SARAH GRILO DEJA DE SER UN SECRETO A CASI DOS DÉCADAS DE SU MUERTE

marzo 27, 2026
Por Patricia Avena Navarro
SARAH GRILO DEJA DE SER UN SECRETO A CASI DOS DÉCADAS DE SU MUERTE
Foto: Daniel AVENA

Hoy en día, quienes recorren las salas del MoMA o del Metropolitan en Nueva York se encuentran con una grata sorpresa: lienzos de una fuerza visual innegable que cuelgan junto a figuras de la talla de Rothko o Tàpies. Se trata de las piezas de Sarah Grilo, recientemente adquiridas por estas instituciones. A casi dos décadas de su partida, la artista finalmente ocupa el lugar de honor que su trayectoria merecía.

 

Nacida en Buenos Aires en 1917, Sarah Grilo, artista de formación eminentemente autodidacta, inició su camino académico a los 27 años bajo la tutela de Vicente Puig durante los años 50. Esta influencia catalana la condujo inicialmente hacia una figuración de corte poscubista, estilo con el que debutó en las salas de Madrid. Sin embargo, su curiosidad la llevó pronto hacia la abstracción geométrica, integrando el grupo "Artistas Modernos de la Argentina" convirtiéndose en la figura femenina singular y cautivadora, con quienes exhibió en escenarios internacionales como Ámsterdam y Río de Janeiro. No obstante, su integración en el grupo en 1952 marcó un punto de inflexión; para cuando participó en la Bienal de Venecia de 1956, su pincelada ya se había liberado de la rigidez geométrica, volcándose hacia una abstracción lírica impregnada de matices surrealistas.

Tras una etapa en París -1954-1961- donde su abstracción se volvió más poética y libre, la obtención de la beca Guggenheim en 1962, cuyo traslado a Nueva York --con su esposo, el artista José Antonio Fernández-Muro, y sus hijos-- fue transformador y marcó un antes y un después. Impactada por el entorno urbano y el arte estadounidense del momento, su obra absorbió la energía de la ciudad que estimuló su trabajo y contribuyó a su renovación. Sus cuadros empezaron a poblarse de grafitis y eslóganes publicitarios, de números y letras entrelazados, de goteos de pintura y colores vibrantes; armonizando tonos oscuros y claros para darles un aspecto usado. En sus lienzos de esa época, la coexistencia de lo legible y lo indescifrable, lo explícito y lo enigmático, impregna su creación de una complejidad poética. De las capas profundas del lienzo emerge un enigmático despliegue de elementos: mayúsculas, trazos manuales, cifras y garabatos que brotan como un idioma indescifrable; donde más que una lectura clara, esta acumulación genera una tensión intelectual, funcionando como un cuestionamiento profundo sobre la existencia. Estos elementos no están ahí para ser leídos, sino para confrontar al espectador, actuando como un llamado existencial que brota de la propia pintura. Este lenguaje propio, que fusiona lo pictórico con lo gráfico, la acompañó en su regreso a Europa, donde trabajó entre Madrid y París hasta su fallecimiento en el 2007.

La producción artística de Sarah Grilo se distingue por la constante reedición de un lenguaje de palimpsesto, donde la superposición de grafismos, colores y simbologías crea una trama densa y profunda. Aunque su estancia de ocho años en Nueva York resultó fundamental para consolidar la madurez de su lenguaje pictórico, su obra trasciende ese período específico. Su origen en Buenos Aires es un factor determinante en su capacidad de síntesis y amalgama, reflejando esa naturaleza híbrida y plural que define la identidad cultural argentina.

 

Tras abandonar el caos neoyorquino en 1970, Sarah Grilo se estableció sucesivamente en Marbella, París y Madrid. En esta etapa, su obra logra una síntesis perfecta entre lo perceptible y lo racional, fundiéndose en una materia que ella reconfigura bajo el principio matemático de la conmutatividad: "el orden de los factores no modifica el producto final", de ahí el título de uno de los lienzos Desorden de los factores. Sus paletas ganan intensidad y sus grafismos, transformados en pura sustancia plástica, ora se agrupan en densos núcleos, ora se dispersan hacia los bordes del lienzo. El eco de sus significados originales sobrevive en el color, creando una suerte de inconsciente que plantea una pregunta eterna al espectador.

En sus obras de las décadas de los 70 y 80, los colores ganan intensidad. Los signos – letras mayúsculas, trazos manuscritos, cifras y garabatos - pierden su función de lectura para convertirse en material plástico. Esta confusa acumulación de agentes significantes brota de las profundidades de la pintura como un lenguaje indescifrable; una interpelación existencial que resuena como un interrogatorio infinito.

 

Aunque su nombre es relativamente desconocido en Francia, la obra de Sarah Grilo atraviesa hoy un momento de máxima relevancia y lo confirma la exposición presentada en la prestigiosa galería Lelong, Paris que permite descubrir su producción de los años 70 y 80; como así también, la esperada retrospectiva que la Fundación Juan March le dedicará en Palma de Mallorca durante 2026. Su producción sintetiza las corrientes más influyentes de la modernidad, que asimiló en un enfoque personal donde la expresividad se combinaba con la experimentación formal. Considerada una de las artistas más potentes de su generación, hoy en día se la reconoce como una figura capital del arte latinoamericano del siglo XX. Sarah Grilo ha dejado de ser un secreto para convertirse en una figura imprescindible del modernismo global.

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