DANIEL VEGA: «EL ACUERDO CON LOS PROPIETARIOS DE LA COLECCIÓN GELMAN ESTÁ MUY VINCULADO A LA AMBICIÓN DE NUESTRO PROYECTO»

Conversamos con Daniel Vega, director de Faro Santander, para abordar la estrategia cultural del centro, su apuesta por la vinculación con el territorio y tratar la polémica en torno a la Colección Gelman, que protagoniza una de sus exposiciones de apertura.

octubre 26, 2026
6 minutos
Álvaro De Benito
Por Álvaro De Benito
DANIEL VEGA: «EL ACUERDO CON LOS PROPIETARIOS DE LA COLECCIÓN GELMAN ESTÁ MUY VINCULADO A LA AMBICIÓN DE NUESTRO PROYECTO»
Daniel Vega. Faro Santander.

Daniel Vega (Bilbao, España, 1971) dirige Faro Santander, la institución cultural de la Fundación Banco Santander abierta al público en la capital cántabra a finales de verano y que pretende posicionarse como una referencia en la ciudad. Para ello, las líneas estratégicas pasan por una fuerte vocación territorial, con Cantabria como prioridad, y una programación abierta a la interacción y con una ambiciosa dimensión. La apertura del centro también ha estado salpicada por la controversia alrededor de la Colección Gelman, protagonista de México moderno en la Colección Gelman Santander, que, junto con El surrealismo sintomático: Leonora Carrington y Obras maestras de la Colección Banco Santander conforman el primer programa expositivo. El gestor nos recibe en Santander para hablar de sus líneas de gestión, de los objetivos del centro y de la polémica surgida con la exhibición de parte de una de las colecciones más relevantes de arte mexicano contemporáneo.

 

Álvaro de Benito [Á.B.:] Faro Santander es la última propuesta que se integra al tejido cultural de Santander, una ciudad de tamaño medio, pero marcada por la presencia de instituciones consolidadas y la llegada de nuevos proyectos museísticos. ¿Qué singularidad aspira a aportar al panorama cultural de Santander?

 

Daniel Vega [D.V.]: Desde nuestra llegada, hemos querido ser conscientes de lo que ya existe en Santander y de los proyectos que están por llegar, como el Reina Sofía y el archivo Lafuente. Entendemos que nuestra propuesta debe ser complementaria a la actividad de instituciones como el Centro Botín, la Autoridad Portuaria o el MAS, que desarrollan una importante labor cultural en la ciudad. Nuestro carácter diferencial reside en varios elementos. Contamos con la colección Santander, una colección de bellas artes que permite ofrecer una dimensión de gran museo, un espacio dedicado al arte y la tecnología y una planta entera destinada a la participación de los visitantes, algo que no es habitual en muchos proyectos museísticos. A ello se suma la ambición de organizar grandes exposiciones con una amplitud cronológica y temática que nuestra colección hace posible.

 

Á.B.: Comenta la relevancia de la colección Santander como uno de los principales activos de Faro. ¿Qué recorrido expositivo e investigador se plantea para los próximos años y cómo se puede transformar un fondo tan amplio en una propuesta capaz de conectar con públicos diversos y generar nuevas lecturas?

 

D.V.: La colección estará siempre presente en Faro Santander, especialmente en la cuarta planta, que por sus dimensiones permite plantear propuestas ambiciosas. La exposición inaugural reúne 70 obras seleccionadas por Lola Jiménez Blanco, gran conocedora del fondo, a partir de cuatro ejes: paisaje, retrato, naturaleza muerta y narrativas sagradas y espiritualidad. Se trata de una selección subjetiva, concebida para acercar la colección al público, que abarca desde el Renacimiento hasta la contemporaneidad. Hablamos de un conjunto de más de 1.200 pinturas y esculturas, sin contar el grabado y la obra gráfica. Nuestra intención es presentarlo de manera dinámica durante los próximos años, mediante recorridos cronológicos, diálogos con otras obras y colecciones, y exposiciones centradas en artistas que cuentan con una representación suficientemente relevante como para protagonizar propuestas propias.

 

Á.B.: Faro Santander nace de la Fundación Banco Santander y trabaja con una colección que pertenece al propio banco. ¿Cómo se articula esa relación entre propiedad y financiación? ¿Hasta qué punto condiciona la vinculación con el Banco Santander la estrategia cultural de Faro y la presentación de su colección?

 

D.V.: En nada. Faro Santander es el gran proyecto cultural de la Fundación Banco Santander, vinculada al banco. La colección que presentamos pertenece al Banco Santander, cuya tutela y gestión están encomendadas a la Fundación, pero la estrategia, la visión y el diseño de los contenidos son responsabilidad nuestra. Esa vinculación no debe generar dependencia en la forma de presentar la colección. Podemos, eso sí, incorporar elementos relacionados con la historia del banco y su entorno, como hacemos en el Cubo, donde trabajamos con artistas contemporáneos para abordar la memoria compartida del banco y de la ciudad. Además, la colección es, en realidad, una suma de colecciones corporativas, incorporadas en muchos casos mediante la adquisición o absorción de otras entidades bancarias. Nuestro reto actual es dar sentido a ese conjunto y desarrollar una estrategia de futuro.

 

Á.B.: Lógicamente, el nombre Santander como entidad financiera y como fundación, evoca un localismo muy fuerte, de arraigo en y con la ciudad, y me gustaría saber hasta qué punto eso incide en la estrategia de Faro Santander.

 

D.V.: Tenemos una vocación clara de enraizarnos en el territorio y de convertirnos en un lugar al que la gente de Santander y Cantabria quiera venir. Aspiramos también a atraer visitantes de otros lugares, así como turistas y público internacional, pero nuestra prioridad es ser relevantes para el territorio. Si hay una mirada que define nuestro proyecto, esa es Cantabria. La programación se articula en cinco ejes: la colección, las exposiciones temporales, el Cubo, la Marisma —vinculada al tejido cultural cántabro y de acceso gratuito—, y Llamita, un espacio de exploración creativa para la infancia. Varios de estos espacios están concebidos para fomentar la participación local mediante programas que activen a la audiencia del territorio. También el Cubo responde a esta mirada: su propuesta inaugural aborda la historia del edificio, del banco y de Santander desde la creación de la entidad. Al igual que la exposición actual de El surrealismo sintomático, que incorpora la historia de Leonora Carrington cuando pasó cuatro meses en la ciudad en 1940.

Á.B.: Es curioso, porque parece ir a contracorriente de las políticas de muchos agentes culturales, que miran más por una expansión internacional ¿Supone esta apuesta por el territorio una alternativa a esa creciente internacionalización de las instituciones culturales?

 

D.V.: No pretendemos renunciar a la dimensión internacional, sino desarrollar nuestra propuesta aprovechando la diversidad de espacios y la amplitud de la programación. Organizaremos exposiciones temporales ambiciosas y trabajaremos con artistas internacionales para activar algunos de nuestros espacios. De hecho, ya estamos manteniendo conversaciones y preparando programas para los próximos años. Sin embargo, nunca vamos a perder de vista el territorio. Queremos que todo aquello que tenga relevancia, que permita establecer colaboraciones o que posea un significado especial para Cantabria encuentre un lugar en Faro Santander. La dimensión internacional y el arraigo local no son objetivos incompatibles, sino aspectos que queremos integrar en un mismo proyecto.

 

Á.B.: El hecho de haber iniciado el proyecto con dos colecciones, la Santander y la Gelman Santander, que son las dos grandes primeras exposiciones, plantea una cuestión. ¿Qué paralelismo se puede trazar desde el punto de vista curatorial, o al menos desde el punto de vista de la gestión?

 

D.V.: Hemos querido dar importancia a ambas colecciones en este momento inaugural, presentando la Colección Gelman Santander como una exposición temporal con entidad propia. La colección Santander seguirá ocupando la cuarta planta y, próximamente, ambas colecciones podrían mostrarse de manera conjunta, integrando obras de las dos. Por ahora, hemos optado por mantenerlas separadas para dar a cada una su importancia y mantener la continuidad del planteamiento expositivo con el que la Colección Gelman Santander se presentó en el Museo de Arte Moderno de México, bajo el comisariado de Marisol Argüelles.

 

Á.B.: ¿No ha sido un movimiento arriesgado inaugurar con la Colección Gelman, teniendo en cuenta la polémica que podía generar su llegada a Faro Santander?

 

D.V.: ¿Arriesgado? Pues el mundo es un poco de los valientes. Lo que no puede ser es que te hagan otros el programa. Como te puedes imaginar, la decisión de llegar a un acuerdo con los propietarios de la Colección Gelman, desde la Fundación y desde el banco, está muy vinculada a este proyecto y a la ambición de este proyecto. En ningún momento hemos querido mirar hacia atrás. El gran momento para nosotros ha llegado: por fin tener la colección aquí, que hable por sí misma, que comparta sus narrativas, sus historias, sus obras maravillosas y que el público pueda disfrutarlas. Estamos encantados de que la colección esté por fin en Faro Santander.

 

Á.B.: ¿Y usted entiende la controversia surgida en torno a la colección y las críticas sobre su gestión y titularidad?

 

D.V.: Entiendo el revuelo y, sobre todo, la mirada que un determinado sector puede tener, aunque no sabemos muy bien hasta qué punto se debe a que la gente lee muy rápido, lee entre líneas o a que a quien escribe no le interesa contar objetivamente todo lo que hay. Nosotros hemos sido muy transparentes desde el principio respecto al hecho de que llegamos a un acuerdo con los propietarios y a otro acuerdo con INBAL, porque, evidentemente, esta colección tiene un número importante de obras que son monumentos artísticos y esto requiere un control suyo. Es una cuestión que tiene, por un lado, la parte de los monumentos y, por otro, la parte de la legislación aduanera.

 

Á.B.: También se apunta desde varios frentes a cierta opacidad en todo lo relacionado con su traslado.

 

D.V.: Desde el minuto uno hemos compartido con claridad qué veníamos a hacer, cuál es nuestro propósito y el interés que tenemos en gestionar, exhibir, conservar e investigar esta colección. Hay muchísimo por hacer. Creo que se ha generado una confusión, interesada o no, entre el sentimiento de que se trata de una colección de tan altísima calidad que se percibe como si fuera patrimonio nacional y el hecho de que es una propiedad privada, no una propiedad pública. Ahí hay un grandísimo malentendido. Es propiedad privada, de una relevancia increíble, hasta el punto de que se percibe como patrimonio de todos los mexicanos, que lo es en términos de patrimonio cultural, y algunas obras tienen un grado de protección especial. Pero es una propiedad privada y se trata, desde nuestra perspectiva, de que esté conservada, investigada y presentada con la mayor calidad posible. Sobre todo, queremos evitar que pueda fragmentarse, como todos sabemos que ha estado en riesgo de hacerlo, o permanecer oculta al público durante años.

 

Á.B.: Sin embargo, los permisos de exportación temporal y el horizonte de permanencia de 2028 revelados por algunas partes plantean interrogantes sobre los plazos disponibles. ¿Qué margen real existe para desarrollar una investigación rigurosa, antes de que concluya el periodo de gestión previsto?

 

D.V.: No sé por qué no habría de ser posible. La legislación lo que dice no es que tenga que volver en 2028, sino que el periodo máximo de exportación temporal que se puede solicitar es de un año. Esto es lo que dice la ley. Ese periodo máximo de exportación temporal se puede ampliar, y el periodo máximo de exportación temporal adicional es de otro año. Excepcionalmente, se puede pedir un permiso adicional. Esto es lo que dice la ley. La ley no dice que la obra tenga que volver en 2028. Eso lo hemos dicho nosotros, pero está sujeto, obviamente, a los permisos y a las autorizaciones pertinentes de INBAL. Consideramos que hay tiempo para investigar y publicar sobre la colección. Ya hemos presentado nuestra primera publicación y organizado varias conversaciones públicas dentro de nuestros programas, y habrá más iniciativas. Durante el periodo de gestión acordado con los propietarios, siempre respetando la normativa vigente, tendremos muchas oportunidades de desarrollar un trabajo relevante para la colección.

Á.B.: Hay una cuestión alrededor de la denominación «Colección Gelman Santander» y es que evoca actividades comerciales y de patrocinio en su nomenclatura y esto puede dar muchos más argumentos a quienes lo ven como una maniobra exclusivamente mercantil y financiera.

 

D.V.: El motivo es que la Colección Gelman es una colección de 92 obras reunidas por Jacques y Natasha Gelman. La colección que se sigue llamando Gelman, hasta hace unos pocos años, tenía casi 400 obras. Son las obras que Robert Littman, albacea durante más de veinte años, fue incorporando con mucho criterio. Todos los dibujos que están ahora mismo en la Colección Gelman Santander no son dibujos de la Colección Gelman original, sino dibujos adquiridos posteriormente por Robert Littman. Por poner un ejemplo, todos los dibujos de Frida Kahlo. De toda esa colección que crea Littman, los actuales propietarios venden una parte y nosotros hemos incorporado a nuestra gestión solamente una parte determinada. Esa parte, que son 161 obras, es lo que llamamos Colección Gelman Santander. Es una cuestión de precisión, de claridad, de evitar la confusión.

 

Á.B.: Pero se abre la puerta a esa interpretación, la de una estrategia de marca vinculada al Banco Santander...

 

D.V.: Para que te hagas una idea, en las 161 obras que tenemos bajo nuestra gestión hay una mayoría de obras que no estaban en la Colección Gelman original. No es una minoría, sino una mayoría de las obras. Eso les quita o les da valor. Nosotros hemos seleccionado las obras que están bajo nuestra gestión por criterios puramente artísticos. Nos han parecido las mejores obras posibles. ¿Por qué no están algunas de la Colección Semilla, por ejemplo? Porque algunas obras de la colección Semilla siguen siendo propiedad de Robert Littman, por poner un ejemplo, mientras que otras se vendieron.

Á.B.: Al final, creo que hay una mediatización, justificada o no, del punto de vista de cuándo una institución bancaria está en la ecuación. Ahí entran unas dinámicas sobre las que uno se puede preguntar qué va a pasar en el futuro, porque puede considerarse la colección como un activo financiero.

 

D.V.: Perono hace falta que lo diga, porque ya está publicado, pero esa colección está funcionando como garantía de un préstamo. Pero esto no nos lo hemos inventado nosotros. Es el mercado del arte, que funciona así. De hecho, lo que ha hecho el banco ha sido garantizar una operación que estaba dando problemas. Detrás de esto estaba Sotheby's, y lo que está haciendo posible el banco es que, gracias al acuerdo de gestión al que se ha llegado y a la financiación por parte del banco, la colección se mantenga unida.

 

Á.B.: Aquí entonces lo que entra en liza es entonces dos visiones contrapuestas. ¿Hasta qué punto ha dejado el arte contemporáneo de ser una expresión cultural y personal para convertirse en una herramienta de poder económico y geopolítico?

 

D.V.: Bueno, yo lo que te puedo decir es que creo que lo que no estoy de acuerdo es en que esto sea un signo del arte contemporáneo. Creo que el arte siempre ha sido de las élites, el arte siempre ha sido una herramienta de poder y los artistas importantes siempre han estado cerca del dinero. Lo tuvieron los reyes, lo tuvieron los papas... Esto no es novedad del arte contemporáneo: el arte siempre ha sido así.

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