ART BASEL QATAR: CUANDO UNA FERIA IMPULSA LA FORMACIÓN DE UN MERCADO
La estrategia cultural de Qatar no ha sido improvisada. Desde hace más de dos décadas, bajo el liderazgo de la jequesa Al Mayassa bint Hamad bin Khalifa Al Thani, Qatar Museums ha impulsado una expansión planificada y sostenida que ha situado la cultura en el centro del proyecto nacional. La primera fase ha sido institucional y altamente visible. Edificios emblemáticos como el Museo Nacional de Qatar y el Museo de Arte Islámico, firmados por arquitectos de prestigio internacional, se han convertido en referentes arquitectónicos y simbólicos que proyectan una ambición de alcance global. En esta etapa, la arquitectura ha tenido un peso equiparable al contenido curatorial. Los edificios han funcionado, en sí mismos, como una declaración. El siguiente gran museo en abrir será el Art Mill Museum, previsto para 2030 y dedicado al arte moderno y contemporáneo. El sostenido ritmo de adquisiciones de Qatar en los últimos años, a través de galerías y grandes casas de subastas, ha generado una notable expectación. Tanto el proyecto arquitectónico como la futura colección despiertan ya un considerable interés.
Si una primera etapa ha estado marcada por la consolidación institucional, la segunda se ha orientado hacia la construcción de un ecosistema. La propia jequesa Al Mayassa lo ha explicado con claridad en una de las conversaciones celebradas durante Art Basel Qatar: la infraestructura museística ya está, en gran medida, establecida. Ahora toca desarrollar el marco comercial que permite que un mercado funcione. Su relato sobre la llegada de Art Basel a Doha ha sido especialmente revelador. Durante años, distintas ferias se han acercado a Qatar con propuestas para instalarse en el país. La respuesta, según ha señalado, ha sido siempre la misma: aún no era el momento. Hoy, alineado con la Visión 2030, ese momento ha llegado. La feria se ha integrado así en una agenda socioeconómica más amplia, centrada en el conocimiento y el desarrollo humano. “Es el momento de llevar la industria al talento”, ha afirmado. Qatar ha invertido de forma decidida en museos y ha impulsado una base creciente de artistas. Lo que ha permanecido menos desarrollado ha sido el ámbito comercial, es decir, el tejido de galerías y ferias que conecta la producción artística con el mercado.
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Doha. Courtesy of Art Basel
Sin embargo, al escuchar la charla me llamó especialmente la atención una afirmación de la jequesa, que definió a Art Basel Qatar como “una feria de arte local y regional”. La expresión resulta significativa. Art Basel ha construido históricamente una identidad global y, también en Doha, pese a su formato más compacto, la participación ha sido claramente internacional. Han estado presentes galerías de Europa, América y Asia, junto a una sólida representación de Oriente Medio y el norte de África. La presencia española y latinoamericana, aunque más reducida, también fue visible. Desde España participaron las galerías Mira Madrid y Sabrina Amrani. La galería mexicana Kurimanzutto presentó las conocidas obras Samurai Tree de Gabriel Orozco. Por su parte, la artista colombiana Olga de Amaral estuvo presente a través de Lisson Gallery, mientras que la brasileña Mendes Wood DM mostró obras de Solange Pessoa.
Aproximadamente la mitad de las galerías o artistas procedían del entorno regional, una proporción comparable a la de otras ediciones de la feria. Por ello, la caracterización como local y regional no parece describir tanto la procedencia de los participantes como una intención estratégica: arraigar el proyecto en su contexto inmediato en lugar de reproducir sin matices un modelo global itinerante.
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Art Basel Qatar Conversations. Courtesy of Art Basel
El formato ha reforzado esa lectura. Esta edición ha sido más contenida, con una selección curatorial definida y una estructura homogénea. La dirección artística se ha confiado a Wael Shawky, artista egipcio afincado en Doha y director de la Fire Station, espacio de residencias y exposiciones consolidado como plataforma relevante para la práctica contemporánea en la región. Todas las galerías han contado con stands de dimensiones similares, evitando jerarquías asociadas al tamaño del espacio. Además, cada una ha presentado a un único artista, sujeto a aprobación curatorial. El resultado se ha aproximado más a un proyecto curatorial cohesionado que a una feria comercial convencional, situándose en un punto intermedio entre la lógica museística y la del mercado.
Esa hibridez ha marcado también la experiencia del público. Al recorrer la feria con visitantes interesados en el arte, he constatado que para muchos el propio concepto de feria era todavía reciente. No todos estaban familiarizados con sus códigos más básicos, incluido el hecho de que las obras expuestas estuvieran a la venta, y en varios casos los stands se percibían más como espacios expositivos que como entornos comerciales. En ese sentido, el formato, más cercano a una presentación de carácter museístico que a una feria tradicional, puede entenderse como una forma gradual de introducir este modelo en un contexto donde el mercado aún se está formando. Refleja un ecosistema joven, en proceso de aprendizaje. Al mismo tiempo, la curiosidad y el entusiasmo han sido evidentes. Ese interés inicial es uno de los motores necesarios para su desarrollo a largo plazo.
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Vincenzo de Bellis & Wael Shawky. Chief Artistic Officer & Global Director Art Basel Fairs; Artistic Director, Art Basel Qatar 2026. Courtesy of Art Basel. Photo by Jinane Ennasri
Al final del primer día, e incluso al cierre de la feria, suele ser habitual contar con cifras de ventas, especialmente por parte de las grandes galerías, que marcan el tono del balance comercial. En esta ocasión no ha sido así. No se han difundido datos significativos y, en las conversaciones con galeristas, la impresión general ha sido la de una actividad moderada Más allá de la ausencia de cifras oficiales, la sensación general ha sido que las operaciones cerradas han sido pocas en términos inmediatos. Durante la vista previa para miembros de la familia Al Thani, varias obras quedaron reservadas, aunque no se sabe cuántas de esas reservas se han convertido en ventas confirmadas. Además, las piezas retenidas en esa fase inicial no han podido ofrecerse a otros interesados durante los días posteriores, lo que ha limitado el dinamismo comercial. Con todo, valorar la feria únicamente a partir de los resultados a corto plazo ofrecería una lectura incompleta.
Los costes de participación han estado fuertemente subvencionados. Los precios de los stands han sido relativamente bajos y los galeristas han recibido apoyo para transporte, viajes, alojamiento, montaje e incluso, en algunos casos, para traer al artista presentado. Esto ha reducido de forma significativa el riesgo financiero habitual en una feria internacional de primer nivel y ha reforzado la idea de que esta edición debe entenderse como una inversión en infraestructura más que como un ejercicio puramente comercial. En una región donde la cultura empresarial se apoya en las relaciones personales, las transacciones suelen estar precedidas por un proceso de construcción de confianza. Los acuerdos pueden tardar más en cerrarse, pero una vez establecidos tienden a ser más sólidos y duraderos.
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Ali Cherri. Almine Rech. Courtesy of Art Basel
La composición del público también ha subrayado el enfoque regional. Han estado presentes altos ejecutivos de grandes casas de subastas, profesionales destacados del sector y algunos coleccionistas europeos, con menor presencia de coleccionistas estadounidenses y asiáticos. En un contexto en el que Art Basel cuenta ya con varias sedes consolidadas en el ámbito global, resulta lógico que cada edición desarrolle su propia audiencia, en lugar de replicar el mismo circuito internacional.
Todo apunta a que habrá una segunda edición en 2027. Este primer año ha funcionado, en muchos sentidos, como una toma de contacto que permite anticipar ajustes en el formato, en el desarrollo de audiencias y en la estrategia comercial. En una de las conversaciones celebradas durante la feria se explicó también que existe un plan para que, en los próximos años, el evento deje de celebrarse en el Msheireb Downtown y se traslade a un nuevo distrito cultural actualmente en desarrollo. Este planteamiento refuerza la idea de que no se trata de una iniciativa puntual, sino de un proyecto integrado en una planificación cultural y económica de largo plazo, en sintonía con la prevista apertura del Art Mill Museum en 2030.
Esta primera edición de Art Basel Qatar debe entenderse, por tanto, no como un termómetro inmediato del mercado, sino como el inicio de una nueva etapa. Los cimientos institucionales ya están asentados y ahora el reto es desarrollar el ámbito comercial, consolidando una base sólida de coleccionistas y una cultura de mercado madura que crezca en paralelo a los museos que han preparado el terreno.

