posibilidades de la expresión básica del dibujo en la escultura o la instalación, generando una tensión equilibrada en la que lo volumétrico y lo arquitectónico adquieren nuevos significados.
Carmen Araujo Arte y Beatriz Gil Galería plantean una propuesta curatorial que se traza desde temas y conceptos como la identidad, la cultura, la memoria o la política de América Latina y su conexión con el resto del mundo. Con una amplia nómina de artistas, el espacio relee desde lo conceptual y lo estético diferentes lenguajes artísticos, desde los recientes bustos facturados por Carlos Martinat (Lima, Perú, 1974), que resaltan frente a la producción impregnada, literalmente, de Tony Vázquez-Figueroa (Caracas, Venezuela, 1970), o las arcillas y esmaltes de Theo Guédez (Caracas, Venezuela, 1983) y la fotografía de Alejandro Cartagena (Santo Domingo, República Dominicana, 1977). En conjunto, la propuesta resalta con su selección una posibilidad de lenguajes y miradas latinoamericanas.
La brasileña Fortes D’Aloia & Gabriel apuesta con su selección por una amplia representación de obras recientes de artistas que abogan por la exploración y experimentación de lo material, lo formal y lo perceptivo. Para llegar a ese punto, su muestra se sirve de diversos lenguajes y apuesta por las prácticas interdisciplinarias, donde emergen artistas consolidados como Ernesto Neto (Río de Janeiro, Brasil, 1964), Rivane Neuenschwander (Belo Horizonte, Brasil, 1967), Janaina Tschäpe (Múnich, Alemania, 1973), Cristiano Lenhardt (Porto Alegre, Brasil, 1972) o Márcia Falcão (Recife, Brasil, 1970) para retomar el análisis de cómo podemos llegar a relacionar cuerpo, naturaleza y materia.
El Apartamento, con sedes en La Habana y Madrid, impresiona con un despliegue de numerosas piezas de distintos artistas para entender, principalmente, la idiosincrasia cubana. Con obra expuesta de José Bedia (La Habana, Cuba, 1959), Juan Carlos Alom (La Habana, Cuba, 1964), Ariamna Contino (La Habana, Cuba, 1979), Flavio Garciandía (La Habana, Cuba, 1964), Reynier Leyva Novo (Pinar del Río, Cuba, 1983), Eduardo Ponjuán (La Habana, Cuba, 1954) y Lázaro Saavedra (Camagüey, Cuba, 1966), la visita se antoja esencial para trazar una historiografía de las propuestas y lenguajes de la isla, atravesando distintos estilos y épocas.
La propuesta de la bonaerense Herlitzka & Co. aproxima al visitante a varios planos del conceptualismo latinoamericano con la obra de nombres reconocidos en el movimiento, a la vez que incorpora obra de artistas que emplean lenguajes más abocados al material. Tal es el caso de los textiles de Teresa Pereda (Buenos Aires, Argentina, 1956) que dominan el frontal con su cromatismo o la obra de Andrés Bedoya (La Paz, Bolivia, 1978), que aboga por la expresión formal desde el metal. En el caso de Mariano León (Lima, Perú, 1976), su práctica emplea el ensamblaje para comprender la relación entre lo ancestral y el presente combinando objetos y materiales asociados al trabajo o al territorio, en este caso guantes.
La brasileña Luciana Brito, una de las históricas en las ediciones de la feria, aparece también en la línea de representación amplia de su nómina de artistas, todos ellos de gran calado en el arte contemporáneo latinoamericano. De nuevo, en esa virtud de lo colectivo, resalta la diversidad de propuestas, encabezada por obras consolidadas de Regina Silveira (Porto Alegre, Brasil, 1939), Augusto de Campos (São Paulo, Brasil, 1931) o Waldemar Cordeiro (Roma, Italia, 1925) que parecen dialogar en la construcción de cierta historiografía o transformación con la de otros artistas como Bosco Sodi (Ciudad de México, México, 1970), Leandro Erlich (Buenos Aires, Argentina, 1973) o Liliana Porter (Buenos Aires, Argentina, 1941). Obra de Antonio Pichillá (San Pedro La Laguna, Guatemala, 1982) parece incorporarse en esa imperativa necesidad de actualización de mercado.
La propuesta de la paulista Vermelho nos conduce a otro tipo de diálogo. En la confluencia de lo gestual y lo corpóreo se dan cita la obra de Carlos Motta (Bogotá, Colombia, 1978) con la de Edgard de Souza (São Paulo, Brasil, 1962). Aparentemente inconcebible, la distancia de la praxis de sus procedimientos artísticos, y generaciones diferenciadas, la conversación plantea con acierto la confluencia de ambos lenguajes para indagar en la representación política del cuerpo. La sublimación de un solo de la presencia del video, la escultura y la obra sobre bastidores certifica esa posibilidad convertida en una realidad.
Nora Fisch encamina al visitante a la comprensión de las conexiones de trayectorias consolidadas y lenguajes renovadores con la obra de cuatro artistas latinoamericanos. Amadeo Azar (San Miguel de Tucumán, Argentina, 1972) explora la materialidad, el simbolismo y la memoria con la aplicación de densidad conceptual en sus composiciones llenas de referencias a imaginarios colectivos. Por su parte, Fernanda Laguna (Buenos Aires, Argentina, 1972) —una de las próximas citas en el Reina Sofía—combina pintura, texto, instalación y edición para crear un lenguaje único y una marca personal reconocible. Desde lo kistch o lo povera, plantea la importancia de lo afectivo dentro de una sociedad frágil. Rosana Schoijett (Buenos Aires, Argentina, 1974) reconstruye escenas imposibles compuestas desde la memoria subyacente en la imagen para cuestionar dónde lo doméstico y lo teatral se cruzan y se representan. Juan Tessi (Lima, Perú, 1972) investiga el gesto y el proceso para obviar los límites impuestos de la pintura contemporánea.
La chilena Patricia Ready plantea en esta ocasión una propuesta conjunta, El camino a las cosas, de los artistas María Edwards (Santiago, Chile, 1982) e Ignacio Gumucio (Santiago, Chile, 1971). En ella se explora la materialidad de la obra y la cualidad y estructura de los objetos, incidiendo en lo concreto con la asociación en el espacio de objetos, fragmentos e imágenes. Edwards construye arquitecturas materiales con alambres y objetos encontrados, mientras que Gumucio aboga por una pintura con la capacidad de que lo cotidiano acabe sujeto a interpretación.
La guatemalteca Proyectos Ultravioleta posee una de los espacios más imponentes gracias a la obra de Vivian Suter que cuelga desde el techo (Buenos Aires, Argentina, 1949) y que parece cubrir con su presencia el diálogo mantenido por las propuestas de Amalia Pica (Neuquén, Argentina, 1978), Naufus Ramírez-Figueroa (Ciudad de Guatemala, Guatemala, 1978), Johanna Unzueta (Santiago, Chile, 1974) o del Colectivo local Silät. Todas ellas parecen aunarse en una relación de expresividad y colorido que, desde la pluralidad de los lenguajes, abordan también la cuestión institucional de los artistas y sus territorios.

