CECILIA VICUÑA: "QUE EL QUIPU CONTINÚE ES DECIR QUE LA VIDA SIGUE FRENTE A LA EXTINCIÓN"

Una entrevista con Cecilia Vicuña

septiembre 23, 2026
Álvaro De Benito
Por Álvaro De Benito
CECILIA VICUÑA:  "QUE EL QUIPU CONTINÚE ES DECIR QUE LA VIDA SIGUE FRENTE A LA EXTINCIÓN"
Cecilia Vicuña, La Casa Encendida, Ídem 2026. Foto cedida por Ceciilia Vicuña

Cecilia Vicuña (Santiago, Chile, 1948), reconocida como una de las voces más imprescindibles del arte contemporáneo latinoamericano, vive un momento de máxima exposición internacional, con una valoración de su obra que le ha llevado a una agenda de muestras individuales que han permitido al público acceder a un lenguaje de ritual y tradición. En Madrid, estará en el XIV Festival Ídem, en La Casa Encendida. Ahí estrenará su ritual colectivo Lavar nos y realizará, junto al músico colombiano Ricardo Gallo, Niebla y aliento, un concierto performativo que acompaña el lanzamiento del álbum Tejiendo nubes contra la muerte. Su presencia en España anticipa, además, la gran cita en octubre con Living Threads, su primera gran retrospectiva en el Reino Unido, organizada por la Whitechapel Gallery. Conversamos con la creadora sobre la poética que habita en las artes plásticas, los distintos lenguajes de su obra y la vigencia del pensamiento ancestral en un mundo atravesado por contradicciones.

 

Álvaro de Benito: Hay algo en lo multidisciplinario que permite abarcar y sentirse protegida en los distintos lenguajes y producciones. También quizá permitir que esa incomodidad opuesta se canalice como un impulso creativo. ¿En cuál de las técnicas que desarrolla siente una mayor comodidad?

 

Cecilia Vicuña: La comodidad y el arte no están conectados. Si tú te embarcas en una expedición a la Antártida, la palabra comodidad no figura. Así es el arte. El arte y la poesía es algo en lo que tú te aventuras en lo desconocido y, por eso, lo hermoso de ello es que no hay comodidad.

Cuando habla de esa aventura hacia lo desconocido, usted también parte de un conocimiento previo, en muchos casos ancestral, propio, identitario. ¿Cómo se traslada ese conjunto a esa incertidumbre?

 

Lo incierto y lo desconocido no implican una falta de conocimiento. Yo he abierto la palabra conocer, que significa «ser con». Entonces, entre el desconocimiento y el conocimiento hay un territorio poroso y transformador. No es lo uno o lo otro. Todo el conocimiento ancestral está en todos nosotros. Pero la cuestión es sintonizar con eso. Es decir, pararse a escuchar, sentir.

 

A la hora de esa conexión, quizá existan territorios y entornos más propicios que otros para ello. ¿Cómo se puede ver esa cuestión, por ejemplo, de la distancia, de estar lejos de esa raíz física, de ese espacio, pero seguir generando ese conocimiento?

 

No hay un espacio físico que sea realmente y completamente físico. Ese tipo de conexión con esa forma de sentir existe en todo tiempo y lugar. Y tú también la puedes perder en todo tiempo y lugar. Por eso subrayo la palabra sintonía, aunque es un término que se usa más para la radio. A lo mejor nuestro ser es una forma de captar. Tú captas según tu corazón, tu atención, tu deseo más profundo es el que te va llevando.

Lavar Nos, el ritual que va a acontecer en Lavapiés, ¿podría ser válido en otro lugar? ¿O esa impregnación que comenta es parte precisamente de pensar algo específico?

 

Claro, todos los lugares tienen algo que es específico. Cuando uno hace un ritual, precisamente lo hace para ese lugar y desde ese momento.

 

Entiendo que también podría ser la misma respuesta para un entorno mucho más institucional como un museo. En octubre inaugurará una muestra en la Whitechappel Gallery de Londres, donde emerge otro tipo de concepto, de lenguaje. ¿El espacio abierto o el espacio cerrado condiciona ese diálogo?

 

Sin duda. Es muy distinto estar donde llueve. Por ejemplo, acabo de hacer dos grandes rituales en Valdivia, uno de ellos con toda la gente metiendo sus pies en el agua y en el barro y otro en la lluvia, metidos adentro de un bosque lluvioso. Entonces eso, por supuesto, cambia completamente la naturaleza del encuentro, la naturaleza de lo que se experimenta. Y lo mismo pasa en los lugares.

 

Cada lugar tiene una carga, una energía propia que viene de todo lo que se ha vivido en ese lugar. Y eso es fantástico porque en esta misma mesa donde estamos sentados también hay eso.

Puede que la transmisión del conocimiento, de la expresión que hay en su obra, sea un recorrido que se completa con la comprensión de quien lo ve, del espectador, pero, también, puede no llegarse a comprender. ¿La obra puede completarse sin que exista esa percepción?

 

Hay muchas formas de completar una obra. Por ejemplo, una de mis obras de arte precario puede completarse cuando se disuelve, cuando desaparece, cuando el mar se la traga, cuando el viento la deshace. Eso también es una forma de completar. Con respecto de si se entiende o no se entiende, yo no sé si entender es completar. Entender quizás sea empezar.

 

La poética dentro del lenguaje artístico de las artes plásticas, por usar un término generalista, se transforma en algo que va más allá de la letra. Pero, en su concepción, puede tener un proceso distinto o partir de la poesía. Cuando usted concibe una obra más plástica, ¿qué impregna qué?

 

Siempre parte de la poesía. La poesía es el fundamento. No hay esa separación de que esto es poesía y esto es arte. Es una forma de categorizar la experiencia aquí desde las premisas de Occidente. En las culturas ancestrales de todo el planeta hay una fluidez, una compenetración de todas esas formas, pero el fundamento siempre es la poesía.

 

¿Cada objeto tiene alma?

 

Cada objeto tiene alma, ¿por qué no?

 

Usted reside en Nueva York, un entorno de primeras bastante alejado de lo que pueda representar a lo mejor esa raíz, esa parte ritual y espiritual. ¿Cómo se siente en un entorno tan mercantil como el mundo de la industria del arte, en una ciudad como Nueva York, con todo lo que representa y lo que podría impactar en su filosofía?

 

Bueno, todo eso es real y todo eso es evidente, pero ese no es el único Nueva York. Nueva York también es un territorio indígena, también es un territorio ancestral lenape. El nombre de Manhattan es lenape, que quiere decir tierra de cerros, y yo, cuando ando por la isla, siento esos cerros. Entre mi casa y mi taller hay dos pequeñas colinas, entonces las voy subiendo y las voy bajando. Conecto no solamente con lo que está encima, es decir, con el cemento para arriba, pero también conecto con lo que está del cemento para abajo, con la luz, con el sol, el viento, el río que está ahí. Es decir, hay una presencia de lo vivo muy intensa aún en los espacios industrializados y mercantilizados.

¿Qué supuso para usted una exposición tan radical como recibir el reconocimiento de la Bienal de Venecia, una Bienal que se ha convertido prácticamente en un reflejo de lo geopolítico? No sé si se puede llegar a afrontar como un peso…

 

Imagino que para más de alguno podría ser un peso, pero para mí no lo es. Me parece todo lo contrario, me parece como un misterio o un milagro el hecho de que se le pueda dar un León de Oro a una persona como yo. ¿Te fijas? Recuerdo el momento en que eso sucedió y para mí fue una explosión así de felicidad, que yo era como si hubiera saltado como un cohete a la luna, porque era el sentimiento de que era el reconocimiento amerindio. Yo soy una personita, pero en realidad lo que me lleva a mí como una ola es esa cultura milenaria. Eso fue lo que sentí, que era para esa cultura, no para mí.

 

En la evolución en este siglo, el quipu puede llegar a representar un medio, un fin o una esencia en sí mismo. ¿Qué representa hoy el quipu y qué lugar ocupa en su lenguaje artístico?

 

Representa una forma de sentir y conocer suprimida por violencia, suprimida por la colonización. Entonces, a pesar de que el quipu fue prohibido y que todos los sabios y sabias que manejaban el quipu fueron asesinados, el quipu no murió. Para mí, el hecho de que el quipu continúe manifestándose es como decir que la vida continúa. Es como ahora la amenaza de extinción frente a la que se encuentra la humanidad. Yo afino mi vida, mi ser, mi soñar, mi respirar. La vida tiene que seguir.

 

En los últimos años, se ha producido un resurgimiento historiográfico del quipu y un reconocimiento y el del textil, en general desde las instituciones del arte occidentales. ¿Cree que este hecho puede llegar a ser considerado un lavado de cara o como una redención encubierta por esos puntos de persecución que comentaba?

 

Pueden ser las dos cosas. Uno no quita lo otro. Por una parte, pueden ver que lo textil es fundamental a la cultura humana y que, sin el textil, por ejemplo, no habría arquitectura. Fíjate que las palabras «texto», «textil» y «arquitectura» comparten las mismas raíces. Entonces, valorar eso es fundamental. ¿Si es un uso y un abuso de una mercantilización? Por supuesto, pero ¿qué no lo está en este universo en el que estamos ahora?

 

En los años 80, salía a la calle y se preguntaba «¿qué es la poesía?». ¿Qué contestaría usted ahora mismo?

 

Bueno, me gustaría involucrar en esta respuesta a Ricardo Gallo, que está acá presente. Yo salí a la calle en Bogotá, en una ciudad que amé y que sigo amando. Ricardo, que es mi compañero en la creación musical que vamos a presentar en Madrid, tenía dos años en ese momento. Para mí es una cosa absolutamente extraordinaria que un niño existiese en ese momento, mientras yo salía a la calle a preguntarle a los policías, a las prostitutas de todo el mundo, qué era la poesía. Ricardo y su música encarnan la poesía.

 

Aprovechando su presencia, Ricardo, me gustaría conocer desde tu punto de vista qué supone la impregnación de la obra de Cecilia Vicuña en esa traducción musical. ¿Se trata de un proceso que tú tienes para traducir o simplemente es un trabajo conjunto?

 

Ricardo Gallo: Siempre es un trabajo conjunto y parte de la poesía. Lo que me llamó la atención desde el principio es que la dimensión del sonido de la poesía es muy importante y es esa materialidad que, de pronto, tú la puedes ver. La poesía con Cecilia es muy evidente también la parte sonora, que es parte de todo lo que se está diciendo. Y ahí es donde conectamos y donde aparece toda esa conjunción de dimensiones en un momento específico, los significados, los mensajes. También, como decía Cecilia antes, todo es para un momento y un lugar específico.

 

El XIV Festival Ídem se celebra hasta el 25 de septiembre de 2026 en La Casa Encendida, Ronda de Valencia, 2, Madrid (España). Por su parte, Cecilia Vicuña: Living Threads se inaugura el 7 de octubre en la Whitechapel Gallery, 77-82 Whitechapel High St, Londres (Reino Unido).

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