TODOS LOS CENTROS DE QUISQUEYA HENRÍQUEZ
El Centro de Arte Complutense transita por la obra de Quisqueya Henríquez, una producción plena en lo técnico y lo conceptual que plantea la crítica social, la criollización y la semántica multidisciplinar como herramientas de análisis para el discurso de lo caribeño.
La obra de Quisqueya Henríquez (La Habana, Cuba, 1966 – Santo Domingo, República Dominicana, 2024) franquea, muy a menudo, las dicotomías y polos que ofrecen los imaginarios colectivos del entorno caribeño en el que la artista desarrolló su fascinante práctica. Sobre esa aseveración se esconde el detalle de los significados, de una semiótica al servicio de la capacidad mercantil del barniz imprimado sobre una realidad que, no por ello, deja de existir. Es en ese eje donde, precisamente, la propuesta conceptual de la artista arrojó su mayor vertiente crítica.
También en esa doble lectura e interpretación se halla la posición geográfica de Henríquez, una situación que se traslitera con símbolos de una visión quizá más internacional de su obra y que, más allá de enriquecerla, se nutre y complementa de los servicios del propio sistema. Su cuestionamiento de las estructuras sociales y de poder parte de la apreciación de todos esos valores, de un análisis que instrumentaliza la ironía y la capacidad de sorpresa en un espectador que, activa o pasivamente, entra en juego.
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Vista de la exposición El centro puede estar en todas partes. Foto: Jorquera
El centro puede estar en todas partes, que acoge el Centro de Arte Complutense de Madrid y comisariada por Isabella Lenzi, René Morales y Alfonsina Martínez, se construye como la revisión más completa hasta ahora de las dedicadas a la carrera de Henríquez. Además de esa vertiente más de tesis, la muestra ahonda también en su capacidad técnica y multidisciplinar. No es solo la atención al concepto, sino también al desarrollo de la obra, lo que pondera una muestra que refleja ese abanico de posibilidades.
Sin que necesariamente tenga que abordarse desde la cronología, el recorrido insta a reconocer varios campos temáticos esenciales en el desglose de su obra. Partiendo de la insularidad, nos enfrentamos de lleno con las ácidas visiones que el basto imaginario caribeño —ese de unas aguas turquesas y transparentes que, curiosamente, opacan la cotidianeidad y las otras realidades— ofrece.
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Vista de la exposición El centro puede estar en todas partes. Foto: Jorquera
Las obras de ese periodo destapan esa desigualdad de visiones, y construye un discurso estético que se debate entre lo interior y lo exterior, el centro y la periferia. Sus fotografías y acciones recogen esa confrontación desde un punto de vista que deja algo al margen lo estético para resaltar las capacidades narrativas de lo visual.
Las instalaciones y vídeos se complementan en esa parte técnica, una producción que, también dentro de esa dualidad omnipresente, quedó enormemente reflejada en la debilidad de la artista para con el collage. Estas composiciones le permitían generar resultados chocantes en lo gráfico, pero también plantear reflexiones sobre ciertos debates populares desde una hibridación manual que invocaba a ese sincretismo y criollización esenciales para entender la construcción social y su posterior análisis político.
En ese ambiente de preocupación por lo social y por plantear análisis concretos sobre sus estructuras, Henríquez encuentra en la economía subterránea de Santo Domingo un nuevo campo que propone planteamientos de base para seguir desarrollando, con nuevos lenguajes, una línea de tesis inagotable. Su obra se abre a lo artesanal, a debatir entre los conceptos del arte elevado y el arte popular, y, como resultado de ello, Henríquez se abre al color. La exploración cromática, a la que se suma también un tránsito por lo geométrico como formal, desemboca en un cambio ciertamente radical. Aunque maximalista, este giro le permite de manera concisa incorporar las cuestiones que le ocupan.
Cuando Henríquez se traslada a la región de Las Terrenas en plena pandemia, el ecosistema que encuentra reactiva el cambio. La exuberancia natural dista del bullicio urbano y opta por la búsqueda de una nueva expresión a través de los materiales naturales que le proporcionaba el entorno. Quizá menos impactante en lo cromático, este periodo sigue subrayando la importancia del contraste desde una materialidad más orgánico. Las formas y propuestas mantienen ese hilo con vida en una exploración que sigue aumentando su facultad de representación.
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Vista de la exposición El centro puede estar en todas partes. Foto: Jorquera
Henríquez también abogó en su producción por la colaboración con otros agentes como parte de esa convicción de que la crítica y el análisis partían de distintos puntos de vista. La muestra finaliza con la que quizá fuera su obra más representativa en este sentido y que mejor representa la idea y acción de la artista. Aliento colectivo tiene esa capacidad, incluso física, de resultado de colaboración.
La disposición de cientos de globos negros hinchados sobre el pasillo final, culmina con la valoración de lo colectivo una muestra de profunda convicción individual en la narrativa de los conceptos. Pero también lo hace dentro de esa multidisciplinariedad en su práctica, esa que cita como necesario al espectador para culminar las obras de una carrera que, desde la visión de lo cotidiano, reflejó en el señalamiento de todos los puntos intermedios comprendidos en un segmento tan simbólico como polarizado en su significado.
Quisqueya Henríquez. El centro puede estar en todas partes puede verse hasta el 26 de abril de 2026 en Centro de Arte Complutense (c arte c), Avenida Juan de Herrera, 2, Madrid (España).

