AMANDA DE LA GARZA: «LOS MUSEOS YA NO SON VISTOS COMO QUIENES TIENEN LA ÚNICA VERDAD»
La gestora mexicana, presidenta de CIMAM, dialoga sobre los principales retos de los museos, de la diversidad y la financiación a la ética y la independencia, ante la próxima Conferencia Anual de una organización que busca ampliar las voces que participan en ella.
Amanda de la Garza (Monclova, México, 1981), está cumpliendo su primer año como presidenta de CIMAM – Comité Internacional para Museos y Colecciones de Arte Moderno, en un momento crítico en el que los museos y las instituciones culturales afrontan profundas transformaciones. En ese sentido, la diversidad, la independencia y la ética parecen erguirse como valores esenciales para articular unas políticas comunes o, cuanto menos, unas líneas de actuación que velen por su cumplimiento. En esta conversación, aborda los retos de una organización que busca ampliar su mirada y recorre las tensiones que el ecosistema institucional sufre y genera. Hegemonía, financiación, ética e independencia, así como los desafíos de trabajar desde contextos culturales y políticos muy distintos, serán objetos de debate urgente este mes en Harare, en la Conferencia Anual de CIMAM.
Álvaro de Benito [Á.B.]: Me gustaría comenzar por la parte más institucional, porque hay un gran esfuerzo en las políticas de CIMAM que refuerzan cuestiones que giran en torno a la diversidad, la representación o la representatividad. En esa discrepancia entre lo global y lo globalizado, ¿cómo se condensa toda esa diversidad en políticas o directrices específicas sin que algunas perspectivas se queden fuera?
Amanda de la Garza [A.G.]: Es importante resaltar que CIMAM aúna a los museos de arte moderno y contemporáneo, que es algo que nos diferencia de ICOM, que es una organización general sobre los museos. Y después, que nuestra institución también ha cambiado a lo largo del tiempo. Surgió por iniciativa de directores europeos y norteamericanos y, en los últimos diez años, hemos ampliado su espectro geográfico. Aunque la membresía sigue siendo mayoritariamente de esos ámbitos, se han hecho muchos esfuerzos por incluir a entidades y profesionales de Latinoamérica, Asia y África. Piensa que la realidad institucional del arte contemporáneo también se ha expandido, y hay contextos, como América Latina, con una cultura museística muy fuerte, mientras que en África empiezan ahora procesos de institucionalización. Todo ello hace que sea necesario ampliar las voces que participan en la organización.
Á.B.: Podría plantearse hasta qué punto esa diversidad debe entenderse como una necesidad real para la organización y para sus espacios de decisión, y no simplemente como una cuestión cosmética o de representación.
A.G.: Los miembros de la Junta de dirección tenemos un papel importante en reflejar esa voluntad de diversidad en los órganos de decisión de CIMAM. La composición actual de la directiva es un buen ejemplo de ello, ya que contamos con profesionales de África, Asia y América Latina, además de europeos y norteamericanos. Pero, sobre todo, lo que hay que resaltar no es tanto que inicialmente fuese uno de los objetivos centrales de la organización como tal, sino que el crecimiento del circuito internacional del arte contemporáneo ha llevado a CIMAM a apostar, de forma orgánica, por esa mayor diversidad.
Á.B.: También creo que es relevante pensar en las desigualdades que existen entre regiones con diferentes niveles de infraestructura y recursos, y en cómo se puede facilitar una participación más equilibrada dentro de la propia asociación, casi como una extensión del circuito internacional del arte contemporáneo.
A.G.: Una de las acciones más importantes es nuestra Conferencia Anual. Es un espacio en el que los miembros se reúnen para discutir cuestiones que afectan directamente a los museos: sostenibilidad, colecciones, el papel social de las instituciones, etcétera. Por ello existe un programa de becas dirigido especialmente a profesionales de regiones con menos infraestructura o recursos. Se financia su participación en el encuentro para que puedan establecer redes e intercambiar experiencias con profesionales de otras partes del mundo. Esto es especialmente importante para profesionales jóvenes, que muchas veces trabajan de forma independiente o en instituciones pequeñas que no pueden financiar su participación en encuentros internacionales.
Á.B.: En unos días se celebrará, precisamente, el encuentro anual de CIMAM, y lo hace en Harare, un movimiento que parece ir acorde a lo que has expuesto sobre esa idea de cómo hacer de esa inclusión y diversidad algo real, por lo menos en cuanto a oportunidades.
A.G.: Sí. La propia contribuye a garantizar la diversidad geográfica. Además, desplazar la conferencia a diferentes contextos permite incorporar nuevas voces. Ahora va a celebrarse en Zimbabue, por primera vez en el continente africano, en un momento especialmente importante por el surgimiento de nuevas iniciativas institucionales en África.
Á.B.: En ese intento de incorporar perspectivas tan diferentes entiendo que aparece la dificultad de llegar a acuerdos cuando existen visiones culturales e institucionales muy distintas, máxime en un momento en el que parece haber una disputa cada vez mayor por la hegemonía de las políticas culturales y por los discursos que optan por imponerse.
A.G.: Hay una gran diversidad de opiniones. Los museos de arte moderno y contemporáneo han sido espacios en los que se han producido o se están produciendo discusiones críticas muy importantes: los discursos decoloniales, la revisión historiográfica o las discusiones sobre el arte indígena han estado muy presentes internacionalmente. Eso genera un campo propicio para que estos debates sociales permeen el mundo del arte. Sin embargo, también hay museos con perspectivas mucho más tradicionales de la historia del arte. También, las relaciones con los gobiernos son diferentes entre instituciones, al igual que el equilibrio entre lo público y lo privado, y por eso es imposible tener una visión homogénea de lo que representan hoy los museos de arte moderno y contemporáneo.
Á.B.: Sin embargo, ciertas prácticas alrededor de la revisión crítica pretenden crear una nueva historiografía y, en cierto modo, una nueva hegemonía relacionada siempre con los poderes fácticos y las políticas culturales. Ahí es donde veo un problema de los límites que se están tratando como absolutos.
A.G.: Lo fundamental es que exista la idea de un estándar profesional, de que el trabajo de los museos se base en criterios profesionales e independientes. Por eso existe un proceso de selección para formar parte de CIMAM. No se trata simplemente de pagar una cuota, porque, al final, es el board quien decide qué personas e instituciones se afilian basándose en determinados criterios. Uno de los más importantes es que los profesionales no tengan actividades de carácter comercial. Quienes hacen curaduría y participan, además, en actividades comerciales no pueden formar parte de la organización. Tampoco pueden ser miembros institucionales las organizaciones dedicadas a la compraventa de obras de arte. Los profesionales vinculados a fundaciones privadas pueden formar parte individualmente, pero no a nivel institucional. Son controles que están destinados a mantener un criterio profesional que no esté condicionado por intereses comerciales.
Á.B.: Pero cada vez existe más financiación privada en instituciones públicas, tanto por el propio modelo o necesidad de una mayor financiación que mitigue la menor inversión pública, por un lado, pero también por las actividades de maquillaje corporativo. Ahí es donde veo un más que posible conflicto, porque es real, y porque si es preferible dejar de exponer antes que caer en una incongruencia ética.
A.G.: Es un campo de debate muy fuerte en los museos. Ha habido protestas públicas respecto a las fuentes de financiación, por ejemplo, en relación con empresas farmacéuticas o con el comercio de armas. Existe una discusión abierta sobre cuáles son los límites, pero estos límites los establece una comunidad que no es homogénea. Están, por un lado, los museos y sus estándares profesionales, pero también hay una comunidad cultural más amplia que demanda que las instituciones también se rijan por estándares éticos.
Á.B.: Luego nos acercamos también peligrosamente a unas narrativas y unos relatos que son los que controlan los aspectos de la sociedad, y que se refuerzan a costa de minimizar la importancia del hecho. Es ahí donde surge la cuestión de hasta qué punto las recomendaciones de CIMAM pueden llegar a convertirse en una obligación ética, llegado el caso.
A.G.: Uno de los programas más importantes que tenemos en CIMAM es Museum Watch, que revisa casos de conflicto o malas prácticas. Los casos pueden llegar por iniciativa de la propia asociación o a petición de miembros individuales. Se realiza una investigación, se entrevista a las partes y se revisa la información disponible antes de que el comité emita un comunicado. Es una especie de observatorio de buenas prácticas con las que afrontar, en cierto punto, situaciones que ponen en riesgo la libertad de los museos, la libertad de expresión o la independencia frente a la injerencia política.
Á.B.: A la hora de entender esa ética profesional, volvemos de nuevo a las visiones que tienen los agentes involucrados y a cierto halo de relativismo que puede incidir en esa interpretación. ¿De qué manera puede traducirse esa percepción o preocupación en el trabajo con y de las instituciones?
A.G.: CIMAM entiende que la ética forma parte de la actuación de las instituciones y defiende valores como la independencia artística, la libertad de expresión y la diversidad. Hemos trabajado sobre diferentes casos de injerencia política y conflictos institucionales, intentando hacerlo desde un lugar de equilibrio, pero posicionándonos desde esos valores. Creo que hoy queda más claro que la ética está asociada a lo profesional y que ser profesional no significa únicamente tener experiencia y conocimiento, sino también actuar dentro de lo deontológico. Por eso estamos trabajando en un proyecto a largo plazo relacionado con un código de buenas prácticas para el trabajo con artistas vivos.
Á.B.: Me resulta especialmente interesante ese punto, porque, en el fondo, el artista como sujeto de la práctica y de la relación con su ecosistema, parece haber perdido una libertad creativa que, consciente o inconscientemente, queda vinculada en muchos casos a lo que el mercado o la sociedad demanda. Y eso también cuestiona si el artista tiene que estar sujeto a una ética, porque si no lo está, se puede propiciar que la institución actúe con autocensura en su faceta de legitimador.
A.G.: Creo que depende del caso. Todos los que hemos trabajado en instituciones nos hemos enfrentado a situaciones así y el contexto es fundamental para poder entenderlo. A veces la problemática no aparece antes, en forma de autocensura, sino después de una exposición, cuando se produce una crítica o una demanda por parte de una comunidad. Es evidente que eso ha cobrado importancia en la manera en que las instituciones programan. Los museos ya no son vistos como quienes tienen la única verdad sobre la historia del arte y hay otros agentes que cuestionan a las instituciones, y creo que lo hacen de manera legítima. Por eso existe un espacio político de negociación sobre lo que debería o no debería estar en un museo.
Á.B. Lo único es que ese aspecto puede eternizarse. Al final, observo que debe ser enormemente complicado que las recomendaciones o los valores que defiende CIMAM puedan aplicarse de la misma manera en contextos culturales y políticos tan diferentes.
A.G.: Claro, ahí el contexto lo es todo. El entorno norteamericano, por ejemplo, está viviendo situaciones muy complejas, con políticas que afectan incluso a programas de inclusión en las universidades y a su financiación, u Oriente Medio, que funciona de una manera muy diferente a lo que vemos desde Occidente. Las nociones de lo público y de la libertad varían mucho de un contexto a otro. Solo cuando conoces diferentes realidades entiendes que no existe una única forma de gestionar estas cuestiones. Sin embargo, creemos que sí hay una serie de valores que podemos plantear como comunes.
Á.B.: Con un panorama tan amplio y tan enormemente polarizado y retador, debe ser enormemente complicado priorizar, pero estoy convencido de que hay urgencias del presente y del futuro más próximo que deben abordarse inmediatamente.
A.G.: Hay muchas conversaciones importantes, pero una de las principales tiene que ver con la sostenibilidad de las colecciones. Estamos trabajando precisamente en una encuesta sobre cómo pueden los museos desarrollar políticas de coleccionismo adecuadas y sostenibles a largo plazo, también desde el punto de vista medioambiental. Otro eje fundamental es todo lo que venimos hablando de la ética, que es un campo muy amplio: la representación, la relación con las comunidades y las nuevas exigencias sociales. Y, finalmente, la injerencia política. Creo que será uno de los grandes temas, porque probablemente veremos más casos de autocensura. En la medida en que avancen determinadas políticas de ultraderecha en términos culturales, los museos pueden convertirse cada vez más en un campo de batalla cultural e ideológico. La defensa de la independencia de las instituciones será, por tanto, uno de los grandes desafíos.
La 58ª Conferencia Anual de CIMAM – Comité Internacional para Museos y Colecciones de Arte Moderno se celebrará en Harare (Zimbabue) del 20 al 22 de noviembre de 2026.
